La paz os doy

16 mayo, 2022

Online

Jn 14, 23-29

Imagen de Pixel2013 (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Jesús respondió: 

– “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que vosotros escuchasteis no es mía, sino del Padre que me envió. Yo os digo estas cosas mientras permanezco con vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, os enseñará todo y os recordará lo que os he dicho. Os dejo la paz, os doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No os inquietéis ni temáis! Me habéis oído decir: “Me voy y volveré a vosotros”. Si me amaseis, os alegraríais de que vuelva porque el Padre es más grande que yo. Os he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, creáis.”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

En este discurso de la última cena cabe destacar varios aspectos. El primero de ellos es que vivamos conectados a nuestra Fuente. Dios siempre nos habita, el asunto es que el otro polo de la relación, cada uno de nosotrxs, esté abierto a la conexión para que la luz se encienda en nuestra vida. En ese sentido, “vendremos a él y haremos morada en él”, ya Dios está presente. Como diría San Agustín: “Interior intimo meo” o como dice San Pablo: “En Dios vivimos, nos movemos y habitamos” y “Somos Templos del Espíritu Santo.”

En segundo lugar, el Espíritu, el defensor, el que nos habita “os enseñará todo y os recordará lo que os he dicho”. Su Espíritu habita toda la realidad, como nos recuerda el Génesis: “La tierra era un caos y el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas”. Dios lo habita todo. Por eso Dios, el ser humano y el cosmos, diría Panikkar, quedan abrazados. La realidad es relación. Ese Espíritu de Dios habita todo pero no se agota en esa relación.

Y por último: “Mi paz os dejo, pero no como la da el mundo” (que la vivimos como ausencia de guerra, como ausencia de enfermedad, como ausencia de dolor, como ausencia de oscuridad, etc.) sino la que da Jesús que no depende de que todo vaya bien. Es la paz que se puede vivir en el conflicto, en la enfermedad, en la inseguridad, en la guerra. Es SU paz, que nadie ni nada nos la puede quitar cuando habitamos en Él.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Entro en el texto, en el mismo escenario de la Cena, en ese espacio de intimidad, a la luz del candil de aceite, en ese ambiente de emoción contenida, reunido con Jesús, los Doce y muy posiblemente con las mujeres que lo seguían… Me uno al silencio de la noche y la emoción del presente… Me tomo mi tiempo… Descubrimos que es el tiempo en que Jesús abre su corazón a los suyos… entre los que me encuentro… Saboreo el momento.

Recuerdo que Jesús nos ha hablado del mandamiento nuevo… Miro la atención que prestan  los suyos… porque tienen la experiencia de haberse sentido amados hasta el extremo… Y ahora Jesús les dice “si estáis llenos del amor, también me amaréis y seréis fieles a mi palabra”… Hay un asentimiento expreso, así percibo que lo viven los apóstoles y así deseo vivirlo también yo… Agradezco la oportunidad de estar presente… Deseo de corazón vivir así mi unión con Él…

Sigue Jesús: “Al que me ama iremos a Él el Padre y Yo y haremos morada en él”… Miro como los suyos le han ido haciendo sitio en sus vidas, con buena voluntad y con corazón y en la medida de sus posibilidades… Veo cómo conectan, como se sienten unidos a Él… Les miro y deseo también poderlo vivir desde mis mejores deseos y mis limitaciones… ¿Cómo me siento?… Me tomo mi tiempo.

4. JESÚS Y YO.

Le sigo escuchando a Jesús con toda atención. “Ya no seguiré con vosotros… pero os enviaré el Espíritu Santo… la Fuerza del Padre a vuestras vidas… así lo experimentaréis y aprenderéis a hacer frente a las nuevas situaciones con las que la vida os sorprenda”… Comprendo que será mi brújula, mi intuición profunda, mi corazonada para situarme conectado con la realidad… Le doy gracias de corazón… Repito sus palabras para que se graben en el corazón…

En esa escucha sigo haciendo mías sus palabras: “La paz os dejo, os doy mi paz pero no como la da el mundo”… Voy intuyendo qué clase de paz es. Le pregunto a Jesús si su paz es aquella que nos habita y que me habita, que nadie me la puede quitar pese a los vaivenes de la vida, pese a los miedos que me atenazan, pese a situaciones duras que me desbordan… Me mira con aprecio y me responde que sí… Me tomo mi tiempo para disfrutar de esa paz…

En esa situación de intimidad con Jesús y los suyos, me mira con especial atención y me desea: “Que vayas acertando a vivir en esa paz que proviene de nuestra relación de confianza”… Le cuento alguna vez que la he vivido así, cuando he tomado una decisión que he sentido era la verdadera pero que me iba a traer dificultades, o soledad, pero he vivido con paz sus consecuencias… Le doy gracias por su presencia permanente en mi vida sobre todo en esas situaciones… ¿Cómo me siento?…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Amaos los unos a los otros como yo os he amado

9 mayo, 2022

Online

Jn 13, 31-35

Imagen de Coombesy (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Después que Judas salió, Jesús dijo: 

– “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Otros me buscarán, pero yo os digo ahora lo mismo que dije a los judíos: A donde yo voy, vosotros no podéis venir. Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros. En esto todos reconocerán que vosotros sois mis discípulos: En el amor que os tenéis los unos a los otros”.

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Estos capítulos del discurso de la cena son una catequesis donde Jesús expresa lo que vive, siente y desea. Juan los coloca en el lugar de las despedidas, tras la cena, por tanto es un texto eclesial: Jesús se dirige a la que va a ser la Iglesia. Y comienza con la gloria. La gloria de Jesús sería la resurrección, el Padre le glorifica al resucitarle. Pero en Juan su glorificación es en la cruz, ahí muestra verdaderamente quién es: La persona fiel  hasta el extremo, fiel al Padre y a su causa: la fraternidad

Por eso no es raro que coloque el mandamiento del amor (hasta el extremo) en relación con el tema de la gloria. “Os doy un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán que sois mis discípulos”. Este es el marketing primordial del cristiano: “Mirad cómo se aman”. La Iglesia no está primeramente llamada a ser ni una organización poderosa, ni un grupo influyente, ni un grupo con una sólida doctrina… sino el espacio donde hay amor fraterno. Donde hay amor fraterno, allí hay Iglesia.

