Indiferencia frente a compasión

19 septiembre, 2022

Online

Lc 16, 19-31 

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.

En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Exclamó entonces: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan”. “Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre vosotros y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí”. El rico contestó: “Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento”. Abraham respondió: “Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen”. “No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán”. Abraham respondió: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán”.

1. SITUACIÓN 

La clave de este evangelio es la compasión “splagzinomai”: tener entrañas de misericordia o conmoverse las entrañas. Es una palabra que en los evangelios sólo se pone en boca de Jesús y de los personajes de sus parábolas: el samaritano, el Padre del hijo pródigo, el rey que perdona un dineral a su siervo.

Compasión es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir y sufrir con él, más allá incluso de la empatía. Esto sucede también en otras tradiciones espirituales. Por ejemplo, en el budismo “no alcanzará la iluminación quien no es capaz de ponerse en el lugar del otro”. Las suras en el Corán comienzan todas de esta manera: “al Dios compasivo y misericordioso”. Tomás de Aquino dice que “Dios es todopoderoso en cuanto que es todomisericordioso“.

La compasión se opone a la indiferencia, a la cultura de la indiferencia que diría nuestro Papa Francisco. Va en línea de aquel dicho de Martin Luther King: “Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerá lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”.

Volviendo al texto: Lázaro es llevado por los ángeles al seno de Abraham… Al rico lo enterraron. En el texto, el rico no tiene nombre, lo que era, en aquel contexto, como no existir. El pobre se llama Lázaro, que traducido significa “Dios ayuda”. El abismo entre el seno de Abraham y el lugar de los muertos no será luego, sino ahora; es el abismo que creamos entre el modo de vivir indiferentes y el modo de vivir desde la compasión. La diferencia entre ambas maneras de sentir y actuar, ese es el abismo histórico. Un abismo inmenso en la forma de tratar a las personas, mismo abismo que sienten cuando son tratadas con misericordia o cuando son tratadas con indiferencia.

En nuestro contexto, estamos llamados a ganar en sensibilidad, en capacidad de ponernos en el lugar de los otros. Pero el individualismo reinante influye muy negativamente, porque nos hace funcionar según lo que necesitamos, con el riesgo de tratarle al otro como “mi” objeto de necesidad.

2. HACEMOS SILENCIO 

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Entro en el texto, me hago presente en la escena… lo hago uniéndome respetuosamente a la situación que están viviendo Jesús y los doce… Acompaño a Jesús con sus seguidores, cuando ya les ha advertido que echar su suerte con él implica priorizar la fraternidad, anteponiéndola a sus propios bienes, a su familia, a su vida… Lo recuerdo, lo revivo… Me pregunto: “¿Cómo situarnos con corazón misericordioso ante la miseria humana?”… Escucho con atención la parábola que cuenta…

Nos hacemos presentes en los personajes de la parábola… Un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo…  y cada día hacía espléndidos banquetes… A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas… Miro detenidamente la escena, me dejo empapar por lo que acontece… ¿Cómo me deja? ¿Qué siento?… Me fijo en los contrastes… Me pregunto cómo puede ser que esto suceda… Me tomo mi tiempo.

Seguimos contemplando… “El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado”. Una vida ganada (seno de Abraham)… una vida perdida sepultado en el lugar de los muertos… ¿Cómo puede ser que una vida de lujos, caprichos… sea una vida de muerte, y una vida de penurias sea una vida recogida por Dios…? Me digo que aunque Dios estuvo presente en la vida de los dos, el rico no le hizo sitio… si no, hubiera tenido el corazón ganado por la misericordia de Dios… y el pobre, parece que es Dios a quien sólo tenía… Me tomo mi tiempo para hacer mía la escena… la repaso con el corazón… ¿Qué pido?…

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY. 

Jesús mira en torno a sí y se topa conmigo. Me dice: “¿Qué haces que la vida de nuestro mundo hoy no termine en muerte?… Con lo que me dice hago memoria de las últimas líneas escritas por Jeff Bezos: “No hagáis lo que he hecho; yo he vivido para acumular pero he perdido la vida, no sólo la salud por un cáncer, sino la familia, los amigos…” La historia se repite… Jesús me recuerda: “Ni aunque un muerto resucite…” ¿Qué siento?…

Le cuento a Jesús los contrastes de hoy en día: Los paraísos fiscales y con ellos los estados que no recaudan lo necesario para salud, educación… Los tiempos de crisis donde los más ricos aumentan sus ganancias a costa de la mayoría de la población… Las corrupciones que enriquecen a los desalmados y empobrecen a los honestos… El alimento que se tira a la basura en estas tierras y las hambrunas de los que carecen de todo… ¿Cómo me hace sentir?… ¿Qué pido?…

Y yo, ante esto, ¿qué?… Le pregunto a Jesús: “¿Cómo es que dejamos que la codicia de riquezas nos gane el corazón y no el amor servicial de Dios? ¿Cómo podemos vivir tan apegados y engañados a lo que no nos da verdadera vida? ¿Cómo vivimos metidos en esa rueda infernal que nos saca de nuestro centro vital, de nuestro corazón de carne y nos mete en las ambiciones desmedidas, competitividades sin piedad y hacemos tanto daño…? Jesús me contesta: “Elige la vida… elige la compasión”… Lo deseo de corazón… Me tomo mi tiempo para pedirlo.

5. COLOQUIO

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

La inteligencia para hacer fraternidad

12 septiembre, 2022

Online

Lc 16, 1-13 

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Decía también a los discípulos: 

“Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: “¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto”. El administrador pensó entonces: “¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!”. Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: “¿Cuánto debes a mi señor?”. “Veinte barriles de aceite”, le respondió. El administrador le dijo: “Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez”. Después preguntó a otro: “Y tú, ¿Cuánto debes?”. “Cuatrocientos quintales de trigo”, le respondió. El administrador le dijo: “Toma tu recibo y anota trescientos”. Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz.

Pero yo les digo: Ganaos amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si vosotros no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿Quién os confiará el verdadero bien? Y si no sois fieles con lo ajeno, ¿Quién os confiará lo que os pertenece a vosotros? Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero”.

1. SITUACIÓN 

Las parábolas plantean su mensaje global al final, no en relación con cada una de las palabras del texto. En nuestro caso, la astucia del administrador infiel le da pie a Jesús a comparar la inteligencia para buscarse su futuro, con la necesidad de que sus seguidores utilicen la inteligencia para buscar el Reino de Dios, la fraternidad humana. “Ya podríais ser vosotros tan listos para  buscar el Reino de Dios, como el administrador para buscarse su vida, porque los ciudadanos de este mundo con sus colegas son más astutos que los hijos de la luz”.

Jesús elige parábolas provocadoras para sorprender, para llamar la atención, con exageraciones, contraposiciones. Son recursos que emplea para captar la atención.  

Veamos las tres frases de la conclusión. Primera: Jesús les dice: Con el “sucio dinero” haceros amigos. ¿Para qué es el sucio dinero? ¿Para acumular, para banquetear, para darse la gran vida, para asegurarse un futuro, para qué? Para Jesús el dinero es para hacer amigos, que me imagino que será para invitar al que no puede pagarte, para hacer alguna fiesta con los impedidos de residencias de enfermos, para aportar en tal proyecto que permite comer a los que no les llega…

Segunda: Sed personas de fiar. Sé una persona coherente, con tus incoherencias. Emplea el dinero para el bien común y no seas un avaricioso tacaño para acumular.

Tercera: No se puede servir a Dios y al dinero. No se puede buscar la fraternidad, Fratelli Tutti, y al mismo tiempo el propio enriquecimiento a cualquier precio, con negocios “sospechosos” aunque sean legales (armas, prostitución, juego…) y además pasar como filántropo de las causas nobles. ¿A qué miro más? ¿A las necesidades reales de los demás (los hijos de Dios y mis hermanos) o a mis propios intereses?

2. HACEMOS SILENCIO 

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Acompaño a Jesús, me sitúo con Él y los Doce, rodeado de publicanos y pecadores que se acercan para escucharle, cuando estas personas huían de los hombres religiosos de su tiempo porque les hacían sentir que eran unos sinvergüenzas… Un poco más lejos veo a los fariseos y doctores (de la ley) que murmuraban de Jesús… ¿Qué tendría Jesús, que siendo una persona religiosa, se acercaban para escucharle… sentían que les abría una oportunidad, sentían su misericordia?… Disfruto el momento.

Me siento con ellos en un espacio amplio junto al camino para seguir escuchando a Jesús. Les narra la parábola del administrador astuto que emplea su inteligencia para asegurarse el futuro porque le llega un paro de larga duración… Le escucho con toda atención… La conclusión: “la causa de que los ciudadanos de este mundo con sus colegas son más astutos para sus cosas que los hijos de la luz para buscar el bien de todos”… Memorizo, saboreo sus palabras, qué pido… Me tomo mi tiempo.

Le sigo escuchando con atención y con entusiasmo: “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho… Y si no sois fieles con lo ajeno, ¿Quién os confiará lo que os pertenece a vosotros?”… Me doy cuenta de la importancia de la confianza, de ser una persona de fiar, de ser una persona íntegra… Se lo pido…

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY. 

Jesús mira a la multitud y en un momento en que su mirada se cruza con la mía, también me pregunta: “Y tú, ¿qué has decidido hacer? ¿Cómo te ves de fuerzas, hasta qué punto tu Vida descansa en el Dios de la Vida, hasta qué punto Él es tu roca, aquella sobre la que apoyas tu vida?… Voy viendo cómo estoy de confianza en Dios… ¿Cómo me siento?

Recuerdo el dicho: Mira tus hechos y te diré dónde tienes puesto tu corazón… Miro si  pongo mi dinero en causas justas, en banca ética, si estoy impulsando proyectos sociales de necesitados, de refugiados, inmigrantes, sin techo, si voy siendo en mi casa el cambio que quiero ver en mi familia… Se lo cuento a Jesús que me mira y me anima… Me tomo mi tiempo.

Le escucho: “Sigue utilizando la inteligencia para emplear el dinero para obrar el bien”… Le comento múltiples formas de colaborar al bien: pequeñas campañas sobre gastos de agua, luz, reciclaje, modos de educar en la paz en colegios, los más de 2000 economistas que convocó el papa para pensar una economía alternativa, los mediadores de conflictos aplicando la justicia restaurativa, los que inventan modos de energía alternativos… y tantos otros. Le pido ir a una con el Dios creador, el Dios creativo… Me sale pedir: “Tener sus mismos sentimientos”…

5. COLOQUIO

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

El Buen padre

10 septiembre, 2022

Online

Lc 15, 11-32 

Imagen de Pumukel (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Contó Jesús esta otra parábola: 

“Un hombre tenía dos hijos. El más joven le dijo: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.” Y el padre repartió los bienes entre ellos”. Pocos días después, el hijo menor vendió su parte y se marchó lejos, a otro país, donde todo lo derrochó viviendo de manera desenfrenada. Cuando ya no le quedaba nada (…) se puso a pensar: “¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras que aquí yo me muero de hambre” Volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo: trátame como a uno de tus trabajadores.” Así que se puso en camino y regresó a casa de su padre.

Todavía estaba lejos, cuando su padre le vio; y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo.” Pero el padre ordenó a sus criados: “Sacad en seguida las mejores ropas y vestidlo; ponedle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traed el becerro cebado y matadlo. ¡Vamos a comer y a hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!” Y comenzaron, pues, a hacer fiesta.

Entre tanto, el hijo mayor se hallaba en el campo. Al regresar, llegando ya cerca de la casa, oyó la música y el baile. Llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba, y el criado le contestó: “Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha mandado matar el becerro cebado, porque ha venido sano y salvo.” Tanto irritó esto al hermano mayor, que no quería entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese. Él respondió a su padre: “Tú sabes cuántos años te he servido, sin desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. En cambio, llega ahora este hijo tuyo, que ha malgastado tu dinero con prostitutas, y matas para él el becerro cebado.”

El padre le contestó: “Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero ahora debemos hacer fiesta y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.”

1. SITUACIÓN 

Jesús sigue subiendo a Jerusalén, encontrándose con personas y situaciones diversas. En esta ocasión se encuentra con recaudadores y pecadores, es decir, gente de mal vivir: los que por causas diversas han echado su vida a perder y se han quedado sin oportunidades, los de los pequeños delitos que siempre acaban en la cárcel, los de profesiones innobles… ¿Qué tendría Jesús que todos ellos se le acercaban? Esta situación provoca el reproche de las que son “personas de bien”. Y Jesús les cuenta esta parábola del Padre de los dos hijos.

Por lo que se ve, el hijo Menor va a su bola, hace su vida, no le importa su padre ni su hermano, sólo estrenar la libertad y satisfacer sus deseos de pasarlo bien. Hace todo esto hasta que se hunde como persona y comienza a ganarse la vida en lo último de lo último. Pero todavía le queda conciencia y la experiencia de una familia buena en la que se crio y, cuando le falla todo, se acuerda de ella, de su Padre. Entrando en sí, ese recuerdo le da la fuerza para salir del fondo del abismo y comenzar el regreso a casa. (Aunque la motivación de fondo no era el daño que había hecho a su Padre y a la familia sino dejar de pasar hambre).

Para su sorpresa su padre le brinda un gran recibimiento… Nunca se hubiese podido imaginar que su Padre le quisiese tanto, ni que habiendo hecho lo que hizo, su Padre le pudiese recibir así. Alguien le quiere a pesar del desastre en que ha convertido su vida y del desastre que ha hecho en su familia.

