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“Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar…”

Como bien dice el poeta, “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar…”. Hace cuatro años aterrizaba en estas “islas afortunadas” proveniente de Pamplona con un equipaje lleno de ilusiones, sueños y desafíos. La presencia de la Compañía de Jesús en esta región ultra periférica de Europa suscitaba en mí un caudal de mociones y una fuerte llamada a servir aportando un granito de arena en la construcción de un mundo mejor, un mundo que se parezca más al de la primera hora de la creación.

Han pasado cuatro años y es la hora de volver a levantar el vuelo, esta vez con rumbo a Almería, donde me piden colaborar en los procesos que la Compañía acompaña en esa región. En mi mochila me llevó grabados cientos de nombres, de historias y de buenos momentos vividos con quienes tercamente se empeñan en tender puentes de vida, justicia, paz, amor y reconciliación en este hermoso trozo de la geografía española. ¡A ellos y ellas, gracias, sobre todo gracias!

  • Gracias a mi comunidad de compañeros y “amigos en el Señor” y con ellos a Carmen y Loli por todos sus cuidados en casa.
  • Gracias a las personas que respondieron generosamente a la invitación de participar en los programas del Centro Loyola, la Casa de Espiritualidad de Los Lagares y la Iglesia de San Francisco de Borja.
  • Gracias a Carmen Rosa, Pino y Jesús… vuestra entrega ha sido grande y generosa.
  • Gracias a todas y todos los que habéis acogido mi invitación a colaborar en las diferentes actividades del Centro. Sois muchos y sabéis que vuestros nombres están tatuados en mi corazón.
  • Gracias al Colegio San Ignacio y a Radio ECCA por contar conmigo e invitarme a participar de sus proyectos.
  • Gracias a los Antiguos Alumnos del Colegio por su complicidad y por hacerme parte de sus sueños solidarios, sus búsquedas de las fuentes ignacianas y su camaradería alrededor de una mesa compartida.
  • Gracias a la CVX de Gran Canaria por ser amigos y compañeros.
  • Gracias a la CVX de Tenerife por abrirme el corazón de sus hogares y por invitarme a ser testigo del paso de Dios en sus vidas durante estos cuatro años.
  • Gracias a la Vida Religiosa presente en estas islas por contar con mi pequeña aportación en sus actividades de formación y crecimiento interior.
  • Gracias a los compañeros del Clero Diocesano y a las instituciones de la Diócesis por permitirme colaborar desde la orilla del carisma ignaciano.
  • Gracias a Dios por estos cuatro años de experiencias que, sin duda, ya son parte de mi memoria agradecida.

Ha llegado la hora de pasarle el testigo a un nuevo director, mi compañero Lucas López, sj., quien, sin lugar a dudas, lo hará infinitamente mejor que yo.

Hasta pronto y ¡Gracias, sobre todo gracias!

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