Les sitúa también: “A donde yo voy, vosotros no podéis venir”. No es en un primer momento cuando los apóstoles le siguen a Jesús, sino a la segunda, a la tercera, etc. Después de fallarle y recibir otra oportunidad. Sólo así, siendo perdonados, recibiendo otra oportunidad, es como van a seguirle hasta el final. Si no les hubiera dado otra oportunidad, sin perdón, no habría habido Iglesia.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Entro en el texto, de modo que lo viva y lo experimente yo hoy… Lo hago uniéndome respetuosamente a la situación que están viviendo Jesús y su grupo. Me hago presente en ese espacio llamado cenáculo, con Jesús, los Doce y, es posible que, con las mujeres que lo seguían; en torno a una mesa baja, recostados de lado para cenar y ahora atentos a las palabras, las últimas, de su maestro… Pongo toda mi atención en este momento que vivo, lo hago mío… Cómo me siento…

En ese espacio, a la luz del candil de aceite, huelo el aroma de la cena… pero sobre todo huelo el ambiente de emoción contenida creado por Jesús… Escucho atento a las palabras que salen de su boca: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado”… Escucho a los apóstoles decir: “Este es el momento de la victoria”… pero Jesús les está comentando: “Esta es la Hora de amar hasta el extremo, de entregar la vida… de la cruz… Esta es la gloria: Dar la vida sin odio, con perdón”… Cómo me quedo al constatar esa diferencia de comprensión del momento… Pido vivir al estilo de Jesús…

Jesús sigue “Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Vosotros me buscaréis, pero yo os digo ahora lo mismo que dije a los judíos: A donde yo voy, vosotros no podéis venir”… Estoy con los Doce que no comprenden sus palabras, tampoco yo… porque desde las expectativas del triunfo es muy difícil comprender las expectativas del amor… Miro mis expectativas que muchas veces van más en línea de conseguir prestigio, poder, estatus… Cómo me siento… Pido vivir en la onda de Jesús… Me tomo mi tiempo.

4. JESÚS Y YO.

Sigo escuchando… Descubro que la cosa va sólo por amar, sin otra expectativa… “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros”. Jesús se topa en ese grupo con mi mirada y es a mí a quien se dirige: “Ama a los otros como yo te he amado”… Comienzo a hacer memoria de tantas situaciones donde me he sentido amado por Dios… Voy recordando algunas… Aprovecho para darle gracias…

Escucho a Jesús: “En esto todos reconocerán que vosotros sois mis discípulos: En el amor que os tenéis los unos a los otros”. Aprovecho la confianza para contarle a Jesús que más de una vez, cuando pienso en la Iglesia, me sale pensar  que somos una gran organización, con medios de propagación, colegios, centros sociales, universidades… Que estamos esparcidos por todo el mundo, con una historia, con un corpus de doctrina fenomenal… Jesús me recuerda: “Lo que importa de verdad es si sois capaces de amar”… Me tomo mi tiempo… Cómo me quedo… Qué pido…

Me dirijo a Él y le pido descubrir ese amor con que he sido amado para poder hacer frente a las situaciones que me llegan y estar a la altura, de modo que Jesús me pueda decir: “Ahora donde yo voy sí puedes venir… Bienvenido a amar hasta el extremo, a dar la vida como te la han dado, a perdonar lo imperdonable, a confiar exclusivamente en Dios Abbá”… Se lo pido de corazón… Recuerdo la oración de San Ignacio: “Tomad Señor y recibid toda mi libertad… Dadme vuestro amor y gracia que esta me basta…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Nadie podrá arrebatarnos de su mano

2 mayo, 2022

Online

Jn 10, 27-30

Imagen de Dassel (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás perecerán. Nadie las arrancará de mi mano. El que me las ha dado es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos uno.

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Como tantos textos del evangelio de Juan, este es una catequesis en la cual la comunidad de Juan plasma por escrito lo que descubrió que era Jesús para ellos: El pastor que da su Vida, la referencia clave que les da Vida, la referencia personal y de la comunidad para que tengan Vida y Vida abundante, el que les cuida, el que les saca cada mañana por lugares donde se nutren de verdadera Vida, el que va delante de ellos. La comunidad vive en medio de una cultura poderosa, extraña para ellos, y se siente conducida por el Pastor.

Camina esa comunidad entre los dioses del panteón griego y las formas de comprender los absolutos de su tiempo y la fidelidad a sus raíces judías. La comunidad de Juan se queda con Jesús, elige a Jesús: “El Padre y yo somos uno”. En Jesús está Dios, Abbá. En Él han descubierto la vida verdadera y pese a ser un grupito insignificante en la cultura de su tiempo tienen la experiencia de que Jesús les conoce como el pastor a sus ovejas, y escuchan “la voz de Jesús” en esa situación convulsa que les toca vivir.

En este contexto de ser perseguidos por los griegos (de hecho Juan es desterrado a la isla de Patmos) y ser expulsados de la sinagoga judía, con riesgo de desaparecer, viven sabiéndose en buenas manos: “Nadie las arrebatará de mi mano”. Así viven de un modo contracultural, a contrapelo de lo que se lleva. Al estilo de que no tanto el PIB sino los objetivos del desarrollo del Milenio van más en línea de humanidad… Y sobre todo al estilo de todos los que entregan su vida por hacer Vida lo de Jesús, la fraternidad.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en aquella comunidad de Juan. Éste les recuerda la vida de Jesús… Escuchan… “Mirad, cuando Jesús nos hablaba del descubrimiento de Dios como Abbá se encontró también con muchas dificultades en la cultura judía de ese tiempo; a menudo discutía con las autoridades y con quienes estaban cerrados en lo suyo… e incluso una vez tuvo que alejarse para no ser apedreado”… Escucho… ¿Cómo me siento?… Me tomo mi tiempo…

Seguimos oyendo a Juan: “Nosotros, los Doce, nos sentíamos como un pequeño rebaño conducido por el pastor, porque éramos de pueblo… Estábamos en la capital, Jerusalén, donde no pintábamos casi nada y donde mandaban los sumos sacerdotes, el sanedrín y los grupos de escribas, maestros de la ley y grupos de fariseos… gente estudiada. Y aun así, Jesús les proponía algo nuevo que a veces les dejaba callados… Por eso, tranquilos: hoy como entonces, Jesús nos conduce, nos cuida… nos inspira”… ¿Cómo me siento? Pido saber llevar esas situaciones de inferioridad…