Por el contario el hijo Mayor seguía en casa, en el hogar, en la Iglesia. (Siendo catequista, de Cáritas y los grupos de profesionales cristianos, sin darle las horas del día para la actividad que desplegaba…). Llega cansado a casa y encuentra al padre que ha hecho fiesta porque ha recobrado a su hijo sano. El padre sale a buscarle para celebrar y el hijo mayor se enfrenta a él: ¿O sea que ese desastre sí y yo que siempre cumplo, no?

El Padre le hace caer en la cuenta de su situación al mayor: “Hijo, yo siempre estoy contigo (no te he dejado de querer un día de tu vida). Todo lo mío es tuyo (tu hermano ha malgastado su herencia, no tiene nada)”. Le insta a situarse desde la misericordia con el hermano y no desde los méritos propios: “¿No debieras alegrarte porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida? Estaba perdido y ha sido hallado” ¿No te sale hacer eso con tu hermano a pesar de estar tantos años en mi casa, en la Iglesia?

2. HACEMOS SILENCIO 

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo con Jesús y los Doce en el momento en que fariseos y doctores de la ley critican a Jesús porque acoge y está con los perdidos, con los recaudadores de impuestos para el ejército de ocupación, con los que han estafado, con los traidores al Pueblo… También con gentes que han hecho daño o personas de mala fama reconocida… Con los que por lo que sea han echado a perder su vida y la de otros y quieren salir de la sima en la han caído… Se oye: “Estos no tienen solución ni perdón de Dios… ¿Por qué pierdes el tiempo con ellos?”… Lo escucho yo con los Doce también les cuesta entender lo de Jesús… y a mí con ellos… Me tomo mi tiempo…

Al poco escucho a Jesús que toma la palabra y empieza a contar una parábola: “Un padre, dos hijos… El hijo menor, un pieza al que no se le ocurre más que pedir la herencia… la cual el padre no tenía obligación de darle… Era una manera de romper totalmente con el padre”… Me quedo apesadumbrado: ¿Cómo puede hacer eso un hijo con un padre?… No pierdo detalle de la escena. ¿Cómo me deja?…

Continúo cerca de Jesús que sigue narrando: “Pasa el tiempo… después de gastar toda la herencia en juergas, placeres… hundido en la miseria… entra dentro de sí y se dice: ¿Qué desastre he hecho con mi vida?… En medio de esos pensamientos se acuerda de la experiencia de su padre, alguien bueno y misericordiosamente justo”… Quiero no perderme ninguna de las palabras de Jesús… Deseo ir a una con el corazón misericordioso del padre… ¿Cómo me siento?…

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY. 

Me hago presente en la vida de ese hijo… me siento cerca de él, mal vestido y maloliente, el cual se dice para sí: “Voy a ir a donde mi padre… aunque he sido un canalla, un mal hijo… pero tendré de comer y aquí me muero de hambre”… Descubro que no le preocupa lo que habrá sufrido el padre por haberle perdido, el daño que ha hecho en la reputación de la familia…  sino el no morirse de hambre… Todavía no ha salido de sí… Aprendo a bucear en las intenciones de las personas… ¿Cómo me siento?… Es un primer paso el darse cuenta…

Se pone en camino y yo camino con él. Le noto avergonzado… muerto de hambre, sucio, culpabilizado… pero es la manera que descubre para salvarse de morir de hambre… Divisa a lo lejos la casa de su padre… Y de pronto vemos que un hombre mayor viene corriendo… es su padre… jadeante… y le falta tiempo para abrazar al hijo desarrapado y fracasado que vuelve derrotado… Noto que el hijo no se lo puede creer… Me detengo tiempo en la escena… le pone el anillo por el que le reconoce como hijo… llora de alegría y de vergüenza por su comportamiento… Disfruto de ese recibimiento…

Al tiempo acompaño al Padre que sale también a buscar al hijo mayor para que entre a celebrar… Escucho sus reproches y escucho al Padre: “Hijo, yo siempre estoy contigo, no te he dejado de querer un día de tu vida. Todo lo mío es tuyo. Tu hermano ha malgastado su herencia, no tiene nada… ¿No debieras alegrarte porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida? Estaba perdido y ha sido hallado” ¿No te sale eso con tu hermano a pesar de estar tantos años en mi casa, en la Iglesia?… Escucho entre admirado y entusiasmado las palabras del padre al hijo mayor… Me tomo mi tiempo…

Entonces el padre se sienta junto a mí. “Que difíciles son estos hijos… cuando parecía que ya estaba la familia se me va el pequeño… Cuando vuelve el pequeño el mayor no quiere sentarse a la mesa con el menor”… Le escucho… y pido poder hacer familia, hacer lugar de encuentro allí donde esté viviendo… Pido tener sus sentimientos…  

5. COLOQUIO

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Si quieres venir en pos de Mí…

5 septiembre, 2022

Online

Lc 14, 25-33

Mosaico de Marko Rupnik SJ

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Junto con Jesús iba un gran gentío, y Él, dándose vuelta, les dijo: 

– “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. 

¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”.

¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.

1. SITUACIÓN 

Jesús ha decidido subir a Jerusalén, una decisión que desembocará en su muerte. En ese camino hay un grupo grande de personas que le siguen, a entender de Jesús sin darse cuenta de los riesgos que entraña seguir con Él y su misión. Ellos están seducidos por su persona que les ha ganado el corazón. Creen que con Él podrán ir lejos. Quizás están idealizando demasiado el seguirle, como si todo fuese a salir bien por la bondad de la causa que plantea. Por eso, Jesús no quiere dejar que ignoren las dificultades que les pueden sobrevenir, que pueden correr su misma suerte.

No es difícil imaginarse que, en su mundo y en el nuestro, el llevar adelante la propuesta de la fraternidad en la casa común choque frontalmente con intereses de poderosos y que llevará a enfrentamientos y persecuciones, algunas muy serias, donde uno puede perder todo. Por eso Jesús les advierte: “Si alguien quiere venir conmigo y no pospone a su familia, e incluso a sí mismo, no carga con su cruz y me sigue, y no renuncia a sus bienes mejor que se lo piense”. Renunciar no quiere decir venderlos, sino vivirlos en disponibilidad, como si no los tuviese, y que esté dispuesto a dejarlos en favor de quien los necesite verdaderamente. Él nos pide calcular los riesgos. Para construir la casa, para dar batalla.

¿Pero este seguimiento lleva a la auto realización? Veamos un ejemplo cercano: Nelson Mandela, ¿se auto realizó o no? En Sudáfrica, si Mandela y muchas personas con él no hubiesen sido capaces de renunciar a tantas cosas no hubiera habido una reconciliación nacional. Decimos de Mandela que es una persona realizada, de una humanidad impresionante, pero en muchos momentos de su vida parecía que le habían deshumanizado. Asumiendo las dificultades, fue aprendiendo a perdonar a los enemigos, a vivir en la incertidumbre del triunfo contra el apartheid, a la renuncia a una familia pues pasó más de 20 años en la cárcel, etc. Todas estas cosas le hicieron crecer en humanidad y e hicieron que otros recuperasen su humanidad pisoteada y su lugar en aquella sociedad.

2. HACEMOS SILENCIO 

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo acompañando a Jesús que ha decidido subir a Jerusalén, lugar donde “matan a los profetas”… Camino con Él y una gran multitud… Le veo preocupado… Dirigiéndose a los Doce les dice que la gente le sigue muy ingenuamente… y sigue haciendo camino como para pensar qué les quiere comentar para que no se sientan engañados ni defraudados… Sigo caminando con ellos… comienzo a hacerme consciente de la preocupación de Jesús por ellos… sabiendo que le siguen porque Él les ha ganado el corazón… Hago míos sus sentimientos… Me tomo mi tiempo.

Se da la vuelta y dirigiendo a sus seguidores les dice: “El camino que llevamos del reino de Dios y de la fraternidad humana traerá dificultades serias, por tanto cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”… Escucho con toda atención y me impresiona la claridad y verdad con que sitúa a los discípulos… ¿Cómo me siento?…

Sigo caminando con Jesús y sus discípulos y escucho los dos ejemplos que les pone para que les quede claro: “Esto del Reino es como construir una torre. Echa bien los cálculos… en este seguimiento puedes perder todo. Entonces puedes renegar de la apuesta que has hecho… Calcula bien antes. Mira tus fuerzas y tus posibilidades, donde las pones”… “Esto es como una batalla. Calcula si vas a poder resistir con un enemigo fuerte, sólo tenemos el testimonio de la palabra y el escudo de nuestra persona”… No me pierdo palabra… Pido fuerzas.

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY. 

Jesús mira de nuevo a la multitud y cruza su mirada con la mía y me dice: “¿Me quieres seguir?… Antes de responder hago memoria para ver dónde he puesto mi confianza en otros momentos difíciles de mi vida y lo recuerdo: Ha sido en Jesús, en mi unión con Él, en ir a una con Él como la vid y los sarmientos… Le escucho: “Esta vez te puedes jugar mucho, tus bienes, tu familia, incluso tu persona, por hacer posible la fraternidad”… Se me quedan grabadas sus palabras… ¿Qué le pido?…

Le escucho de nuevo a Jesús: “Piénsate si quieres venir conmigo… Si quieres tomar partido por las causas en las que yo estoy: Los pequeños, los que buscan sitio y no lo encuentran, los que trabajando no llegan casi a fin de mes, los que todo se les pone en contra, los que no ven salida a su situación porque los poderosos se la cierran… Ánimo”… ¿Qué me sale decirle?… A una contigo…

Jesús me sigue explicando: “Vivir así te ayudará a tu auto realización de una manera que tú no esperas… pero también a la auto realización de tantos que no tienen garantizada su vida”… Escucho y me tomo mi tiempo… Pido fiarme… y le digo: “Voy contigo. Sé que vas delante y te acompaño”… Le pido de corazón seguirle en la confianza…

5. COLOQUIO

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Padre Nuestro

18 julio, 2022

Online

Lc 11, 1-13

Imagen thisisZun (Pexels)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Un día Jesús estaba orando en cierto lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: 

– “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos”. 

Él les dijo entonces: 

– “Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino. Danos cada día nuestro pan cotidiano. Perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden y no nos dejes caer en la tentación”.

(…) Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡Cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!”.

1. SITUACIÓN 

Nos preguntamos muchas veces para qué orar, cómo orar. Los discípulos también se lo preguntan a Jesús, porque intuyen que de la oración surge en Él esa fuerza que le sostiene y ese actuar que atrae y entusiasma.

Es posible que el padrenuestro se compusiera por partes y no de una sola vez. Pero en un caso o en otro, es la oración de Jesús. Destaco dos características: por una parte es una oración en plural “Padre nuestro”, no es mi oración, mi dios particular, es el de todos; por otra es una oración que me saca de mis intereses y me sitúa en el deseo de Jesús, de Dios.

Sus contenidos son siete peticiones: Abba, el nombre con el que Jesús se dirigía a Dios; Santificado sea tu nombre, permaneciendo fiel a ese misterio de Amor; Venga tu Reino, algo así como la fraternidad universal en estructuras de igualdad y con un corazones llenos de la entrañable ternura de nuestro Dios; Hágase Tu voluntad, una oración que busca la voluntad de Dios, no nuestros intereses, porque cree que la voluntad de Dios es amar a la humanidad hasta el extremo y eso supera con mucho mis capacidad de amar a los demás. Por eso buscamos Su voluntad, no la nuestra.

La segunda parte tiene que ver con el pan, el Pan del futuro dánoslo hoy y que el pan llegue para todos. El perdón que nos lleva a perdonar a los demás como somos perdonados. No nos dejes caer en tentación, puesto que vamos a estar continuamente tentados como Él que no sucumbamos a la tentación.

“Pedid y se os dará… vuestro Padre concederá el Espíritu santo a los que se lo piden”. Eso es el regalo de Dios, no tanto que nos toque la lotería o que no caigamos enfermos o que no perdamos el trabajo… sino que nos conceda vivir todas esas situaciones de contrariedad o de alegría con Espíritu.

2. HACEMOS SILENCIO 

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo con Jesús y sus discípulos, los Doce y muchos más, en el camino hacia Jerusalén. Allí donde ha enviado a los 72, en la frontera con Samaría, en Betania, donde ha enseñado a María la Escritura, ha planteado la novedad del prójimo… Ahora los discípulos se le acercan para pedirle: “Enseñanos a orar”… “¿De dónde sacas la fuerza de tu actividad y de tu modo de ser?”… Yo le quiero preguntar: Cuéntanos qué te mueve por dentro, con quién te comunicas, cómo te conectas, cómo tomas decisiones desde ese Misterio que llamamos Dios… Saboreo largamente este momento…

Pongo mi atención en Jesús: “Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre”. Me fijo en cómo Jesús pronuncia su nombre, Abbá… con qué respeto y veneración… Abbá … Me maravillo de la total confianza de Jesús en el Misterio que le habita, le sostiene y le une con todo el universo a modo de fraternidad, de cuidado fraternal… Saboreo del Misterio que a todos nos habita… también a mí: “Mi Padre y vuestro Padre”. Disfruto de ese momento tan gratificante… Me tomo mi tiempo.

Sigo escuchándole: “Que venga tu Reino”… Continua: “Que llegue esa fraternidad universal a la que conduce la confianza absoluta en ese Abba, un corazón que se une con todo y con todos… no sólo en el amor… sino en el perdón, cuando nos hacen daño, nos quitan los bienes, o la fama”… Me doy cuenta de que es una fraternidad que busca reconciliar lo roto de este mundo por medio del don sin medida: El perdón… Saboreo el realismo de su fraternidad y su fuerza… ¿Cómo me hace sentir?…

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY. 

