Paso de cebra

Paso de cebra

Una señora pisa el paso de cebra. Los coches paran en seco. Sus motores rugen por verse frenados. La anciana hace caso omiso y avanza a la otra acera. Disfruta pensando qué maravillosos son los pasos de cebra. Sirven para recordar que el ser humano es la medida de todas las cosas. Al terminar de cruzar, la mujer ya había dibujado pasos de cebra imaginarios sobre el planeta: uno por persona. Sería el modo de evitar que muchos caigan en la tentación de olvidar la única regla de tráfico en la vida: la precedencia de la humanidad.

Francisco José Ruiz Pérez, sj

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