Juan sigue la narración y yo no me pierdo sus palabras: “Nos sentíamos cuidados… le escuchábamos… nos sorprendía… nos defendía… a veces le fallábamos… pero en Él encontrábamos palabras de Vida… a pesar de que nos decían: ¿A dónde vais con ese soñador, con ese trasgresor, con ese que trae enseñanzas falsas?… Además, podemos decir que “nadie pudo arrebatarnos de sus manos”… estábamos en buenas manos”… Escucho con atención y saboreo sus palabras… ¿Nosotros también hoy vamos discerniendo los proyectos e ideologías que dan vida o la quitan?… Me tomo mi tiempo… ¿Cómo me quedo?…

4. JESÚS Y YO.

En esa comunidad de Juan, donde yo me siento presente, comento con ellos mi hoy, “las veces en que nuestra cultura occidental aparta lo religioso de la sociedad, de la escuela, relegándolo al ámbito privado… haciendo creer a todos que estamos anclados en el pasado sin posibilidad de decir una palabra en este tiempo”… Me desahogo… sabiendo que lo pinto negro porque tenemos complejo de inferioridad y no nos atrevemos a dar nuestro mensaje… ¿Cómo me siento?… Me tomo mi tiempo…

Juan me pregunta: “¿Hasta qué punto Jesús es Alguien vivo en vuestras vidas?… ¿Qué lugar ocupa en ellas?… No sé si además de Jesús hay otras cosas importantes que rivalizan en vuestro corazón con Él”… Se hace un silencio largo… Juan continúa: “Para nosotros Jesús era lo más importante: sus palabras… sus hechos… sus motivaciones… Vivíamos desde esa Vida que nos daba Vida”… Me doy cuenta de que Jesús era todo para ellos… Me siento impresionado… Señor, te pido que así sea en nosotros…

Con un poco de vergüenza le digo que “no nos han perseguido como a ellos, sí insultado o ridiculizado… pero no perseguido… Sí que hemos tenido algún conflicto que otro por defender a los débiles o hacer un sitio para todos sin excluir a nadie”…  Me contesta Juan: “La fe se fortalece en la lucha… Tened confianza, que nosotros podremos salir de las manos de Jesús… pero por su parte, si así lo deseamos, nadie nos arrebatará de sus Manos”… Pido esa confianza…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Jesús sigue haciéndose presente en la vida ordinaria

25 abril, 2022

Online

Jn 21, 1-19

Imagen de Sasint (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Simón Pedro les dijo:

– “Me voy a pescar”.

Ellos contestaron: 

– “Nosotros también vamos contigo”.

Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada (…) Jesús les dijo: 

– “Echad la red a la derecha de la barca y pescaréis”.

 Entonces aquel discípulo a quien Jesús quería mucho le dijo a Pedro:

– ¡Es el Señor!

(…) Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, la red no se rompió. 

Jesús les dijo:

– “Venid a comer”.

Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio; y lo mismo hizo con el pescado.

Cuando ya habían comido, Jesús preguntó a Simón Pedro:

– “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?” (…)

Por tercera vez le preguntó:

– “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”

– “Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero”.

Jesús le dijo:

– “Apacienta mis ovejas. ¡Sígueme!”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Aquí nos encontramos con una catequesis repleta de simbolismo. Comienza el texto diciendo “algún tiempo después”, lo que quiere decir que ha pasado el momento inicial de las experiencias del resucitado. Ahora los seguidores de Jesús ya están embarcados en la misión. Es cuando se  va pasando del anuncio primero a ir asentando las comunidades . Surgen preguntas del estilo de cómo situarse como cristianos en el mundo, ante el ambiente que les rodea: cuándo reunirse, qué hacer cuando se reúnen, cómo asumir a los nuevos que llegan, etc.

Si seguimos analizando los símbolos, el texto nos dice que es de noche, por tanto viven en oscuridad interior no sólo exterior. Están pescando (recordemos lo de pescadores de hombres), en plena misión, una misión universal. Habla del mar de Galilea, no del lago. Menciona el número exacto de peces: ciento cincuenta y tres, que, según San Jerónimo, es la totalidad de especies existentes para los sabios griegos.

En esta misión Pedro lleva la iniciativa. Recordemos que es el evangelio de Juan, y en las comunidades joánicas costó aceptar la autoridad de Pedro, pues Juan era el discípulo amado. Descubrimos el papel de Juan y de Pedro. El primero es el que percibe y reconoce: “Es el Señor”. Pedro es el que “se ciñe”, lo mismo que Jesús, para lavar los pies, para servir. Y así es como se mantiene la unidad de las comunidades, de la Iglesia: “la red no se rompió, a pesar de ser tantos”, con esas dos misiones de unir y de percibir, de reconocer, de intuir la presencia de Jesús.

En la labor en la que están enfrascados de noche Jesús se les adelanta, les precede, les espera con el alimento, el pez y el pescado. La letras griegas de pez, ictus, eran las iniciales Jesús Cristo Hijo de Dios Salvador. Con Jesús amanece el día y con Él comen el pan y el pescado, se reúnen a celebrar la eucaristía y a retomar fuerzas para la misión. Nadie pregunta quién es porque esta experiencia les pone en conexión con la experiencia que previamente vivieron del resucitado. En ese momento duro de la misión le sienten tan vivo y tan presente como en los momentos iniciales tras la experiencia del resucitado. Allí están, permaneciendo con Jesús, llenándose del alimento preparado pero sobre todo de su presencia.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo de noche acompañando a los apóstoles, que deciden salir a pescar, a misionar… Toma la iniciativa Simón Pedro y le acompañan otros seis, entre ellos Juan… A decir de los judíos el número perfecto… Les pido embarcarme con ellos y llegamos a los caladeros donde suponen que habrá pescado… Les veo cómo cada uno toma su puesto y realizan su trabajo en equipo… Comienzan a echar las redes… Me pongo también yo con ellos… Al cabo de un rato recogen las redes… Múltiples intentos… y nada… Me tomo mi tiempo para contemplar la escena… aprender a ser paciente… e intentarlo una y otra vez sin fruto… Cómo me siento…

Recuerdo también, hago memoria, las veces en que he pasado noches pensando los planes para plantear las clases del día siguiente con todo entusiasmo, la búsqueda de nuevos modos de participar en la parroquia, la preparación de una oración que ayude a la comunidad… y todo… para nada… porque tenía toda la técnica pero no tenía a Jesús. Me doy cuenta de la importancia de embarcarme con Jesús cuando vaya a comenzar la misión… y qué hacer para ello…