Permanezco sentado en ese lugar, que se convierte en maravilloso por lo que allí estamos viviendo… Estamos disfrutando de un momento único… Sigo escuchando a Jesús que nos dice y me dice: “Danos cada día nuestro pan cotidiano”… continúa: “El pan para mañana, el definitivo, dánoslo hoy”… Me voy imaginando lo que será el cielo y que de eso se trata, de que sea ya en la tierra para todos… Doy gracias por esa comprensión del Abbá tan unido a todo, tan presente… uniendo cielo y tierra …

Sigo escuchándole sin perder detalle: “Perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden”… Recuerdo la dificultad de perdonar tantas situaciones que nos parecen imperdonables; guerras, matanzas, torturas… La capacidad de Jesús de perdonar desde la cruz… Le doy gracias porque lo predicado es lo vivido… Me tomo mi tiempo…

Así concluye: “No nos dejes caer en la tentación”… Sigo escuchando a Jesús: “Continuamente estamos tentados de tirar la toalla, de hacer otra cosa diferente de la que sentimos que nos haría hermanxs… tentados de buscar nuestros intereses y no los de todos”… Le pido que no caiga en tentación… que no caigamos en tentación… ¿Cómo me siento? …

5. COLOQUIO

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Buen samaritano

4 julio, 2022

Online

Lc 10, 25-37

Imagen de AD_Images (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

El doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: 

– “¿Y quién es mi prójimo?”

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: 

– “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”

– “El que tuvo compasión de él” le respondió el doctor. 

Jesús le dijo: 

– “Ve, y procede tú de la misma manera”.

1. SITUACIÓN 

Un hombre que baja de camino. Unos bandidos que le roban y le muelen a palos y lo dejan medio muerto. Esto, incluso hoy, funciona a nivel de países. Hay países bandidos que roban, matan y dejan a la población medio muerta sin fuerzas para reaccionar.

Pasan dos personas religiosas: Un levita que, por ley, no podía oficiar si tocaba a alguien que estaba muerto, con lo cual perdería un tiempo de trabajo y un dinero importante. Tendría que purificarse para poder volver a oficiar. Lo mismo el sacerdote, no podía sacrificar en el Templo si se impurificaba al tocar a un muerto. Estos tenían algún motivo. Pero hoy el no mancharse, el no implicarse, responde a otras motivaciones: rompe mis planes, me puede complicar la vida, me puede meter en líos… Como dice la canción: “Y muchos que lo ven pasan de largo”. Como decía Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. O como dice nuestro papa de la cultura de la indiferencia.

El samaritano realiza varias acciones precedidas de varios verbos: Lo vio y se compadeció (los tres vieron lo mismo). Bajó de su cabalgadura y le prestó los primeros auxilios (aceite y vino). Lo montó en su vehículo. Lo llevó a urgencias (posada). Se quedó con él, pasó la noche. Le dio dinero al posadero, porque todo suponía un costo: la atención, la comida, la cama, etc. Y como tuvo que quedar ingresado, dejó una muestra para que supiera que iba a volver. Un exceso…

“¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del herido?”. Jesús pasa de ¿Quién es mi prójimo? a QUIÉN se hizo prójimo. La decisión está en mis manos, no en las de quien por ley está establecido que sea mi prójimo: mi familia, los míos, los de mi partido, mi pueblo…

2. HACEMOS SILENCIO 

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Vamos a suponer que el apaleado, la víctima, es Jesús… Me sitúo en la escena… ¿Qué puedo hacer por Jesús, por lo mejor que ha pasado por la humanidad?… ¿A quién tengo como amigo desde hace mucho?… Está en la cuneta del camino, parece que es Él, pero como está boca abajo no sé si es… pero si se salva, será una gran suerte para la humanidad… ¿Qué hago yo? ¿Me doy un rodeo, lo miro, le hablo?… Me acuerdo del evangelio: “Cuando te vimos hambriento o herido o desnudo…”

Llegan el levita y el sacerdote que tienen buenos motivos para no tocarle porque se les va a complicar la vida… Les digo que les comprendo, pero les pregunto… “¿Si en vez de suponer que está muerto, partimos de que puede estar vivo?”… Siguen su camino… Yo continúo ahí cerca sin saber qué hacer, estando… ¿Cómo me siento?

En este momento llega un samaritano, un enemigo político, y me sorprende que se pare y comience a hacer algo distinto que mirar… Comienza a hacerse cargo… Me acerco también yo y le acompaño a atender a Jesús, con quien tendré una relación privilegiada en el futuro… A mí sólo no me hubiera salido… Que importante es la compañía de personas que hacen frente a lo inesperado. Una persona buena nos hace buenos… ¿Qué me sale pedir? O agradecer…

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY.  EN ESTA PANDEMIA

Sigo ahí acompañando… Ponemos al herido, a Jesús, en postura adecuada para curarle… Notamos su agradecimiento… Le damos las primeras atenciones, curamos las heridas con aceite y vino… despacio y con cuidado… Lo subimos como podemos al mulo… ¿Cómo me siento?… ¿Qué pido?…

Como veo que el samaritano marcha con el herido, con Jesús herido, le pido que me deje acompañarle… Caminamos juntos a urgencias, a la posada… No hay nadie especialista, hay que estar con Él y cuidarle… le digo que nos turnamos… Así pasamos la noche… parece que el herido evoluciona mejor, que Jesús se recupera… Una persona decidida a hacer el bien: ¡qué fuerza tiene!… Con él voy aprendiendo a sacar la misericordia que llevo dentro, a complicarme la vida por alguien a quien no conozco, a ponerme en el lugar del otro porque ese otro necesita en este momento de mí… Agradezco haber tenido una persona que me contagió…

Sigo en la posada… A la mañana siguiente veo que encarga al posadero que le cuide y le da un dinero… ¿Cómo me quedo? E incluso le dice que si gasta más se lo diga a la vuelta… Me quedo impresionado, es mucho más de lo que yo hubiera hecho… Le agradezco su ejemplo, de corazón, y le digo que me quedo cuidando al herido, a Jesús… Sigo acompañándole… dando gracias por lo que ésta situación ha sido capaz de sacar de mí: La mirada de la misericordia, la que no mira para otro lado… Empezar a implicarme en los imprevistos y por tanto a dar tiempo a algo con lo que no contaba… Sacar de mi la capacidad de compromiso… incluso económico, no sólo de tiempo… Le doy gracias a Jesús por aprender a humanizarme…

5. COLOQUIO

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Los 72

27 junio, 2022

Online

Lc 10, 1-20 

Imagen de Gavilla (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Después de esto escogió también el Señor a otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir.

Les dijo: 

– “Ciertamente la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Por eso, pedidle al Dueño de la mies que mande obreros a recogerla. Andad y ved que os envío como a corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa ni monedero ni sandalias… Cuando entréis en una casa, saludad primero diciendo: ‘Paz a esta casa.’… Al llegar a un pueblo donde os reciban bien, comed lo que os ofrezcan; sanad a los enfermos del lugar y decidles: ‘El reino de Dios ya está cerca de vosotros.’ Pero si llegáis a un pueblo y no os reciben, salid a las calles diciendo: ‘¡Hasta el polvo de vuestro pueblo que se ha pegado a nuestros pies nos lo sacudimos en protesta contra vosotros! Pero sabed que el reino de Dios está cerca…’”

1. SITUACIÓN 

Lucas es el único evangelista que relata la misión de los 72. Acentúa lo universal. 12 es el número de las tribus de Israel. 72 el número de las naciones gentiles según el Génesis. El envío de dos en dos se produce porque el testimonio de uno no vale nada en un juicio y ellos eran testigos del evangelio. La misión no es sólo cosa de los apóstoles, de los Doce, sino abierta a todo cristiano, a los setenta y dos.

Si analizamos algunos rasgos clave vemos que son enviados para anunciar el Reino de Dios, es decir anunciar que Dios ama a esta humanidad y desea habitar en sus personas y que así vivan una práctica de fraternidad. Esto les desea a todos, a los que les reciben y a quienes no les reciban. El mensaje es para todos. La mies es mucha y los obreros pocos. ¿Cuántos millones de personas no han oído hablar hoy la Buena Noticia de que la vida tiene sentido por sí misma, porque la vida toda está llena del Amor de Dios? ¿De que es una suerte descubrir que somos queridos incondicionalmente por el Dios de la Vida? Esto anuncian.

Son enviados como ovejas en medio de lobos. Hay mucha rabia, resentimiento, odio, daño… Hoy en día eso se vomita por las redes, por los modos de relación y también por los intereses de grupos especializados en mentir y difamar. Por tanto algo nos tocará pasar a la Iglesia. Otros están especializados en matar, por guerras o por sicarios. Por eso no podemos ir de ingenuos ni pensando que vamos a ser capaces de ver lo bueno; si bien es cierto que otras veces nos sorprendemos de la bondad de algunas personas y grupos.

Van sin bolsa, alforja ni sandalias. Es decir, nuestra persona, nuestra palabra, nuestro modo de vida, serán los “instrumentos” que evangelicen. Como diría San Ignacio: “Los instrumentos que unen a la persona con Dios” son la clave. Y no escatimó en medios externos: “Llevad la paz, a las casas, a los pueblos, “el shalom”, la paz de Dios. Curad a los enfermos, sanad las heridas, aquellas que no les dejan vivir, las heridas del alma”. Y esta vez les fue bien. Pero más importante que el éxito pastoral, es que sus nombres, nuestros nombres, están escritos en el cielo. Para Dios tenemos un nombre, Él conoce nuestro nombre.

2. HACEMOS SILENCIO 

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en esta escena del evangelio, como si presente me hallase. Veo a Jesús llamando a setenta y dos en la frontera con Samaría, en una zona de arbolado, al comienzo del día… Estoy mirando la escena… Jesús va pidiendo colaboración, a este, a aquel… a mí… ¿Cómo me siento? ¿Qué me sale agradecer?… Me tomo mi tiempo.

Con ellos, en ese lugar, escucho a Jesús que nos dice: “La mies es mucha y los obreros pocos. Por eso, pedidle al Dueño de la mies que mande obreros a recogerla”… Hay mucho bueno sembrado por aquel mundo y no hay quien lo recoja… Observo la escena donde Jesús ve la cosecha que deber ser recogida. Quizás los 72 sólo ven la dificultad de conectar con los samaritanos: la cosecha a recoger según Jesús… y yo con ellos… Escucho y pido confiar…

Sigo escuchando a Jesús que plantea un estilo de hacer para que la misión sea creíble: “Os envío de dos en dos, no en solitario, así os protegéis, os complementáis y sois testigos”. Saboreo sus palabras… “No llevéis bolsa, ni monedero, ni sandalias”… En total disponibilidad, también económica… Libres para anunciar el evangelio sin cortapisas… Me tomo mi tiempo… Me acuerdo de los medios de los que dispongo… ¿Me siento libre de ellos?… ¿Confío más en ellos que en mi forma de vivir?… Me tomo mi tiempo… Saboreo sus palabras.

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY.  EN ESTA PANDEMIA

Jesús conoce las situaciones de conflicto y prejuicios entre los judíos, galileos y samaritanos. Es consciente de que si nos identifican con uno de los grupos vamos a tener problemas con los otros. Nos dice: “Os envío como ovejas en medio de lobos… No es bueno vivir amedrentado ni ser ingenuo”… Se lo pido… Jesús sigue: ”Cuando entréis en una casa, saludad primero diciendo: Paz a esta casa. Vais en son de paz”… Resuenan en mí las palabras de Jesús resucitado, paz a vosotros… Saboreo la paz en medio de la conflictividad… Voy pasando sus palabras por mi corazón…

Ahora se dirige más personalmente a mí: “Yo te envío también a ti, para que vayas sanando todo lo inmundo, todo lo inhumano, todo lo que deshumaniza”… Sana heridas… Participa en mi misión… Me tomo mi tiempo… Continúa: “Lleva la esperanza, anuncia que el Reino de Dios está cerca. Que Dios está amándonos hasta el extremo… Que nos quiere… Di esto al que te escuche y también a quien no te reciba”… Saboreo esa preciosa misión que recibo… La hago mía, la agradezco…

Así llego a mi lugar de vida, a los míos cercanos, a mi trabajo, ataviado con mi estilo de vida que desea vivir conectado con Jesús… Me encuentro con los míos. Me sale desearles que vivan con paz, que saboreen la vida, que salgan de sí mismos para poder madurar y saborear la verdadera vida… Les deseo que quien les habita y no cabe en el universo, que es pura entrega servicial, sea alguien a quien experimenten y lo manifiesten con su vida… y veo que es bueno… Busco hacerme entender desde mi experiencia… Sigo deseando tanto bueno…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Seguimiento

20 junio, 2022

Online

Lc 9, 57-62

Imagen de Jao Campoz (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: 

– “¡Te seguiré adonde vayas!”. 

Jesús le respondió: 

– “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.

Dijo a otro: 

– “Sígueme”. 

Él respondió: 

– “Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre”. 

Pero Jesús le respondió: 

– “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios”.

Otro le dijo: 

– “Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos”. 

Jesús le respondió: 

– “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

1. SITUACIÓN 

Este relato se sitúa en el momento en que Jesús se afirma en la voluntad de subir a Jerusalén. Toma una decisión clave en su vida. Parece querer decir que lo que ha hecho junto al lago, en su tierra de Galilea, ahora lo va a llevar a cabo en el Centro religioso fundamental de Israel, en Jerusalén, sabiendo que “ningún profeta muere fuera de Jerusalén”. En este contexto se dan varias respuestas al seguimiento a Jesús: radicales, mediocres, de comenzar y no seguir, etc… Son respuestas proféticas, por eso son tan drásticas. Van en la línea de dejarlo todo para seguir a Jesús, algo que aparece muchas veces en el evangelio.

