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Hace pocos días, en esta misma iglesia del Gesù, donde reposan los restos de San Ignacio y de Pedro Arrupe, el P. Bruno Cadorè nos invitó a tener la audacia de lo improbable como actitud propia de las personas que buscan testimoniar su fe en la compleja actualidad de la humanidad. Nos instaba a dejar atrás el miedo y a remar mar dentro como actitud necesaria para ser al mismo tiempo creativos y fieles durante la Congregación General.

Ciertamente, la audacia que necesitamos para ser servidores de la misión de Cristo Jesús sólo puede brotar de la fe. Por eso nuestra mirada se dirige en primer lugar a Dios, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo, como nos recuerda el texto del Evangelio que acabamos de escuchar. Y como nos recuerda la Formula Instituti en el n.1: “Procure (el jesuita), mientras viviere, tener ante los ojos siempre primero a Dios, y luego el modo de ser de su Instituto”. Más aún, queremos poner todo nuestro corazón en sintonía con el Padre Misericordioso, con el Dios que es solo Amor, el Principio y Fundamento nuestro. El corazón de cada uno de nosotros y también el corazón del cuerpo de la Compañía.

Texto íntegro de la homilía – primera-homilia-p-arturo-sosa-sj

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