En la orilla percibo una voz que les tenía que sonar conocida… Les pregunta por el fruto de su trabajo: “¿Tenéis algo de comer?” Escucho un lacónico “No”… No está el ambiente para hablar de la noche sin pesca… Sin embargo les da una idea: “Echad la red a la derecha y encontraréis”… Entonces… la abundancia… Juan intuye que esto se parece al acontecimiento de los panes, cuando parecía que no había nada y de repente llega para todos y dice a Pedro: “es Jesús… es el Señor”… Aprendo a intuir la presencia del Señor en mi vida y la gozo…

4. JESÚS Y YO.

Me sitúo con Jesús en la orilla. Veo a los apóstoles llevar el pescado a donde Jesús, que les espera con las brasas encendidas… Nos espera para sentarnos a su mesa y comer juntos, tanto para recuperar fuerzas como para poder comentar las situaciones vividas en la pesca, en la misión… Le van contando a Jesús las circunstancias de la noche… el viento… las olas… echando el copo… los relevos para vigilar las redes… el frio… y… ¡todo para nada! Hasta que apareció Él…

Aprovecho un momento a solas con Jesús para contarle mi misión hoy: educativa, social, organizativa, pastoral directa, de estudiante, ama de casa, aita de casa… Le voy detallando la preparación de oraciones, las lecturas para conocer la realidad, las conversaciones para conocer los desafío, los tiempos de discernimiento para decidir entre varias posibilidades, los momentos de descansar en Dios nuestros cansancios tras jornadas agotadoras… Me desahogo… Le sigo contando y me escucha…

En la mesa estoy cerca de Jesús cuando saca el tema de los conflictos habidos en la misión, de las negaciones, de las historias personales de fallos a la misión… En concreto, el de afianzar la autoridad de Pedro… Escucho a Jesús dirigirse a él: “¿Me amas más que estos, me amas, me amas?…” Y las tres veces espera su respuesta. Veo que Jesús, delante de todos, acepta a Pedro como cuidador y “unidor” de la comunidad… Miro cómo le da una segunda oportunidad porque ha fallado la primera… “Apacienta mis ovejas” es la confianza en el amor… Tú sígueme… Disfruto del perdón…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Experiencias del resucitado

18 abril, 2022

Online

Jn 20, 19-29

Imagen de NICK-RITZ (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:

– “¡Paz a vosotros!”

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo: 

– “¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.”

Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: 

– “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.”

Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después le dijeron los otros discípulos: 

– “Hemos visto al Señor.”

Tomás les contestó: 

– “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.”

Ocho días después se hallaban los discípulos reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos los saludó diciendo: 

– “¡Paz a vosotros!” 

Luego dijo a Tomás: 

– “Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!” 

Tomás exclamó entonces: 

– “¡Mi Señor y mi Dios!”

 Jesús le dijo: 

– “¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

La situación no podía ser peor. Los Doce están muertos de miedo porque sus vidas están en peligro. Si les cogen les sucederá lo mismo que a Jesús, que era la persona que lideraba el grupo del que formaban parte y por la que apostaban de por vida. Y acaba de ser crucificada. Alguien que muere así queda claro a los ojos de todo el mundo que se ha equivocado. Sí, buena voluntad, pero “esto” no puede ser de Dios. “Maldito el que muere en un madero”.

Estaban pues en el cenáculo con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Cuando se te caen las certezas, cuando no tienes en qué apoyarte, cuando no encuentras explicación a lo sucedido, cuando la situación no podía ser peor… Sucede lo mejor. Experimentan en su interior la presencia del ejecutado. Vivo. A eso llamamos apariciones. Llega de improviso, sorprendentemente. Increíblemente real y totalmente inexplicable. En medio de ellos algo totalmente nuevo sucede. Lo que nunca había acontecido sucede. Una presencia que no lleva cuentas. Con un mensaje: “Paz a vosotros”. Y con una misión: “Recibid el Espíritu Santo, a los que perdonéis…”. Os doy todo el poder para perdonar. Es el mismo Espíritu que en el Genesis sopla sobre Adán y lo convierte en ser vivo.

En cuanto a Tomás: ¿Cómo convences a alguien que no ha visto la luz que la luz existe? ¿Cómo convences a alguien que no ha sido amado que el amor existe? ¿Cómo convences a alguien que no ha experimentado al resucitado, que el resucitado vive? Pues bienvenido a la persona de Tomás. Tomás es un desconfiado. Esa es su herida. Con la herida de Jesús se cura la desconfianza, es un acto de fe: “Señor mío y Dios mío”. Tomás se había alejado de la comunidad y en la comunidad recupera la fe.

Dichoso el que crea sin ver. Nadie ha visto a Dios ni a Jesús resucitado, lo mismo que no se ve el viento, ni las ondas electromagnéticas… Pero al contacto con Él, su presencia (Espíritu del Resucitado) y su evangelio, sus seguidores no es raro que hayamos experimentado una valentía que no iba con nuestro ser natural, una Vida que supera lo que hemos sido hasta ahora; es decir, una indignación ante el daño ajeno poco común, una capacidad de luchar contra el mal no habitual en nosotros y nosotras, una capacidad de perdonar, que no era lo nuestro. Y es que su Vida comienza a ser nuestra vida.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Nos situamos en el cenáculo entre los doce y las mujeres que seguían a Jesús, entre ellas su madre… Miro sus caras, desencajadas… El silencio que se corta… Paso un rato así, acompañando a los perdedores y a los acobardados… Se preguntan: ¿Cómo saldremos de esta?… Muertos de miedo, sintiéndose perseguidos y fichados… Con riesgo de ser eliminados también ellos. Además, llenos de culpa por haber dado palabra de seguir y haber abandonando a Jesús a la hora de la verdad… Están todos juntos para protegerse… Acompaño a los fracasados y aterrados… Pido saber acompañar…

De repente todos empiezan a experimentar una alegría interior indescriptible, indudable… ¿De dónde viene?… Tiene que ver con Jesús, como si se hiciese presente de una manera tan fuerte que parece estuviera vivo en ellos… VEO sus caras de admiración, desconcierto, incredulidad, miedo… ESCUCHO lo que cuentan que sienten. Jesús les dice: “Paz a vosotros…” Se sienten inundados de una profunda paz… SABOREO con ellos lo que están viviendo… Disfruto como un niño pequeño… Me tomo mi tiempo… Sin prisa.