La primera respuesta es de total disponibilidad, en la que Jesús advierte contra la buena voluntad sin más trasfondo y la ingenuidad: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. Las otras dos tienen que ver con la familia, con los lazos de sangre que son los que unen más afectivamente. Por entonces, eran los que daban estabilidad vital, ya que el clan nunca dejaba abandonado a ninguno de sus miembros. “Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre”, es decir: “Cuando muera mi padre, entonces te seguiré”. Así también: “Permíteme antes despedirme de los míos”, es decir: seguir teniendo a mi familia a la par del seguimiento. Por eso la respuesta de Jesús les sitúa, les marca dónde poner la prioridad. Por supuesto que la atención a la familia es importante: Jesús, sobre todo, la practica con su madre. Pero… ¿es la familia para el Reino de Dios o es el Reino de Dios para la familia?

Recordemos a Ignacio de Loyola: “Y todas las cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el ser humano, para que le ayuden a alcanzar el fin para el que es criado”. Y esas “cosas” son todo lo necesario para la vida, aquello sin lo cual no podemos vivir: respirar, beber, afecto, el tiempo, el dinero… todo vivido en conexión con Dios Amor verdadero y en las actividades de la vida diaria con disponibilidad.

2. HACEMOS SILENCIO 

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE: VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Hace poco tiempo que Jesús ha tomado la decisión de ir a Jerusalén, lugar donde mueren los profetas. Me sitúo con Jesús y los Doce… Caminando hacia Jerusalén y ya en la frontera de Galilea con Samaria son mal vistos, no les dan alojamiento, les mandan dormir al raso… Todo ello porque van a Jerusalén y los samaritanos son enemigos de los judíos. Por tanto, el que va a Jerusalén es que es amigo de sus enemigos… Comienzo a conocer los tremendos prejuicios de los pueblos vecinos, incluso los que provienen del tronco común… Acompaño a Jesús que asume la situación…

Me sitúo caminando hacia Jerusalén como si presente me hallase, a primera hora de la mañana, con los doce y el grupo de discípulos… En un momento, uno de ellos se dirige a Jesús y le dice: “¡Te seguiré adonde vayas!”… Jesús se le queda mirando y le responde: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. Te lo digo porque nos ha pasado. Es bueno que lo sepas, el seguimiento tiene consecuencias.” Escucho… Pido tener esa disponibilidad no ingenua… Me tomo mi tiempo.

Mirando alrededor Jesús se dirige a otra persona que está en el grupo y le dice: “Sígueme”. Y la persona asiente, pero pide tiempo: “Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre”. Es decir, cuando muera mi padre te seguiré… Me doy cuenta de las resistencias que tenemos las personas. “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios“… “Esto es urgente, lo principal”. Entiendo que pide disponibilidad total. ¿Cómo me siento?… ¿Qué me sale pedir?…  

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY.  EN ESTA PANDEMIA

Otra persona del grupo dándose cuenta de la importancia de lo que Jesús pide, le dice: “Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos”… En definitiva, seguir teniendo a su familia como principal referencia… Escucho de nuevo a Jesús: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”… Algo en mí reconoce que uno no puede estar permanentemente mirando lo que dejó… Repito lo de Jesús, a ver si voy haciéndolo mío en mi seguimiento…

Jesús sigue mirando a las personas para conocer los deseos de quienes le siguen y en esto topa con mi mirada y se dirige a mi: “¿Y tú?”… Yo, que me siento atado a tantas cosas, con tantos miedos, indecisiones, debilidades… Me quedo un poco bloqueado sin saber qué contestar… Y Jesús: “Es bueno que te aclares, que digas qué quieres. Viviremos situaciones maravillosas, pero también asumiremos riesgos, rechazos, persecuciones… Fortalece tus motivaciones… Yo estoy contigo”… ¿Cómo me quedo? ¿Qué le pido?…

Me quedo a solas con Jesús un momento y aprovechamos para hablar de cómo entrenar las motivaciones, qué hacer para mantenerlas en el tiempo ó para no ceder al desánimo… Me dispongo a escuchar: “Sólo quien ha vivido algo parecido a sentirse querido por Dios, puede apuntarse al seguimiento. Quien quiera ir conectado a ese Dios amor-perdón descubierto puede dialogar a diario con Él, puede tomar decisiones unido a Él, puede sentirse unido en fidelidad en las dificultades”… Así lo deseo.

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Pan partido para la vida del mundo

14 junio, 2022

Online

Lc 9, 11-17

Imagen de Timur Weber (Pexels)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

La multitud se dio cuenta y lo siguió. Él los recibió, les habló del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados.

Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: 

– “Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto”.

Él les respondió: 

– “Denles de comer ustedes mismos”. 

Pero ellos dijeron: 

– “No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente”. 

Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: 

– “Háganlos sentar en grupos de cincuenta”.

Y ellos hicieron sentar a todos. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Curiosamente este texto no es propiamente el texto de la institución de la eucaristía en la última cena y, sin embargo, está colocado como texto del Corpus Cristi. Lo cual quiere decir que lo que sucedió aquel día de los panes, en aquel campo, tiene relación directa con la última cena, con la eucaristía. ¿Cuál es su significado? Para comenzar, la multiplicación de los panes es el único milagro que se narra en los cuatro evangelios.

En el evangelio de Lucas, en los textos anteriores al que hoy contemplamos, se preguntan constantemente quién es Jesús. Por ejemplo, quién es para Herodes, quién para la gente, etc… Ahora, con este texto, responden así: “Aquel que alimenta la vida del Pueblo”. Del mismo modo que Moisés dio de comer a su pueblo en el desierto (el maná, las codornices), del mismo modo que los profetas Elías y Eliseo multiplicaron la harina y el aceite, Jesús se presenta como el alimento pleno del Pueblo.

¿Cómo alimentar la vida del pueblo? La respuesta la descubren en el signo de los panes: Jesús no es quien reparte el pan, sino que Jesús es pan que se reparte“Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, esta es mi sangre que se derrama por vosotros”. No reparte el pan, Él es el pan que se reparte. No da tanto lo que tiene, sino que da lo que es: “Yo doy a comer mi Cuerpo y a beber mi sangre”. Pan partido por la vida del mundo y sangre derramada para hacer posible la vida. Y nosotros en el signo de comulgar nos hacemos uno con Él para convertirnos en personas que se reparten. Pasamos de poner el acento, en el día del Corpus, en la presencia verdadera de Cristo en la eucaristía, a ponerla en hacerme uno con Él, en convertirme en lo que recibo para hacer lo mismo que hace Él.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me hago presente en la escena con Jesús… Recuerdo que, en todo este tiempo que va recorriendo Galilea llevando adelante la misión, ha curado a la hija de Jairo, a la mujer de los flujos, ha enviado a los doce a predicar… y todo ello sabiendo que Herodes le está buscando y que ya antes había matado a Juan… En este ambiente es en el que me sitúo con Jesús, que quiere retirarse para tomar un poco de distancia, asimilar lo vivido, hacer silencio en su corazón y ver para qué le quiere Dios en esta situación… Le acompaño y gozo con su compañía y la de los suyos…

La multitud, que está entusiasmada, no quiere dejar de estar con Él, pues atiende sus necesidades fundamentales… Yo estoy presente cuando esto sucede: ”Les acogió”… Miro sus caras: les ha hecho sentirse alguien… “Devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados”… Me dicen que notan de nuevo la cercanía de Dios… “Les habló del Reino de Dios”… Es decir, dio sentido a sus vidas, un para qué vivir… Observo rostros de alegría… Cómo me siento…

Ya anochece… Cuando se está a gusto pasa el tiempo sin enterarse… Escucho a los discípulos decirle a Jesús: “Despide a la gente que vayan a sus casas que cae la noche”… Jesús les contesta: “Dadles vosotros de cenar”… ¿Les despedimos o nos implicamos? Miro a los Doce que comentan: “Sólo tenemos cinco panes y dos peces”… Jesús les dice: “Vamos a poner nosotros todo. Se trata de poner todo lo que tenemos… Es de noche pero nadie tiene ganas de marcharse… Aquí está sucediendo algo inaudito. Aprovechemos para saborear el momento… sin prisa… Deseo vivirlo con intensidad…

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY.  EN ESTA PANDEMIA

Escucho a Jesús dirigirse a los Doce: “Hacedles sentar por grupos de cincuenta”. Entonces animan a la gente a que tomen asiento y se organicen en grupos y yo con ellos… Vemos que se trata de pasar de ser masa a ser personas organizadas en grupos… Aprendo el arte de la organización para mejor repartir y que llegue para todos, que todos aporten y se responsabilicen.. Todos responden, confían… Da gusto… Disfruto de este momento único…

Vuelvo donde Jesús que toma a los Doce junto a sí, también a mí, nos enseña a bendecir… y a repartir lo nuestro: “Mi poco pan y mi poco pescado”… Los voy entregando con los Doce para que llegue para todos… Vamos grupo por grupo… Parece imposible, pero en todos están comiendo… Noto el ambiente tan formidable que se está creando y me tomo mi tiempo para observar y disfrutar de la relación, de la alegría, de la comida compartida… ¿Cómo me siento?

Jesús nos reúne y nos explica lo que está sucediendo: “Se trata de alimentar a este pueblo con el pan y el pescado… Pero sobre todo se trata de ser alimento uno mismo. Con la palabra, la sanación, la organización y sobre todo, la entrega incondicional”… Seguimos escuchando: “No somos los que repartimos el pan, sino que somos el pan que se reparte. No se trata tanto de dar lo que tenemos, sino de dar lo que somos. Pan partido para la vida del mundo y sangre derramada para hacer posible la vida”… Escucho sin perder palabra a fin de acordarme en mi día a día…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Trinidad

6 junio, 2022

Online

Jn 16, 12-15

Imagen de Buecherwurm_65 (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

“Tengo mucho más que deciros, pero en este momento sería demasiado para vosotros. Cuando venga el Espíritu de la verdad os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que oye y os hará saber las cosas que van a suceder. Él me honrará, porque recibirá de lo que es mío y os lo dará a conocer. Todo lo que tiene el Padre, también es mío; por eso os he dicho que el Espíritu recibirá de lo que es mío y os lo dará a conocer.”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Años atrás se reflexionaba sobre la Trinidad desde la Filosofía: ¿Quién es Dios? Y se deducía: El omnipotente, el omnisciente, el omnipresente… Pero si queremos saber quién es el Dios de Jesús tenemos que emplear otro método, partir del evangelio, de lo que Jesús nos dice, de su experiencia. En el texto del evangelio de hoy vemos que todo lo del Padre es suyo y nos recuerda que cuando venga el Espíritu de la verdad nos guiará a la verdad plena. Aparecen Padre, Hijo y Espíritu en una plena unidad, Comunidad de Amor. La Trinidad apunta a que Dios es relación, no alguien solitario.

La Trinidad, nuestro Dios Amor, nos hace partícipes de esa comunidad de amor. De hecho vivimos al interior de Dios, de una Comunidad Viva que nos abraza, que nos sostiene y nos cuida. Una Comunidad que nos quiere en comunión con ella. Una Comunidad que nos ha creado a su imagen con capacidad de relacionarnos amorosa y servicialmente con los demás. Estamos zambullidos en el amor de Dios que nos une, como gotas de agua en el océano. Toda la realidad sabe a Trinidad, “llenos están el cielo y la tierra de tu gloria” decimos cuando recitamos el Santo.

Ser cristiano es sentirse viviendo al interior de esa Realidad Comunitario-amorosa de Dios, sentirse creado y criado por El, descubrir nuestro parecido con Él, con la Comunidad de Amor. Como los hijos se parecen a los padres, los humanos hemos salido a Dios-Amor. Estamos en Dios y Dios nos habita. “No soy yo, es Cristo quien vive en mí” dirá Pablo… Se trata de mantenernos conectados a Él para dejar que entren en nuestra vida sus deseos de fraternidad. Eso nos llevará a vivir en Él nuestras relaciones interpersonales y nuestras relaciones sociales, hasta que Dios sea todo en todos.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Entro en el texto y me sitúo en el Cenáculo, en ese espacio de intimidad, en ese ambiente de emoción contenida. Estoy reunido con Jesús, los Doce y las mujeres que lo siguen. Me uno al silencio de la noche y sobre todo a la persona de Jesús que les está abriendo su corazón y les cuenta lo que lleva en lo profundo de sí… Me siento en un espacio sagrado… ¿Cómo estoy viviendo este momento? Me tomo mi tiempo… Saboreo el momento…

Comienzo a escucharle: “Tengo mucho más que deciros, pero en este momento sería demasiado para vosotros”… Miro a Pedro, a María… Tengo la impresión de que les suena a despedida… Les miro y descubro un halo de tristeza… Noto que Jesús se da cuenta de la carga que soportan los hombros de sus discípulos y sólo les cuenta lo que pueden comprender… Le agradezco que conozca tan bien a las personas, que me conozca tan bien…

Jesús continua: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad”… Escucho a Juan que les comenta: “Comienzo a comprender que ese Espíritu que aleteaba al comienzo de la creación es el Espíritu que ha llenado de Vida a Jesús y que cuando Él termine sus días será nuestro guía”… Parece que intuyen algo novedoso, algo que suscita esperanza… ¿Cómo se quedan?… ¿Y yo? Me tomo mi tiempo.

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY.  EN ESTA PANDEMIA

Le sigo escuchando a Jesús con toda atención: “El Espíritu no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que oye y os hará saber las cosas que van a suceder”… Los discípulos le preguntan a Jesús: “¿Y cuando no estés?”. Escucho: “Os enviaré el Espíritu Santo… La Fuerza del Padre a vuestras vidas… Así lo experimentaréis y aprenderéis a hacer frente a las nuevas situaciones con las que la vida os sorprenda”… Comprendo que el Espíritu será mi brújula para orientarme en las situaciones concretas de la vida… Le doy gracias de corazón… Repito sus palabras para que se graben en mi…

Continúa hablando: “Todo lo que tiene el Padre, también es mío; por eso os he dicho que el Espíritu recibirá de lo que es mío y os lo dará a conocer”… Noto cómo Jesús quiere que sus cercanos se puedan zambullir en la experiencia de Dios Abbá-papá-aita de quien todo proviene, en la experiencia del Hijo, hermano de todos y en el Espíritu, quien les va a guiar y alentar como condujo a Jesús durante toda su vida… ¿Cómo me siento? ¿Qué me sale agradecer o pedir?… Me tomo mi tiempo.

Jesús me mira y me llama a vivir esta experiencia del Dios comunidad de amor en esta sociedad que hoy me ha tocado en suerte. Escucho a Jesús: “Como nosotros somos uno y una relación de amor, así también sed vosotros esa comunidad de amor en vuestra cultura”… Le cuento a Jesús que nuestra cultura es diversa, interreligiosa, intercultural… De nuevo me dice: “Vive conectado a mí para ser una verdadera familia”… Le pido que en la familia, en la escuela, en lo laboral seamos como una familia… ¿Cómo me siento? Me tomo mi tiempo…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Pentecostés

30 mayo, 2022

Online

Jn 20, 19-23

Imagen de Liza Summer (Pexels)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

– “Paz a vosotros”.

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

– “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.

Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

– “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Estamos en Pentecostés, terminando el tiempo pascual. En tiempos de Jesús era una fiesta judía que recordaba la alianza del Sinaí y era celebrada 50 días después de la Pascua. Hoy los cristianos la celebramos como el nacimiento de la nueva comunidad de seguidores de Cristo.

Juan describe Pentecostés en la única aparición a los apóstoles. Estaban “en el cenáculo con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. Habían matado a su líder y ellos corrían la misma suerte. Estaban viviendo lo que los entendidos definen como trauma extremo. Pero es precisamente entonces cuando experimentan la presencia del ejecutado, vivo. A eso llamamos apariciones. Llega de improviso, sorprendentemente, increíblemente real pero totalmente inexplicable. En medio de ellos algo totalmente nuevo sucede. Lo que nunca había acontecido: Jesús sigue vivo y Su vida la sienten, vive en ellos.

Es el primer día de la semana, como en el génesis que en medio del caos el primer día aparece la luz. Jesús aparece en medio del caos, del miedo, como una presencia que no lleva cuentas: “Paz a vosotros” y lo tiene que repetir porque no se lo creen de la alegría…”Paz a vosotros”. Además les da una misión: “Recibid el Espíritu Santo, tenéis toda autoridad para perdonar” y por medio de vosotros que llegue el perdón a tantos. Este texto está calcado del texto en que el rey David dio plena potestad sobre sus bienes al mayordomo de su palacio: A quien abras la puerta… a quien cierres la puerta… Ahora Jesús, con la misma fórmula (“A quienes perdonéis… a quienes retengáis…“) les da a los apóstoles la plena potestad para perdonar.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Comienzo esta contemplación haciéndome presente en el texto, entrando con la imaginación… con todo respeto, situándome en el cenáculo, entre los 12. Cerca están también las mujeres que seguían a Jesús, entre ellas su madre… Miro sus caras, desencajadas… Hay un silencio que se corta… Paso un rato así, acompañando a los fracasados llenos de culpa por haber dado palabra de seguir a Jesús y haberle abandonando a la hora de la verdad… Están todos juntos para protegerse… Me tomo mi tiempo para acompañar a los perseguidos y culpabilizados…

En esta situación sucede lo nunca acontecido: vemos cómo le descubren Vivo en sus Vidas… Quedan llenos de una alegría indescriptible. VEO, miro la cara de admiración, desconcierto, incredulidad, miedo… de los Doce… ESCUCHO la palabra de Jesús: “Paz a vosotros…” El ambiente cambia radicalmente… ¿Estamos soñando? No se lo creen de la alegría… SABOREO el momento tan consolador que estoy viviendo con ellos… y AGRADEZCO. Me tomo mi tiempo…

Sigo escuchando a Jesús interiormente sin perderme detalle, noto cómo exhala su aliento sobre ellos y les dice: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo, os envío a perdonar“… Descubro una alegría inmensa en los apóstoles por la misión y por el perdón del que crucificaron… La venganza ha sido definitivamente vencida, Jesús perdona en lugar de vengarse… Siento una alegría enorme… Pido poder vivir esa capacidad de perdonar de Jesús…

4. JESÚS Y YO. ME  SITÚO EN EL HOY.  EN ESTA PANDEMIA

Situado en este ambiente del cenáculo, con Jesús y sus discípulos, siento que yo también soy habitado por la Vida resucitada… Voy conectando con lo más íntimo de mí… y con Jesús que se dirige personalmente a mí: “Como el Padre me ha enviado, así también te envío yo. Recibe el Espíritu Santo y con Él, la capacidad de perdonar”… Me quedo asombrado de su capacidad de perdonar y de la misión que me plantea… Cómo me siento… Qué me sale pedir.

Me siento llamado a descubrir a quién perdonar que me haya hecho daño… recuerdo algún daño que me hayan causado… lo que me ha afectado… las consecuencias que ha tenido en mi vida… y voy recordando las palabras de Jesús: “paz a vosotros”… Me acerco con la imaginación a darle la paz a esa persona… Sigo deseando perdonar… Me doy cuenta de que tengo algo contra mí que tampoco me he perdonado… mis incongruencias… las decisiones en las que he antepuesto mi interés… y he quedado mal… Descubro la palabra de Jesús: “Paz a vosotros, paz a ti que no te perdonas a ti mismo”… Gozo con su deseo para mí… Me tomo mi tiempo.

Voy descubriendo el sentido de pentecostés: PERDONAR. “A quienes perdones los pecados, les quedan perdonados…” Con Jesús, víctima perdonadora, y en su nombre, me uno a tantas víctimas como Él, para dar la cara con ellas en esta sociedad… Le recuerdo lo que hoy en la sociedad pedimos para las víctimas: verdad, justicia y reparación… además de esto, les digo a las víctimas: “Ojalá podáis sentir la fuerza que restaure vuestras vidas… y así, podáis perdonar como Jesús perdonó”… Pido poder contribuir a una cultura nueva de la reconciliación social… Me tomo mi tiempo…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Ascensión

23 mayo, 2022

Online

Lc 24, 46-53

Imagen de Div_IV (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Jesús añadió: 

– “Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto”.

Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios…

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

¿Qué nos quiere decir Lucas con este texto? Para Lucas resurrección y ascensión suceden el mismo día, y para hablar de esa novedad de Jesús, de eso que han experimentado, necesita emplear términos nuevos y algunos conocidos, porque la experiencia es tan rica que no se puede abarcar sólo con una palabra. Por eso usa resurrección, glorificación y ascensión. Con ellas quiere expresar que el final del hombre Jesús no fue la muerte, sino la Vida.

La ascensión parte de una comprensión del mundo que vivían en tiempo de Lucas: El cielo es el lugar habitado por la divinidad, la tierra el de los seres vivos y el abismo (infraterra-infernus) el lugar habitado por el maligno. Por tanto el Verbo “baja”, salva lo humano y lo inhumano y “sube”, tras salvar todo, al lugar de donde partió.

Analizando varios aspectos del discurso vemos que, en primer lugar, “el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día.” Es decir, los trabajos del Reino del Amor y la fraternidad, al estilo de Jesús, conllevan sufrimiento. Además pueden acabar como acabó Jesús. Pero son vida y terminan en la Vida. En segundo lugar, “predicar a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.” Es decir, Dios perdona, me perdona y perdona a quienes lo mataron; por eso sabiendo que Dios no lleva cuentas, les pide a los habitantes de Jerusalén: “Convertíos porque Dios quiere perdonar y desea que comencéis una nueva vida.” Por último, podemos deducir que el Cielo más que un lugar es una relación. Si en la tierra nos relacionamos misteriosamente con la divinidad, esa relación continuará… ¿Cuánto tiempo más? El resucitado seguirá saliendo a nuestras vidas todos los días hasta el final de los tiempos desde el lugar al que ha llegado.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Comienzo esta contemplación uniéndome al grupo de los Doce y las mujeres que quieren hacer una celebración de despedida del Jesús terreno. Ya no está, pero quieren agradecer su vida regalada recordándose unos a otros: “Vivimos con Él y nos llenó la vida de sentido… No pudimos despedirnos de Él, más bien Él se despidió de nosotros en la última cena… Para despedirnos elegimos un espacio abierto, camino a Betania, no lejos de Jerusalén… Hacemos una oración de acción de gracias: Tú nos has fascinado, nos has hecho recuperar la ilusión, cuando hemos estado contigo hemos cambiado de raíz… eras Vida… y esa Vida ha entrado en nosotros… Gracias”… Me tomo mi tiempo y saboreo lo que estamos viviendo en grupo…

Pero de repente, nos sentimos sorprendidos por su presencia Viva, que notamos en nuestro interior como una fuerza vital. Todos sentimos estas palabras ”el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día”… Miro a Pedro y a los demás. Les noto sintonizando con esas palabras y con la fuerza de seguir adelante cuando llegue el sufrimiento, algo normal en el camino de su seguimiento… Lo mismo que lo es en la vida, de la familia o de los amigos, el sufrimiento por hacer el bien… Pido yo también afianzarnos en Él y sus palabras… y afianzarnos con la Iglesia naciente…

También descubro la sintonía que existe en ese grupo de los Doce y las mujeres, y yo siento también lo mismo: “En su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados”… Jesús sigue instruyendo: “Comenzad perdonando, decid a quienes me mataron que Dios no les lleva cuentas… pero que estaban equivocados… Vuestras vidas desarmadas lo muestran… No vais a vengaros ni a maldecir…. Decidles que Dios les da otra oportunidad, que se conviertan, que se den la oportunidad de conocer a Jesús y al Dios misericordioso que anuncié para su bien y el de tantos”… Aprovecho para repetir sus palabras a fin de quedarme con ellas…

4. JESÚS Y YO.

Noto que Jesús resucitado nos va mirando a cada uno-a y nos da una misión… Escucho interiormente una voz: “Sed mis testigos, sé mi testigo… testigo del amor servicial y de la fraternidad, testigo de mi vida resucitada… testigo de que estoy tratando de hacerme presente en las personas”… Le digo a Jesús: “Este anuncio es muy contracultural… porque es testimoniar a favor de Alguien excluido por la autoridad”… Le pido poder ser testigo en mi ciudad, en mi localidad… que lo haga con toda vitalidad y convencimiento…

Aprovecho este momento de diálogo con Jesús para preguntarle “qué palabras emplear para ser testigo… qué decir para hacerme entender… qué experiencia vivida me gustaría testimoniar… si tengo algo que me convence a mí mismo para comunicar… qué dificultades puede encontrar mi mensaje en las personas que conozco”… Comienzo a escribirlo para ir aprendiendo a decir las palabras adecuadas para comunicar esa experiencia tan verdadera…

Parece que Jesús quiere despedirse de este encuentro de hoy… Me sitúo con los demás para recibir Su bendición, su cercanía y su abrazo Pascual…  Lo hace personalmente con cada uno-a… me lleno de alegría cuando lo recibo… Pregunto si esto se acaba aquí… Me mira sonriente y me dice: “¿Una madre abandona alguna vez a su hijo?… pues así soy Yo… os tengo para siempre… seguiré a una con vosotros, haciéndome presente en vuestras vidas hasta el fin de los tiempos”… No quepo en mí de gozo por su permanencia en nosotros… Me tomo mi tiempo para saborearlo…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

La paz os doy

16 mayo, 2022

Online

Jn 14, 23-29

Imagen de Pixel2013 (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Jesús respondió: 

– “El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que vosotros escuchasteis no es mía, sino del Padre que me envió. Yo os digo estas cosas mientras permanezco con vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, os enseñará todo y os recordará lo que os he dicho. Os dejo la paz, os doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No os inquietéis ni temáis! Me habéis oído decir: “Me voy y volveré a vosotros”. Si me amaseis, os alegraríais de que vuelva porque el Padre es más grande que yo. Os he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, creáis.”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

En este discurso de la última cena cabe destacar varios aspectos. El primero de ellos es que vivamos conectados a nuestra Fuente. Dios siempre nos habita, el asunto es que el otro polo de la relación, cada uno de nosotrxs, esté abierto a la conexión para que la luz se encienda en nuestra vida. En ese sentido, “vendremos a él y haremos morada en él”, ya Dios está presente. Como diría San Agustín: “Interior intimo meo” o como dice San Pablo: “En Dios vivimos, nos movemos y habitamos” y “Somos Templos del Espíritu Santo.”

En segundo lugar, el Espíritu, el defensor, el que nos habita “os enseñará todo y os recordará lo que os he dicho”. Su Espíritu habita toda la realidad, como nos recuerda el Génesis: “La tierra era un caos y el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas”. Dios lo habita todo. Por eso Dios, el ser humano y el cosmos, diría Panikkar, quedan abrazados. La realidad es relación. Ese Espíritu de Dios habita todo pero no se agota en esa relación.