Sigo escuchando lo que se cuentan unos a otros: “Me siento enviada… yo también… es como si alguien me insuflara su fuerza vital, como cuando Dios sopló sobre Adán de barro y así se convirtió en un ser vivo”… Escucho y sigo asombrado… Juan dice: “Estoy recibiendo su Fuerza para perdonar”… Así también Pedro y los demás… “Creo que nos quiere dar toda su fuerza para perdonar”… “Sí, como Él en la cruz”… “Y perdonar a los que le han matado”… Les sigo escuchando con suma alegría y gusto…

4. JESÚS Y YO.

Están hablando unos con otros… con el corazón lleno de fuerza y alegría… Llega Tomas y se sorprende del ambiente de alegría y fiesta… “¿Qué ha sucedido?”… Escucho cómo le comienzan a contar: “Jesús se nos ha hecho presente, incomprensiblemente, pero indudablemente… No nos lo explicamos pero ha sido maravilloso… Está vivo y quiere seguir vivo en nosotros”… Tomás contesta: “Si no veo los agujeros de sus manos y del costado… no me lo creo”… Me quedo asombrado de su cerrazón… pero sigo entusiasmado con lo que les ha pasado…

Al momento vuelven a experimentar lo que vivieron… y esta vez, también yo me lleno de una profunda paz y alegría… Sin duda es Jesús… Escuchamos a Tomas que nos cuenta: “Es verdad… mi vida está llena de paz, es como si se me estuviera curando la herida de mi desconfianza tocando su herida”… Yo también experimento algo parecido… una paz y una alegría… una llamada intensa a vivir el perdón. Doy gracias… Qué momentos de felicidad tan intensa…

Ahora me sale decirle : “Jesús, Tú la víctima Pascual, cuántas personas como Tú hoy son víctimas… Viven en el horror, miedo, desolación por situaciones de guerra, de persecución, de difamación… Ojalá tengan la oportunidad de descubrirte Vivo en sus vidas para que su situación cambie a esperanza, como les sucedió a los Doce, a María tu madre, a las mujeres… Se lo pido de corazón.

Me sigue comentando Jesús: “Quiero llegar a tantas personas que como Tomás son desconfiadas, que tienen tantos prejuicios que no dejan entrar la Vida en sus vidas, no dejan tocar sus heridas de miedo… de terror, de hundimiento… para ser curadas”… Noto que Jesús se toma su tiempo para tocar las mías… Siento una esperanza y una confianza que nunca antes había sentido… Disfruto de este momento… Me dice: “Haz lo mismo que he hecho contigo: Cura a las personas que puedas… las heridas del odio, de la venganza, de la ambición, de la envidia…” Me siento enviado a ello… Disfruto ese envío…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Ramos y pasión

4 abril, 2022

Online

Lc 22-23

Imagen de Congerdesign (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Llevaban a dos malhechores para matarlos junto con Jesús. Cuando llegaron al sitio llamado de la Calavera, crucificaron a Jesús y a los dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Jesús dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”

Los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús. La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él diciendo:

– “Salvó a otros; ¡que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido!”

Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde toda aquella tierra quedó en oscuridad. El sol dejó de brillar y el velo del templo se rasgó por la mitad. Jesús, gritando con fuerza, dijo:

– “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Dicho esto, murió.”

Cuando el centurión vio lo que había sucedido, alabó a Dios diciendo:

– “¡No hay duda de que este hombre era inocente!

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

La pasión comienza con el domingo de ramos. Jesús sube a Jerusalén y realiza un primer gesto mesiánico: Llega montado en un borriquito, símbolo de la mansedumbre, de la no violencia. Es el profeta del Dios Amor, de lo sencillo y no del poder (el caballo con carro de combate).

La pasión es algo terrible que nadie podía prever. Fue lo primero que escribieron los evangelistas, entre otras cosas, porque los cristianos los primeros años tras la muerte y resurrección de Jesús hacían “el vía crucis”, pasando por los lugares donde pasó Jesús comenzando por la cena, siguiendo por el prendimiento y así los demás pasos. Lucas narra el modo como Jesús vive la pasión, con algunos acentos propios: Sudando sangre en el huerto y perdonando a aquellos que quisieron su muerte; salvando a todo el que buscase una oportunidad (al buen ladrón) y entregando su Espíritu en manos del Padre.

La cruz es el resultado de una comprensión radicalmente distinta de quién es Dios. Los sacerdotes, escribas y fariseos “no eran gente sin corazón”, sino que pretendían ser fieles a lo que entendían como voluntad de Dios definida en la ley de Moisés.

Desde el bautismo Jesús, desde su experiencia profunda de Dios, comienza a realizar acciones y predicaciones que chocan frontalmente con la comprensión de Dios de las autoridades religiosas y de grupos como los escribas y los fariseos. La pregunta de las autoridades es: “Jesús, ¿es verdadero o falso profeta? Si es esto último, resulta que está llevando a la gente por un camino falso.”

Por ello deciden desacreditarle quitándole del medio poniéndole en la cruz, la cual era la muerte de los asesinos y terroristas del tiempo. Así quedaría totalmente desacreditado y se borraría todo rastro de su persona y su vida. “El que muere colgado de un madero es un maldito”.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Comienzo la contemplación, situándome cerca de Jesús crucificado, como si presente me hallase, con toda reverencia y respeto… Le digo a Jesús: “Permíteme acompañarte en tu pasión”… No se qué decir ni qué hacer, estoy… Con Él voy haciendo memoria, voy recorriendo, sin comprender nada por la crueldad de la situación, los últimos momentos de su vida… Pido al Padre que pueda acompañar a Jesús y a los jesuses de hoy…

Acompañando a Jesús hago memoria… Recuerdo el juicio de Pilato… “He aquí el hombre”… Acompaño a alguien a quien le han quitado “legalmente” la razón y es objeto de rechazo, burla… En la plaza pública, abucheado, rechazado públicamente… Mientras miro su rosto, no descubro una mueca de rabia ni de venganza… No han cambiado sus actitudes: No han podido arrancarle ni el amor, ni el perdón, ni la fidelidad… Qué hombre… ¿Cómo me quedo?… ¿Qué sentimientos me provoca?… Señor gracias por ser así… Contemplo…

Miro cómo las autoridades religiosas, los jefes, se burlan de él: “A otros ha salvado, que se salve Él si es el Mesías, el predilecto de Dios”… Yo lo escucho. Qué duro, ni al final de la vida le pueden dejar morir en paz, siguen haciéndole daño donde más duele: En el fracaso de su misión… Escucho a Jesús: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”… Me quedo asombrado de Tu humanidad y de Tu capacidad de perdonar… Me tomo mi tiempo para aprender…