Y por último: “Mi paz os dejo, pero no como la da el mundo” (que la vivimos como ausencia de guerra, como ausencia de enfermedad, como ausencia de dolor, como ausencia de oscuridad, etc.) sino la que da Jesús que no depende de que todo vaya bien. Es la paz que se puede vivir en el conflicto, en la enfermedad, en la inseguridad, en la guerra. Es SU paz, que nadie ni nada nos la puede quitar cuando habitamos en Él.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Entro en el texto, en el mismo escenario de la Cena, en ese espacio de intimidad, a la luz del candil de aceite, en ese ambiente de emoción contenida, reunido con Jesús, los Doce y muy posiblemente con las mujeres que lo seguían… Me uno al silencio de la noche y la emoción del presente… Me tomo mi tiempo… Descubrimos que es el tiempo en que Jesús abre su corazón a los suyos… entre los que me encuentro… Saboreo el momento.

Recuerdo que Jesús nos ha hablado del mandamiento nuevo… Miro la atención que prestan  los suyos… porque tienen la experiencia de haberse sentido amados hasta el extremo… Y ahora Jesús les dice “si estáis llenos del amor, también me amaréis y seréis fieles a mi palabra”… Hay un asentimiento expreso, así percibo que lo viven los apóstoles y así deseo vivirlo también yo… Agradezco la oportunidad de estar presente… Deseo de corazón vivir así mi unión con Él…

Sigue Jesús: “Al que me ama iremos a Él el Padre y Yo y haremos morada en él”… Miro como los suyos le han ido haciendo sitio en sus vidas, con buena voluntad y con corazón y en la medida de sus posibilidades… Veo cómo conectan, como se sienten unidos a Él… Les miro y deseo también poderlo vivir desde mis mejores deseos y mis limitaciones… ¿Cómo me siento?… Me tomo mi tiempo.

4. JESÚS Y YO.

Le sigo escuchando a Jesús con toda atención. “Ya no seguiré con vosotros… pero os enviaré el Espíritu Santo… la Fuerza del Padre a vuestras vidas… así lo experimentaréis y aprenderéis a hacer frente a las nuevas situaciones con las que la vida os sorprenda”… Comprendo que será mi brújula, mi intuición profunda, mi corazonada para situarme conectado con la realidad… Le doy gracias de corazón… Repito sus palabras para que se graben en el corazón…

En esa escucha sigo haciendo mías sus palabras: “La paz os dejo, os doy mi paz pero no como la da el mundo”… Voy intuyendo qué clase de paz es. Le pregunto a Jesús si su paz es aquella que nos habita y que me habita, que nadie me la puede quitar pese a los vaivenes de la vida, pese a los miedos que me atenazan, pese a situaciones duras que me desbordan… Me mira con aprecio y me responde que sí… Me tomo mi tiempo para disfrutar de esa paz…

En esa situación de intimidad con Jesús y los suyos, me mira con especial atención y me desea: “Que vayas acertando a vivir en esa paz que proviene de nuestra relación de confianza”… Le cuento alguna vez que la he vivido así, cuando he tomado una decisión que he sentido era la verdadera pero que me iba a traer dificultades, o soledad, pero he vivido con paz sus consecuencias… Le doy gracias por su presencia permanente en mi vida sobre todo en esas situaciones… ¿Cómo me siento?…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Amaos los unos a los otros como yo os he amado

9 mayo, 2022

Online

Jn 13, 31-35

Imagen de Coombesy (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Después que Judas salió, Jesús dijo: 

– “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Otros me buscarán, pero yo os digo ahora lo mismo que dije a los judíos: A donde yo voy, vosotros no podéis venir. Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros. En esto todos reconocerán que vosotros sois mis discípulos: En el amor que os tenéis los unos a los otros”.

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Estos capítulos del discurso de la cena son una catequesis donde Jesús expresa lo que vive, siente y desea. Juan los coloca en el lugar de las despedidas, tras la cena, por tanto es un texto eclesial: Jesús se dirige a la que va a ser la Iglesia. Y comienza con la gloria. La gloria de Jesús sería la resurrección, el Padre le glorifica al resucitarle. Pero en Juan su glorificación es en la cruz, ahí muestra verdaderamente quién es: La persona fiel  hasta el extremo, fiel al Padre y a su causa: la fraternidad

Por eso no es raro que coloque el mandamiento del amor (hasta el extremo) en relación con el tema de la gloria. “Os doy un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán que sois mis discípulos”. Este es el marketing primordial del cristiano: “Mirad cómo se aman”. La Iglesia no está primeramente llamada a ser ni una organización poderosa, ni un grupo influyente, ni un grupo con una sólida doctrina… sino el espacio donde hay amor fraterno. Donde hay amor fraterno, allí hay Iglesia.

Les sitúa también: “A donde yo voy, vosotros no podéis venir”. No es en un primer momento cuando los apóstoles le siguen a Jesús, sino a la segunda, a la tercera, etc. Después de fallarle y recibir otra oportunidad. Sólo así, siendo perdonados, recibiendo otra oportunidad, es como van a seguirle hasta el final. Si no les hubiera dado otra oportunidad, sin perdón, no habría habido Iglesia.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Entro en el texto, de modo que lo viva y lo experimente yo hoy… Lo hago uniéndome respetuosamente a la situación que están viviendo Jesús y su grupo. Me hago presente en ese espacio llamado cenáculo, con Jesús, los Doce y, es posible que, con las mujeres que lo seguían; en torno a una mesa baja, recostados de lado para cenar y ahora atentos a las palabras, las últimas, de su maestro… Pongo toda mi atención en este momento que vivo, lo hago mío… Cómo me siento…

En ese espacio, a la luz del candil de aceite, huelo el aroma de la cena… pero sobre todo huelo el ambiente de emoción contenida creado por Jesús… Escucho atento a las palabras que salen de su boca: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado”… Escucho a los apóstoles decir: “Este es el momento de la victoria”… pero Jesús les está comentando: “Esta es la Hora de amar hasta el extremo, de entregar la vida… de la cruz… Esta es la gloria: Dar la vida sin odio, con perdón”… Cómo me quedo al constatar esa diferencia de comprensión del momento… Pido vivir al estilo de Jesús…

Jesús sigue “Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con vosotros. Vosotros me buscaréis, pero yo os digo ahora lo mismo que dije a los judíos: A donde yo voy, vosotros no podéis venir”… Estoy con los Doce que no comprenden sus palabras, tampoco yo… porque desde las expectativas del triunfo es muy difícil comprender las expectativas del amor… Miro mis expectativas que muchas veces van más en línea de conseguir prestigio, poder, estatus… Cómo me siento… Pido vivir en la onda de Jesús… Me tomo mi tiempo.

4. JESÚS Y YO.

Sigo escuchando… Descubro que la cosa va sólo por amar, sin otra expectativa… “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros”. Jesús se topa en ese grupo con mi mirada y es a mí a quien se dirige: “Ama a los otros como yo te he amado”… Comienzo a hacer memoria de tantas situaciones donde me he sentido amado por Dios… Voy recordando algunas… Aprovecho para darle gracias…

Escucho a Jesús: “En esto todos reconocerán que vosotros sois mis discípulos: En el amor que os tenéis los unos a los otros”. Aprovecho la confianza para contarle a Jesús que más de una vez, cuando pienso en la Iglesia, me sale pensar  que somos una gran organización, con medios de propagación, colegios, centros sociales, universidades… Que estamos esparcidos por todo el mundo, con una historia, con un corpus de doctrina fenomenal… Jesús me recuerda: “Lo que importa de verdad es si sois capaces de amar”… Me tomo mi tiempo… Cómo me quedo… Qué pido…

Me dirijo a Él y le pido descubrir ese amor con que he sido amado para poder hacer frente a las situaciones que me llegan y estar a la altura, de modo que Jesús me pueda decir: “Ahora donde yo voy sí puedes venir… Bienvenido a amar hasta el extremo, a dar la vida como te la han dado, a perdonar lo imperdonable, a confiar exclusivamente en Dios Abbá”… Se lo pido de corazón… Recuerdo la oración de San Ignacio: “Tomad Señor y recibid toda mi libertad… Dadme vuestro amor y gracia que esta me basta…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Nadie podrá arrebatarnos de su mano

2 mayo, 2022

Online

Jn 10, 27-30

Imagen de Dassel (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Mis ovejas escuchan mi voz. Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás perecerán. Nadie las arrancará de mi mano. El que me las ha dado es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos uno.

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Como tantos textos del evangelio de Juan, este es una catequesis en la cual la comunidad de Juan plasma por escrito lo que descubrió que era Jesús para ellos: El pastor que da su Vida, la referencia clave que les da Vida, la referencia personal y de la comunidad para que tengan Vida y Vida abundante, el que les cuida, el que les saca cada mañana por lugares donde se nutren de verdadera Vida, el que va delante de ellos. La comunidad vive en medio de una cultura poderosa, extraña para ellos, y se siente conducida por el Pastor.

Camina esa comunidad entre los dioses del panteón griego y las formas de comprender los absolutos de su tiempo y la fidelidad a sus raíces judías. La comunidad de Juan se queda con Jesús, elige a Jesús: “El Padre y yo somos uno”. En Jesús está Dios, Abbá. En Él han descubierto la vida verdadera y pese a ser un grupito insignificante en la cultura de su tiempo tienen la experiencia de que Jesús les conoce como el pastor a sus ovejas, y escuchan “la voz de Jesús” en esa situación convulsa que les toca vivir.

En este contexto de ser perseguidos por los griegos (de hecho Juan es desterrado a la isla de Patmos) y ser expulsados de la sinagoga judía, con riesgo de desaparecer, viven sabiéndose en buenas manos: “Nadie las arrebatará de mi mano”. Así viven de un modo contracultural, a contrapelo de lo que se lleva. Al estilo de que no tanto el PIB sino los objetivos del desarrollo del Milenio van más en línea de humanidad… Y sobre todo al estilo de todos los que entregan su vida por hacer Vida lo de Jesús, la fraternidad.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en aquella comunidad de Juan. Éste les recuerda la vida de Jesús… Escuchan… “Mirad, cuando Jesús nos hablaba del descubrimiento de Dios como Abbá se encontró también con muchas dificultades en la cultura judía de ese tiempo; a menudo discutía con las autoridades y con quienes estaban cerrados en lo suyo… e incluso una vez tuvo que alejarse para no ser apedreado”… Escucho… ¿Cómo me siento?… Me tomo mi tiempo…

Seguimos oyendo a Juan: “Nosotros, los Doce, nos sentíamos como un pequeño rebaño conducido por el pastor, porque éramos de pueblo… Estábamos en la capital, Jerusalén, donde no pintábamos casi nada y donde mandaban los sumos sacerdotes, el sanedrín y los grupos de escribas, maestros de la ley y grupos de fariseos… gente estudiada. Y aun así, Jesús les proponía algo nuevo que a veces les dejaba callados… Por eso, tranquilos: hoy como entonces, Jesús nos conduce, nos cuida… nos inspira”… ¿Cómo me siento? Pido saber llevar esas situaciones de inferioridad…

Juan sigue la narración y yo no me pierdo sus palabras: “Nos sentíamos cuidados… le escuchábamos… nos sorprendía… nos defendía… a veces le fallábamos… pero en Él encontrábamos palabras de Vida… a pesar de que nos decían: ¿A dónde vais con ese soñador, con ese trasgresor, con ese que trae enseñanzas falsas?… Además, podemos decir que “nadie pudo arrebatarnos de sus manos”… estábamos en buenas manos”… Escucho con atención y saboreo sus palabras… ¿Nosotros también hoy vamos discerniendo los proyectos e ideologías que dan vida o la quitan?… Me tomo mi tiempo… ¿Cómo me quedo?…

4. JESÚS Y YO.

En esa comunidad de Juan, donde yo me siento presente, comento con ellos mi hoy, “las veces en que nuestra cultura occidental aparta lo religioso de la sociedad, de la escuela, relegándolo al ámbito privado… haciendo creer a todos que estamos anclados en el pasado sin posibilidad de decir una palabra en este tiempo”… Me desahogo… sabiendo que lo pinto negro porque tenemos complejo de inferioridad y no nos atrevemos a dar nuestro mensaje… ¿Cómo me siento?… Me tomo mi tiempo…

Juan me pregunta: “¿Hasta qué punto Jesús es Alguien vivo en vuestras vidas?… ¿Qué lugar ocupa en ellas?… No sé si además de Jesús hay otras cosas importantes que rivalizan en vuestro corazón con Él”… Se hace un silencio largo… Juan continúa: “Para nosotros Jesús era lo más importante: sus palabras… sus hechos… sus motivaciones… Vivíamos desde esa Vida que nos daba Vida”… Me doy cuenta de que Jesús era todo para ellos… Me siento impresionado… Señor, te pido que así sea en nosotros…

Con un poco de vergüenza le digo que “no nos han perseguido como a ellos, sí insultado o ridiculizado… pero no perseguido… Sí que hemos tenido algún conflicto que otro por defender a los débiles o hacer un sitio para todos sin excluir a nadie”…  Me contesta Juan: “La fe se fortalece en la lucha… Tened confianza, que nosotros podremos salir de las manos de Jesús… pero por su parte, si así lo deseamos, nadie nos arrebatará de sus Manos”… Pido esa confianza…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Jesús sigue haciéndose presente en la vida ordinaria

25 abril, 2022

Online

Jn 21, 1-19

Imagen de Sasint (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Simón Pedro les dijo:

– “Me voy a pescar”.

Ellos contestaron: 

– “Nosotros también vamos contigo”.

Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada (…) Jesús les dijo: 

– “Echad la red a la derecha de la barca y pescaréis”.

 Entonces aquel discípulo a quien Jesús quería mucho le dijo a Pedro:

– ¡Es el Señor!

(…) Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, la red no se rompió. 

Jesús les dijo:

– “Venid a comer”.

Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio; y lo mismo hizo con el pescado.

Cuando ya habían comido, Jesús preguntó a Simón Pedro:

– “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?” (…)

Por tercera vez le preguntó:

– “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”

– “Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero”.

Jesús le dijo:

– “Apacienta mis ovejas. ¡Sígueme!”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Aquí nos encontramos con una catequesis repleta de simbolismo. Comienza el texto diciendo “algún tiempo después”, lo que quiere decir que ha pasado el momento inicial de las experiencias del resucitado. Ahora los seguidores de Jesús ya están embarcados en la misión. Es cuando se  va pasando del anuncio primero a ir asentando las comunidades . Surgen preguntas del estilo de cómo situarse como cristianos en el mundo, ante el ambiente que les rodea: cuándo reunirse, qué hacer cuando se reúnen, cómo asumir a los nuevos que llegan, etc.

Si seguimos analizando los símbolos, el texto nos dice que es de noche, por tanto viven en oscuridad interior no sólo exterior. Están pescando (recordemos lo de pescadores de hombres), en plena misión, una misión universal. Habla del mar de Galilea, no del lago. Menciona el número exacto de peces: ciento cincuenta y tres, que, según San Jerónimo, es la totalidad de especies existentes para los sabios griegos.

En esta misión Pedro lleva la iniciativa. Recordemos que es el evangelio de Juan, y en las comunidades joánicas costó aceptar la autoridad de Pedro, pues Juan era el discípulo amado. Descubrimos el papel de Juan y de Pedro. El primero es el que percibe y reconoce: “Es el Señor”. Pedro es el que “se ciñe”, lo mismo que Jesús, para lavar los pies, para servir. Y así es como se mantiene la unidad de las comunidades, de la Iglesia: “la red no se rompió, a pesar de ser tantos”, con esas dos misiones de unir y de percibir, de reconocer, de intuir la presencia de Jesús.

En la labor en la que están enfrascados de noche Jesús se les adelanta, les precede, les espera con el alimento, el pez y el pescado. La letras griegas de pez, ictus, eran las iniciales Jesús Cristo Hijo de Dios Salvador. Con Jesús amanece el día y con Él comen el pan y el pescado, se reúnen a celebrar la eucaristía y a retomar fuerzas para la misión. Nadie pregunta quién es porque esta experiencia les pone en conexión con la experiencia que previamente vivieron del resucitado. En ese momento duro de la misión le sienten tan vivo y tan presente como en los momentos iniciales tras la experiencia del resucitado. Allí están, permaneciendo con Jesús, llenándose del alimento preparado pero sobre todo de su presencia.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo de noche acompañando a los apóstoles, que deciden salir a pescar, a misionar… Toma la iniciativa Simón Pedro y le acompañan otros seis, entre ellos Juan… A decir de los judíos el número perfecto… Les pido embarcarme con ellos y llegamos a los caladeros donde suponen que habrá pescado… Les veo cómo cada uno toma su puesto y realizan su trabajo en equipo… Comienzan a echar las redes… Me pongo también yo con ellos… Al cabo de un rato recogen las redes… Múltiples intentos… y nada… Me tomo mi tiempo para contemplar la escena… aprender a ser paciente… e intentarlo una y otra vez sin fruto… Cómo me siento…

Recuerdo también, hago memoria, las veces en que he pasado noches pensando los planes para plantear las clases del día siguiente con todo entusiasmo, la búsqueda de nuevos modos de participar en la parroquia, la preparación de una oración que ayude a la comunidad… y todo… para nada… porque tenía toda la técnica pero no tenía a Jesús. Me doy cuenta de la importancia de embarcarme con Jesús cuando vaya a comenzar la misión… y qué hacer para ello…

En la orilla percibo una voz que les tenía que sonar conocida… Les pregunta por el fruto de su trabajo: “¿Tenéis algo de comer?” Escucho un lacónico “No”… No está el ambiente para hablar de la noche sin pesca… Sin embargo les da una idea: “Echad la red a la derecha y encontraréis”… Entonces… la abundancia… Juan intuye que esto se parece al acontecimiento de los panes, cuando parecía que no había nada y de repente llega para todos y dice a Pedro: “es Jesús… es el Señor”… Aprendo a intuir la presencia del Señor en mi vida y la gozo…

4. JESÚS Y YO.

Me sitúo con Jesús en la orilla. Veo a los apóstoles llevar el pescado a donde Jesús, que les espera con las brasas encendidas… Nos espera para sentarnos a su mesa y comer juntos, tanto para recuperar fuerzas como para poder comentar las situaciones vividas en la pesca, en la misión… Le van contando a Jesús las circunstancias de la noche… el viento… las olas… echando el copo… los relevos para vigilar las redes… el frio… y… ¡todo para nada! Hasta que apareció Él…

Aprovecho un momento a solas con Jesús para contarle mi misión hoy: educativa, social, organizativa, pastoral directa, de estudiante, ama de casa, aita de casa… Le voy detallando la preparación de oraciones, las lecturas para conocer la realidad, las conversaciones para conocer los desafío, los tiempos de discernimiento para decidir entre varias posibilidades, los momentos de descansar en Dios nuestros cansancios tras jornadas agotadoras… Me desahogo… Le sigo contando y me escucha…

En la mesa estoy cerca de Jesús cuando saca el tema de los conflictos habidos en la misión, de las negaciones, de las historias personales de fallos a la misión… En concreto, el de afianzar la autoridad de Pedro… Escucho a Jesús dirigirse a él: “¿Me amas más que estos, me amas, me amas?…” Y las tres veces espera su respuesta. Veo que Jesús, delante de todos, acepta a Pedro como cuidador y “unidor” de la comunidad… Miro cómo le da una segunda oportunidad porque ha fallado la primera… “Apacienta mis ovejas” es la confianza en el amor… Tú sígueme… Disfruto del perdón…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Experiencias del resucitado

18 abril, 2022

Online

Jn 20, 19-29

Imagen de NICK-RITZ (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:

– “¡Paz a vosotros!”

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo: 

– “¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.”

Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: 

– “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.”

Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después le dijeron los otros discípulos: 

– “Hemos visto al Señor.”

Tomás les contestó: 

– “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.”

Ocho días después se hallaban los discípulos reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos los saludó diciendo: 

– “¡Paz a vosotros!” 

Luego dijo a Tomás: 

– “Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!” 

Tomás exclamó entonces: 

– “¡Mi Señor y mi Dios!”

 Jesús le dijo: 

– “¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

La situación no podía ser peor. Los Doce están muertos de miedo porque sus vidas están en peligro. Si les cogen les sucederá lo mismo que a Jesús, que era la persona que lideraba el grupo del que formaban parte y por la que apostaban de por vida. Y acaba de ser crucificada. Alguien que muere así queda claro a los ojos de todo el mundo que se ha equivocado. Sí, buena voluntad, pero “esto” no puede ser de Dios. “Maldito el que muere en un madero”.

Estaban pues en el cenáculo con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Cuando se te caen las certezas, cuando no tienes en qué apoyarte, cuando no encuentras explicación a lo sucedido, cuando la situación no podía ser peor… Sucede lo mejor. Experimentan en su interior la presencia del ejecutado. Vivo. A eso llamamos apariciones. Llega de improviso, sorprendentemente. Increíblemente real y totalmente inexplicable. En medio de ellos algo totalmente nuevo sucede. Lo que nunca había acontecido sucede. Una presencia que no lleva cuentas. Con un mensaje: “Paz a vosotros”. Y con una misión: “Recibid el Espíritu Santo, a los que perdonéis…”. Os doy todo el poder para perdonar. Es el mismo Espíritu que en el Genesis sopla sobre Adán y lo convierte en ser vivo.

En cuanto a Tomás: ¿Cómo convences a alguien que no ha visto la luz que la luz existe? ¿Cómo convences a alguien que no ha sido amado que el amor existe? ¿Cómo convences a alguien que no ha experimentado al resucitado, que el resucitado vive? Pues bienvenido a la persona de Tomás. Tomás es un desconfiado. Esa es su herida. Con la herida de Jesús se cura la desconfianza, es un acto de fe: “Señor mío y Dios mío”. Tomás se había alejado de la comunidad y en la comunidad recupera la fe.

Dichoso el que crea sin ver. Nadie ha visto a Dios ni a Jesús resucitado, lo mismo que no se ve el viento, ni las ondas electromagnéticas… Pero al contacto con Él, su presencia (Espíritu del Resucitado) y su evangelio, sus seguidores no es raro que hayamos experimentado una valentía que no iba con nuestro ser natural, una Vida que supera lo que hemos sido hasta ahora; es decir, una indignación ante el daño ajeno poco común, una capacidad de luchar contra el mal no habitual en nosotros y nosotras, una capacidad de perdonar, que no era lo nuestro. Y es que su Vida comienza a ser nuestra vida.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Nos situamos en el cenáculo entre los doce y las mujeres que seguían a Jesús, entre ellas su madre… Miro sus caras, desencajadas… El silencio que se corta… Paso un rato así, acompañando a los perdedores y a los acobardados… Se preguntan: ¿Cómo saldremos de esta?… Muertos de miedo, sintiéndose perseguidos y fichados… Con riesgo de ser eliminados también ellos. Además, llenos de culpa por haber dado palabra de seguir y haber abandonando a Jesús a la hora de la verdad… Están todos juntos para protegerse… Acompaño a los fracasados y aterrados… Pido saber acompañar…

De repente todos empiezan a experimentar una alegría interior indescriptible, indudable… ¿De dónde viene?… Tiene que ver con Jesús, como si se hiciese presente de una manera tan fuerte que parece estuviera vivo en ellos… VEO sus caras de admiración, desconcierto, incredulidad, miedo… ESCUCHO lo que cuentan que sienten. Jesús les dice: “Paz a vosotros…” Se sienten inundados de una profunda paz… SABOREO con ellos lo que están viviendo… Disfruto como un niño pequeño… Me tomo mi tiempo… Sin prisa.

Sigo escuchando lo que se cuentan unos a otros: “Me siento enviada… yo también… es como si alguien me insuflara su fuerza vital, como cuando Dios sopló sobre Adán de barro y así se convirtió en un ser vivo”… Escucho y sigo asombrado… Juan dice: “Estoy recibiendo su Fuerza para perdonar”… Así también Pedro y los demás… “Creo que nos quiere dar toda su fuerza para perdonar”… “Sí, como Él en la cruz”… “Y perdonar a los que le han matado”… Les sigo escuchando con suma alegría y gusto…

4. JESÚS Y YO.

Están hablando unos con otros… con el corazón lleno de fuerza y alegría… Llega Tomas y se sorprende del ambiente de alegría y fiesta… “¿Qué ha sucedido?”… Escucho cómo le comienzan a contar: “Jesús se nos ha hecho presente, incomprensiblemente, pero indudablemente… No nos lo explicamos pero ha sido maravilloso… Está vivo y quiere seguir vivo en nosotros”… Tomás contesta: “Si no veo los agujeros de sus manos y del costado… no me lo creo”… Me quedo asombrado de su cerrazón… pero sigo entusiasmado con lo que les ha pasado…

Al momento vuelven a experimentar lo que vivieron… y esta vez, también yo me lleno de una profunda paz y alegría… Sin duda es Jesús… Escuchamos a Tomas que nos cuenta: “Es verdad… mi vida está llena de paz, es como si se me estuviera curando la herida de mi desconfianza tocando su herida”… Yo también experimento algo parecido… una paz y una alegría… una llamada intensa a vivir el perdón. Doy gracias… Qué momentos de felicidad tan intensa…

Ahora me sale decirle : “Jesús, Tú la víctima Pascual, cuántas personas como Tú hoy son víctimas… Viven en el horror, miedo, desolación por situaciones de guerra, de persecución, de difamación… Ojalá tengan la oportunidad de descubrirte Vivo en sus vidas para que su situación cambie a esperanza, como les sucedió a los Doce, a María tu madre, a las mujeres… Se lo pido de corazón.

Me sigue comentando Jesús: “Quiero llegar a tantas personas que como Tomás son desconfiadas, que tienen tantos prejuicios que no dejan entrar la Vida en sus vidas, no dejan tocar sus heridas de miedo… de terror, de hundimiento… para ser curadas”… Noto que Jesús se toma su tiempo para tocar las mías… Siento una esperanza y una confianza que nunca antes había sentido… Disfruto de este momento… Me dice: “Haz lo mismo que he hecho contigo: Cura a las personas que puedas… las heridas del odio, de la venganza, de la ambición, de la envidia…” Me siento enviado a ello… Disfruto ese envío…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Ramos y pasión

4 abril, 2022

Online

Lc 22-23

Imagen de Congerdesign (Pixabay)

0. TEXTO (leer los versículos enteros)

Llevaban a dos malhechores para matarlos junto con Jesús. Cuando llegaron al sitio llamado de la Calavera, crucificaron a Jesús y a los dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Jesús dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”

Los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús. La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él diciendo:

– “Salvó a otros; ¡que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido!”

Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde toda aquella tierra quedó en oscuridad. El sol dejó de brillar y el velo del templo se rasgó por la mitad. Jesús, gritando con fuerza, dijo:

– “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Dicho esto, murió.”

Cuando el centurión vio lo que había sucedido, alabó a Dios diciendo:

– “¡No hay duda de que este hombre era inocente!