4. JESÚS Y YO. 

Me cuesta acompañar la agonía de un hombre justo… Jesús que no puede con su alma, desde la cruz, cerca de Él, me recuerda su grupo… Los Doce que le han abandonado… De su amigo Judas que le ha traicionado y de Pedro que le niega… Me reitera: “Siguen siendo mis amigos”… Empiezo a comprender lo que es la verdadera amistad… Me acuerdo de tantos abandonados por sus seres queridos, en residencias, hospitales, en sus casas… Que tengan en ti un amigo que ha pasado por lo mismo… Contemplo…

Cerca de Jesús, me doy cuenta que va perdiendo todo: Dignidad, honor, misión… prestigio, hasta sus ropas… Lo único que no le pueden quitar es la capacidad de amar y de perdonar en esa situación…

Le siento totalmente vinculado, conectado con su Padre… Aprendo con él a saber perder tantas cosas por impulsar la fraternidad verdadera… Traigo a mi memoria personas concretas que han perdido su salud, su empleo, el lugar donde eres alguien, el sitio entre los amigos… Por ser auténtico… Llevo estas pérdidas a las manos de Dios con quien quiero seguir siempre vinculado…

Escucho su jadear en la cruz, el suplicio persa para hacer sufrir a sus enemigos hasta morir por asfixia… Tanta crueldad… Acompaño como puedo a Jesús… En su soledad… Aprendo a seguir confiando solamente en Dios, pues no hay nadie que no le rechace… En aquel momento uno de los crucificados con Él se le confía… Acierto a escuchar sus últimas palabras recias: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”… Me dejo penetrar por ellas… Pido aprender a vivir así: En tus manos encomiendo mi espíritu…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Parecía imposible

28 marzo, 2022

Online

Jn 8, 1-11

Imagen de Alexander Igrevsky (Pexels)

0. TEXTO (leer la parábola entera)

Jesús volvió al templo. La gente se le acercó, y él, sentándose, comenzó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La pusieron en medio de todos los presentes y dijeron a Jesús: 

– “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. En nuestra ley, Moisés ordena matar a pedradas a esta clase de mujeres. Y tú, ¿Qué dices?”

Jesús se inclinó y se puso a escribir en la tierra con el dedo. Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les respondió: 

– “El que de vosotros esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.”

Al oír esto, uno tras otro fueron saliendo, empezando por los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, se enderezó y le preguntó: 

– “Mujer, ¿Dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?”

Contestó ella: 

– “Ninguno, Señor.”

Jesús le dijo: 

– “Tampoco yo te condeno. Vete y no vuelvas a pecar.”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Sitúan a Jesús ante un asunto tremendo, tal y como como lo han hecho en otros momentos de su vida. La escena ocurre en el contexto de Fiesta de las Tiendas, en el pórtico del Templo donde enseñan los maestros de la ley,  rodeado de personas que anhelan escuchar algo que les sitúe en la vida de un modo que les haga VIVIR: no odiar, ni temer, ni vivir arrastrándose, ni llevando cuentas para ganarse la salvación… Y en esto, le traen a Jesús una mujer sorprendida en adulterio.

La ley decía (Dt 22,22): “Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos… Así harás desaparecer de Israel el mal”. Es curioso que sólo llevan ante Jesús a la mujer. Al preguntarle: “Tú qué dices”, Jesús tiene dos alternativas: una, si dice que no le apedreen quebranta un mandato clave de la ley de Moisés; la otra, si dice que ellos verán, que Él no es juez en este asunto, la matarán.

Jesús toma posición desde su interior, desde su experiencia de Abbá. Él no puede querer la muerte de ninguna de sus creaturas. Por eso, acierta a expresar algo que les coloca a los oyentes no en relación con una ley recibida, por muy santa que sea, sino en relación con su propia experiencia personal: Todos hacemos el mal. Todos tenían necesidad de ser perdonados por Dios una vez al año, en la celebración del Yom Kippur. Por tanto: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”. Así resultan dos cosas concretas: Por un lado consigue que en nombre de Dios no maten a la mujer y, por otro, salva una vida.”

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en el Templo, en la zona donde los escribas y los maestros de la ley enseñan, como si presente me hallase, con Jesús rodeado de los Doce y de un grupo numeroso que se acerca, que escuchan con gusto lo referente al Reinado de Dios: “Estamos llamados a ser una gran familia como Pueblo y una gran familia con otros Pueblos, donde Dios es como un Padre y todos somos su hijos e hijas”… Saboreo el mensaje de Alguien que tiene un lenguaje nuevo…

De repente se nota un alboroto como de una multitud que va llegando… Veo que traen detenida a una mujer… La ponen en medio… Está muerta de miedo y de vergüenza… Toma la palabra uno de los fariseos y escribas que llegan con ella: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. En nuestra ley, Moisés ordena matar a pedradas a esta clase de mujeres. Y tú, ¿Qué dices?”… Veo la situación de dureza donde se juega la vida de una persona… Contengo la respiración… ¿Cómo me siento?…

Estoy con Pedro y los Doce, quienes me hacen saber que esta vez sí que Jesús no tiene escapatoria. Le han tendido una trampa mortal… Me doy cuenta de que eso no es lo peor, sino que lo peor es que han utilizado a la mujer como cebo, como un objeto para ser destruido y de paso destruir a Jesús…

Estamos con el aire que no nos entra a los pulmones… Jesús se inclina para escribir en el suelo… Le vemos a Jesús sin palabra… ¿Cómo me siento? No sé dónde meterme, siento temor…

4. JESÚS Y YO. 

Quienes han traído a la mujer quieren que Jesús se moje. Por eso insisten en preguntarle. Veo que Jesús se incorpora, echa una mirada a su alrededor y también a mí… Y toma la palabra: “El que de vosotros esté libre de pecado, que tire la primera piedra”… Es como si esa frase nos hubiese dejado petrificados… En un primer momento se paraliza la ejecución… Y en un segundo comienzan a abandonar el lugar desde los mayores a los más jóvenes… De no creer… Nos ha situado no ante la Ley, sino ante nuestra condición humana frente a Dios, pecadores… En eso todos somos iguales… Estoy que no me lo creo…

Me sitúo al lado de Jesús que escribe. No le digo nada, solo estoy a su lado junto con los doce… Me quedo admirado y me comenta: “Es fundamental situar la Ley en relación con la Misericordia de Dios Abba”… Pido poder vivir la vida desde esa experiencia que nos iguala: Todos pecadores, con nuestras faltas y fallos… Todos necesitados del perdón de Dios… Le pido aprender a vivir y a considerar así a cada ser humano: Gratuitamente perdonado… Y yo también… Me tomo mi tiempo…

Jesús se dirige a la mujer: “Nadie te ha condenado… Yo tampoco. Vete y no peques más”… Miro a la mujer que venía como victimaria, como causante de la muerte del pueblo, de la ruptura de la familias… Así lo veía yo… Jesús con su pregunta la sitúa a la altura de las demás con una oportunidad nueva y única en su vida… Me dirijo a Jesús: “Gracias porque me has hecho ver que de la muerte que traía la mujer por haber hecho el mal y que con la muerte que le querían hacer pagar los jueces de la ley, ha nacido la vida gracias al perdón… ¿Y si probásemos a dar salida a las situaciones con el perdón?… Se lo pido de corazón…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

El Padre que quiere unir a los hijos

21 marzo, 2022

Online

Lc 15, 1-32

Imagen de Jeffjacobs (Pixabay)

0. TEXTO (leer la parábola entera)

Los que cobraban impuestos para Roma y otras gentes de mala fama se acercaban a escuchar a Jesús. Los fariseos y maestros de la ley le criticaban diciendo:

– “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.

Entonces Jesús les contó esta parábola:

– “Un hombre tenía dos hijos. El más joven le dijo: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.’ Y el padre repartió los bienes entre ellos. El hijo se marchó lejos, a otro país, donde todo lo derrochó viviendo de manera desenfrenada. Cuando ya no le quedaba nada, vino sobre aquella tierra una época de hambre terrible y él comenzó a pasar necesidad. Fue a pedirle trabajo a uno del lugar, que le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Al fin se puso a pensar: ‘¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras que aquí yo me muero de hambre! Volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti y ya no merezco llamarme tu hijo. Trátame como a uno de tus trabajadores.’ Así que se puso en camino y regresó a casa de su padre.
Todavía estaba lejos cuando su padre le vio, y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos.
‘¡Vamos a comer y a hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!’ Y comenzaron, pues, a hacer fiesta.
Entre tanto, el hijo mayor se hallaba en el campo. Al regresar le dijeron: ‘Tu hermano ha vuelto y tu padre ha mandado matar el becerro cebado porque ha venido sano y salvo.’ Tanto irritó esto al hermano mayor que no quería entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese”.

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Esta parábola, que llamamos de la misericordia, es de las que mejor nos muestra cómo es Jesús y la imagen-experiencia del Dios que le habita y que se expresa en sus acciones. Le llama Abbá, Alguien de plena confianza que se entrega incondicionalmente desde siempre a sus criaturas. Ni poderoso que exige vasallaje, ni juez que condena hasta nuestros deseos más secretos, ni impasible que no le importamos.

Dios es aquel que nos da todo, SE nos da todo, incluso nos da la posibilidad de sacarle de nuestra vida. Como por ejemplo hace el hijo menor, quien le pide la herencia (pedir la herencia era romper del todo con el padre). Además, Dios siempre está en la actitud de salir a buscar lo perdido. Sale a buscar al menor cuando llega lleno de culpa y roto. Sale a buscar al mayor cuando no quiere entrar a sentarse a la mesa, porque se siente superior a “ese hijo tuyo que ha echado a perder toda la fortuna dándose la vida padre”.

Es increíble que Dios esté deseando encontrarse con nosotros siempre, aunque nos sintamos como unos canallas que le hemos abandonado, aunque nos sintamos unos prepotentes que nos creemos más que el resto y no queremos reconocernos hijos como los demás… Abba está deseando sentarnos a su mesa y sentirnos de su familia. Que descubramos que Él es como los padres o las madres que unen a la familia, que se juegan la vida por unirla.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en el momento en que fariseos y doctores de la ley critican duramente a Jesús porque acoge y está con los perdidos, con los recaudadores de impuestos para el ejército de ocupación y con los que han estafado. Jesús está con gentes que han hecho daño, personas de mala fama por su estilo de vida, personas consideradas como traidoras… Se oye: “Estos no tienen solución ni perdón de Dios… ¿Por qué pierdes el tiempo con ellos?… Me mantengo en la escucha con los Doce… También les cuesta entender lo de Jesús… Y a mí con ellos… Me tomo mi tiempo…

Al poco tiempo Jesús toma la palabra y empieza a contar, como acostumbra, parábolas que podemos vivir mientras las describe… Le escucho: “Al hijo menor, un pieza, no se le ocurre más que pedir la herencia… El padre no tenía obligación de dársela… Era una manera de romper totalmente con él”… Me quedo apesadumbrado: ¿Cómo puede hacer eso un hijo con un padre?… No pierdo detalle de la escena aunque me horroriza… Me tomo mi tiempo…

Jesús sigue contando: “Pasa el tiempo… Después de gastar toda la herencia en juergas, placeres…, hundido en la miseria… toma tiempo para repensar su vida… Se dice: “Qué desastre”… Y en medio de esos pensamientos se acuerda de la experiencia de su padre, alguien bueno y misericordiosamente justo”… Estoy con ese hijo aunque me echa para atrás todo lo que ha hecho… ¿Cómo me siento?… Aprendo a aceptar a los que toman conciencia del mal que han causado…

4. JESÚS Y YO. 

Le escucho los deseos de ir donde su padre… “Aunque he sido un canalla, un mal hijo… Pero tendré para comer y aquí me muero de hambre”… Escucho sus razonamientos… Aunque no veo que se haya puesto en el sitio del padre, es decir, no le preocupa “lo que habrá sufrido padre, el daño que he hecho en la reputación de la familia, el vivir con la impresión de haber perdido a un hijo”… Me tomo mi tiempo… Todavía no ha salido de sí… Pero, darse cuenta, es un primer paso…

Me pongo con él en camino… Le noto avergonzado… Muerto de hambre, sucio, culpabilizado… Pero es la manera que descubre ahora para salvarse de morir de hambre… Divisa a lo lejos la casa de su padre… De repente vemos que un hombre mayor viene corriendo… Descubrimos que es su padre… Jadeante… Le falta tiempo para abrazar al hijo mugriento lleno de suciedad y maloliente… Noto que el hijo no se lo puede creer… Además le pone el anillo por el que le reconoce hijo… Noto la alegría del hijo, imposible de describir, por el modo como se siente recibido… Llora de alegría y de vergüenza por su comportamiento… Disfruto de ese recibimiento…

Le cuento a Abbá la de veces que he dicho que iba a ordenarme para hacer oración, que iba a comenzar de nuevo a tratar de otro modo a mis padres o a mis hijos, mi deseo de cambiar alguna actitud… O cuándo me iba a sentir a la altura de los demás, no por encima o con más derechos; pero no termino de dejar de percibirme mejor que muchos… Me sitúo así delante del Padre, que me dice: “Pasa a mi mesa y comamos juntos y celebremos tus mejores deseos de ser persona”… Me tomo mi tiempo para sentirme querido como soy…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Conversión

14 marzo, 2022

Online

Lc 13, 1-9

Imagen de Netavisen_sameksistens_dk (Pixabay)

0. TEXTO (leer la parábola entera)

Por aquel mismo tiempo fueron algunas gentes a ver a Jesús, y le contaron lo que Pilato había hecho: Sus soldados mataron a unos galileos cuando estaban ofreciendo sacrificios y la sangre de esos galileos se mezcló con la sangre de los animales que sacrificaban.

 Jesús les dijo: 

– “¿Pensáis que aquellos galileos murieron así por ser más pecadores que los demás galileos? Os digo que no y que si vosotros no os volvéis a Dios, también moriréis.” (…) 

 Jesús les contó esta parábola: 

– “Un hombre había plantado una higuera en su viña, pero cuando fue a ver si tenía higos no encontró ninguno. Así que dijo al hombre que cuidaba la viña: ‘Mira, hace tres años que vengo a esta higuera en busca de fruto, pero nunca lo encuentro. Córtala. ¿Para qué ha de ocupar terreno inútilmente?’ Pero el que cuidaba la viña le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año. Cavaré la tierra a su alrededor y le echaré abono. Con eso, tal vez dé fruto; y si no, ya la cortarás.’”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

¿De verdad Dios castiga? “Si no os convertís todos pereceréis”. ¿Es una amenaza o es la posibilidad de cambiar de dirección una vida que camina al precipicio? De Dios no tenemos que esperar ningún premio ya que Él permanente se nos está dando del todo. Por tanto, no cabe en él tampoco ningún castigo. Decimos que Dios castiga porque esa es nuestra forma de hablar, porque nosotros lo hacemos así y creemos que Dios es como nosotros.

¿Es el mal consecuencia de un pecado? A modo de ejemplo recordemos la respuesta de Jesús cuando le presentaron un ciego de nacimiento y le preguntaron quién pecó, si él o sus padres, para que naciese así. Y Jesús les contestó que ni él ni sus padres, sino que nació ciego para que se manifestasen en él las obras de Dios. Ese es el sentido de la actividad de Jesús sobre las personas, que queden sanadas.

Pero es importante colaborar con Dios y para eso nos cuenta una parábola, la higuera plantada en la viña que es el pueblo de Israel. En ella menciona el número tres, que es el símbolo de plenitud. Es como si nos dijera: “Os he dado todo el tiempo… y todavía un año más. Pero dad fruto por favor. Haced posible la fraternidad humana y en este momento de guerra, solidarizaros con las víctimas, desead un alto el fuego, facilitad corredores humanitarios y denunciad a quien asesina”.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Notamos a Jesús sorprendido por algunas personas que le vienen a contar un situación vivida… Los doce le acompañan… Yo me sumo al grupo y escucho, respiro profundamente… Me sitúo como si presente me hallara… Acompaño… Vienen buscando una explicación a esa situación o motivos de esperanza ante un acontecimiento muy doloroso… Me tomo mi tiempo.

Los apóstoles me cuentan: “El pueblo de Israel está bajo control romano y en connivencia con las autoridades del tiempo… Hay en la población odio hacia los invasores”… Es entonces cuando llegan a contarle a Jesús otro asesinato y una profanación… Les escucho: “Cuando preparaban los sacrificios para sus dioses los romanos mandaron matar algunos judíos y mezclaron su sangre con la de los animales”… Pido a Dios no dejarme llevar por la crueldad humana… ¿Cómo me siento?…

Noto que Jesús toma aire… Casi se le saltan las lágrimas… Suspira. ”¿Cómo se puede profanar la vida de una persona asesinándola y mezclando su sangre, su vida, con la sangre de los animales?”… Los apóstoles continúan: “¿Es qué somos para ellos animales llevados al sacrificio?… En nuestro pueblo no se ofrecen sacrificios humanos… El ángel de Dios no permitió a nuestro padre Abraham extender el cuchillo para sacrificar a su hijo… sin embargo ¿Estos? Son unos asesinos”… Jesús escucha… ¿Qué me hace sentir?

4. JESÚS Y YO. 

Escucho a los apóstoles: “¿Qué han hecho, que pecado han cometido esos galileos para que Dios les castigue así?… Entonces Jesús, visiblemente emocionado, toma la palabra: “¿Pensáis que aquellos galileos murieron así por ser más pecadores que los demás galileos? Os digo que no, y que si vosotros no os volvéis a Dios, también moriréis”… Continua: “Hacer frente a esta situación lleva a un cambio de vida. Si no vivís conectados a Dios, si no dejáis que el amor y el Espíritu de Dios empape vuestras vidas, pereceréis vosotros también. Os podrá la rabia y el odio, no el amor”… Escucho…

Sigo atendiendo a Jesús: “Este pueblo es como una higuera plantada en la viña del Pueblo del Señor… Lleva tres años sin dar fruto”… Se dirige a mí y me dice: “Mira la necesidad de solidaridad que se avecina”… Voy mirando si mis preocupaciones principales tiene que ver con dar vida… Con estar cerca de los que no pueden llegar a fin de mes porque no tienen papeles, ni pueden alquilar una casa por el color de su piel, o de los dejados de lado en mi trabajo o en mi ambiente… Me tomo mi tiempo para interiorizar…

Le pregunto a Jesús: “¿Por qué permite Dios que pasen estas cosas? ¿Qué hace para que desaparezca la maldad de los corazones?”… Jesús pacientemente me dice: “Dios sí hace algo, te ha hecho a ti… Tú, si vas unido a nuestro Abbá de toda confianza, serás sus manos, sus ojos y su corazón… Serás  su creatividad en este mundo a veces cruel que te ha tocado vivir”… Saboreo este momento para que no se me olvide…

Jesús me sigue diciendo: “Dios te da otra oportunidad, además de todas las que te ha dado: Cava, penetra hasta dentro a la profundidad de tu vida, no vivas surfeando con tu móvil todo el día, párate, toma tu tiempo… Mira hacia dónde vas, qué estás haciendo con tu vida… Ancla tu vida al evangelio. Pregúntate siempre antes de hacer: ¿Esto es lo que quiere Dios de mí?… Ejercítate, abre la biblia por una página cualquiera, lee el texto que te ha salido y escucha si tiene algo para ti”.

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.