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

La pasión comienza con el domingo de ramos. Jesús sube a Jerusalén y realiza un primer gesto mesiánico: Llega montado en un borriquito, símbolo de la mansedumbre, de la no violencia. Es el profeta del Dios Amor, de lo sencillo y no del poder (el caballo con carro de combate).

La pasión es algo terrible que nadie podía prever. Fue lo primero que escribieron los evangelistas, entre otras cosas, porque los cristianos los primeros años tras la muerte y resurrección de Jesús hacían “el vía crucis”, pasando por los lugares donde pasó Jesús comenzando por la cena, siguiendo por el prendimiento y así los demás pasos. Lucas narra el modo como Jesús vive la pasión, con algunos acentos propios: Sudando sangre en el huerto y perdonando a aquellos que quisieron su muerte; salvando a todo el que buscase una oportunidad (al buen ladrón) y entregando su Espíritu en manos del Padre.

La cruz es el resultado de una comprensión radicalmente distinta de quién es Dios. Los sacerdotes, escribas y fariseos “no eran gente sin corazón”, sino que pretendían ser fieles a lo que entendían como voluntad de Dios definida en la ley de Moisés.

Desde el bautismo Jesús, desde su experiencia profunda de Dios, comienza a realizar acciones y predicaciones que chocan frontalmente con la comprensión de Dios de las autoridades religiosas y de grupos como los escribas y los fariseos. La pregunta de las autoridades es: “Jesús, ¿es verdadero o falso profeta? Si es esto último, resulta que está llevando a la gente por un camino falso.”

Por ello deciden desacreditarle quitándole del medio poniéndole en la cruz, la cual era la muerte de los asesinos y terroristas del tiempo. Así quedaría totalmente desacreditado y se borraría todo rastro de su persona y su vida. “El que muere colgado de un madero es un maldito”.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Comienzo la contemplación, situándome cerca de Jesús crucificado, como si presente me hallase, con toda reverencia y respeto… Le digo a Jesús: “Permíteme acompañarte en tu pasión”… No se qué decir ni qué hacer, estoy… Con Él voy haciendo memoria, voy recorriendo, sin comprender nada por la crueldad de la situación, los últimos momentos de su vida… Pido al Padre que pueda acompañar a Jesús y a los jesuses de hoy…

Acompañando a Jesús hago memoria… Recuerdo el juicio de Pilato… “He aquí el hombre”… Acompaño a alguien a quien le han quitado “legalmente” la razón y es objeto de rechazo, burla… En la plaza pública, abucheado, rechazado públicamente… Mientras miro su rosto, no descubro una mueca de rabia ni de venganza… No han cambiado sus actitudes: No han podido arrancarle ni el amor, ni el perdón, ni la fidelidad… Qué hombre… ¿Cómo me quedo?… ¿Qué sentimientos me provoca?… Señor gracias por ser así… Contemplo…

Miro cómo las autoridades religiosas, los jefes, se burlan de él: “A otros ha salvado, que se salve Él si es el Mesías, el predilecto de Dios”… Yo lo escucho. Qué duro, ni al final de la vida le pueden dejar morir en paz, siguen haciéndole daño donde más duele: En el fracaso de su misión… Escucho a Jesús: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”… Me quedo asombrado de Tu humanidad y de Tu capacidad de perdonar… Me tomo mi tiempo para aprender…

4. JESÚS Y YO. 

Me cuesta acompañar la agonía de un hombre justo… Jesús que no puede con su alma, desde la cruz, cerca de Él, me recuerda su grupo… Los Doce que le han abandonado… De su amigo Judas que le ha traicionado y de Pedro que le niega… Me reitera: “Siguen siendo mis amigos”… Empiezo a comprender lo que es la verdadera amistad… Me acuerdo de tantos abandonados por sus seres queridos, en residencias, hospitales, en sus casas… Que tengan en ti un amigo que ha pasado por lo mismo… Contemplo…

Cerca de Jesús, me doy cuenta que va perdiendo todo: Dignidad, honor, misión… prestigio, hasta sus ropas… Lo único que no le pueden quitar es la capacidad de amar y de perdonar en esa situación…

Le siento totalmente vinculado, conectado con su Padre… Aprendo con él a saber perder tantas cosas por impulsar la fraternidad verdadera… Traigo a mi memoria personas concretas que han perdido su salud, su empleo, el lugar donde eres alguien, el sitio entre los amigos… Por ser auténtico… Llevo estas pérdidas a las manos de Dios con quien quiero seguir siempre vinculado…

Escucho su jadear en la cruz, el suplicio persa para hacer sufrir a sus enemigos hasta morir por asfixia… Tanta crueldad… Acompaño como puedo a Jesús… En su soledad… Aprendo a seguir confiando solamente en Dios, pues no hay nadie que no le rechace… En aquel momento uno de los crucificados con Él se le confía… Acierto a escuchar sus últimas palabras recias: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”… Me dejo penetrar por ellas… Pido aprender a vivir así: En tus manos encomiendo mi espíritu…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Parecía imposible

28 marzo, 2022

Online

Jn 8, 1-11

Imagen de Alexander Igrevsky (Pexels)

0. TEXTO (leer la parábola entera)

Jesús volvió al templo. La gente se le acercó, y él, sentándose, comenzó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La pusieron en medio de todos los presentes y dijeron a Jesús: 

– “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. En nuestra ley, Moisés ordena matar a pedradas a esta clase de mujeres. Y tú, ¿Qué dices?”

Jesús se inclinó y se puso a escribir en la tierra con el dedo. Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les respondió: 

– “El que de vosotros esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.”

Al oír esto, uno tras otro fueron saliendo, empezando por los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, se enderezó y le preguntó: 

– “Mujer, ¿Dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?”

Contestó ella: 

– “Ninguno, Señor.”

Jesús le dijo: 

– “Tampoco yo te condeno. Vete y no vuelvas a pecar.”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Sitúan a Jesús ante un asunto tremendo, tal y como como lo han hecho en otros momentos de su vida. La escena ocurre en el contexto de Fiesta de las Tiendas, en el pórtico del Templo donde enseñan los maestros de la ley,  rodeado de personas que anhelan escuchar algo que les sitúe en la vida de un modo que les haga VIVIR: no odiar, ni temer, ni vivir arrastrándose, ni llevando cuentas para ganarse la salvación… Y en esto, le traen a Jesús una mujer sorprendida en adulterio.

La ley decía (Dt 22,22): “Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos… Así harás desaparecer de Israel el mal”. Es curioso que sólo llevan ante Jesús a la mujer. Al preguntarle: “Tú qué dices”, Jesús tiene dos alternativas: una, si dice que no le apedreen quebranta un mandato clave de la ley de Moisés; la otra, si dice que ellos verán, que Él no es juez en este asunto, la matarán.

Jesús toma posición desde su interior, desde su experiencia de Abbá. Él no puede querer la muerte de ninguna de sus creaturas. Por eso, acierta a expresar algo que les coloca a los oyentes no en relación con una ley recibida, por muy santa que sea, sino en relación con su propia experiencia personal: Todos hacemos el mal. Todos tenían necesidad de ser perdonados por Dios una vez al año, en la celebración del Yom Kippur. Por tanto: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”. Así resultan dos cosas concretas: Por un lado consigue que en nombre de Dios no maten a la mujer y, por otro, salva una vida.”

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en el Templo, en la zona donde los escribas y los maestros de la ley enseñan, como si presente me hallase, con Jesús rodeado de los Doce y de un grupo numeroso que se acerca, que escuchan con gusto lo referente al Reinado de Dios: “Estamos llamados a ser una gran familia como Pueblo y una gran familia con otros Pueblos, donde Dios es como un Padre y todos somos su hijos e hijas”… Saboreo el mensaje de Alguien que tiene un lenguaje nuevo…

De repente se nota un alboroto como de una multitud que va llegando… Veo que traen detenida a una mujer… La ponen en medio… Está muerta de miedo y de vergüenza… Toma la palabra uno de los fariseos y escribas que llegan con ella: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. En nuestra ley, Moisés ordena matar a pedradas a esta clase de mujeres. Y tú, ¿Qué dices?”… Veo la situación de dureza donde se juega la vida de una persona… Contengo la respiración… ¿Cómo me siento?…

Estoy con Pedro y los Doce, quienes me hacen saber que esta vez sí que Jesús no tiene escapatoria. Le han tendido una trampa mortal… Me doy cuenta de que eso no es lo peor, sino que lo peor es que han utilizado a la mujer como cebo, como un objeto para ser destruido y de paso destruir a Jesús…

Estamos con el aire que no nos entra a los pulmones… Jesús se inclina para escribir en el suelo… Le vemos a Jesús sin palabra… ¿Cómo me siento? No sé dónde meterme, siento temor…

4. JESÚS Y YO. 

Quienes han traído a la mujer quieren que Jesús se moje. Por eso insisten en preguntarle. Veo que Jesús se incorpora, echa una mirada a su alrededor y también a mí… Y toma la palabra: “El que de vosotros esté libre de pecado, que tire la primera piedra”… Es como si esa frase nos hubiese dejado petrificados… En un primer momento se paraliza la ejecución… Y en un segundo comienzan a abandonar el lugar desde los mayores a los más jóvenes… De no creer… Nos ha situado no ante la Ley, sino ante nuestra condición humana frente a Dios, pecadores… En eso todos somos iguales… Estoy que no me lo creo…

Me sitúo al lado de Jesús que escribe. No le digo nada, solo estoy a su lado junto con los doce… Me quedo admirado y me comenta: “Es fundamental situar la Ley en relación con la Misericordia de Dios Abba”… Pido poder vivir la vida desde esa experiencia que nos iguala: Todos pecadores, con nuestras faltas y fallos… Todos necesitados del perdón de Dios… Le pido aprender a vivir y a considerar así a cada ser humano: Gratuitamente perdonado… Y yo también… Me tomo mi tiempo…

Jesús se dirige a la mujer: “Nadie te ha condenado… Yo tampoco. Vete y no peques más”… Miro a la mujer que venía como victimaria, como causante de la muerte del pueblo, de la ruptura de la familias… Así lo veía yo… Jesús con su pregunta la sitúa a la altura de las demás con una oportunidad nueva y única en su vida… Me dirijo a Jesús: “Gracias porque me has hecho ver que de la muerte que traía la mujer por haber hecho el mal y que con la muerte que le querían hacer pagar los jueces de la ley, ha nacido la vida gracias al perdón… ¿Y si probásemos a dar salida a las situaciones con el perdón?… Se lo pido de corazón…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

El Padre que quiere unir a los hijos

21 marzo, 2022

Online

Lc 15, 1-32

Imagen de Jeffjacobs (Pixabay)

0. TEXTO (leer la parábola entera)

Los que cobraban impuestos para Roma y otras gentes de mala fama se acercaban a escuchar a Jesús. Los fariseos y maestros de la ley le criticaban diciendo:

– “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.

Entonces Jesús les contó esta parábola:

– “Un hombre tenía dos hijos. El más joven le dijo: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.’ Y el padre repartió los bienes entre ellos. El hijo se marchó lejos, a otro país, donde todo lo derrochó viviendo de manera desenfrenada. Cuando ya no le quedaba nada, vino sobre aquella tierra una época de hambre terrible y él comenzó a pasar necesidad. Fue a pedirle trabajo a uno del lugar, que le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Al fin se puso a pensar: ‘¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras que aquí yo me muero de hambre! Volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti y ya no merezco llamarme tu hijo. Trátame como a uno de tus trabajadores.’ Así que se puso en camino y regresó a casa de su padre.
Todavía estaba lejos cuando su padre le vio, y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos.
‘¡Vamos a comer y a hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!’ Y comenzaron, pues, a hacer fiesta.
Entre tanto, el hijo mayor se hallaba en el campo. Al regresar le dijeron: ‘Tu hermano ha vuelto y tu padre ha mandado matar el becerro cebado porque ha venido sano y salvo.’ Tanto irritó esto al hermano mayor que no quería entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese”.

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

Esta parábola, que llamamos de la misericordia, es de las que mejor nos muestra cómo es Jesús y la imagen-experiencia del Dios que le habita y que se expresa en sus acciones. Le llama Abbá, Alguien de plena confianza que se entrega incondicionalmente desde siempre a sus criaturas. Ni poderoso que exige vasallaje, ni juez que condena hasta nuestros deseos más secretos, ni impasible que no le importamos.

Dios es aquel que nos da todo, SE nos da todo, incluso nos da la posibilidad de sacarle de nuestra vida. Como por ejemplo hace el hijo menor, quien le pide la herencia (pedir la herencia era romper del todo con el padre). Además, Dios siempre está en la actitud de salir a buscar lo perdido. Sale a buscar al menor cuando llega lleno de culpa y roto. Sale a buscar al mayor cuando no quiere entrar a sentarse a la mesa, porque se siente superior a “ese hijo tuyo que ha echado a perder toda la fortuna dándose la vida padre”.

Es increíble que Dios esté deseando encontrarse con nosotros siempre, aunque nos sintamos como unos canallas que le hemos abandonado, aunque nos sintamos unos prepotentes que nos creemos más que el resto y no queremos reconocernos hijos como los demás… Abba está deseando sentarnos a su mesa y sentirnos de su familia. Que descubramos que Él es como los padres o las madres que unen a la familia, que se juegan la vida por unirla.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Me sitúo en el momento en que fariseos y doctores de la ley critican duramente a Jesús porque acoge y está con los perdidos, con los recaudadores de impuestos para el ejército de ocupación y con los que han estafado. Jesús está con gentes que han hecho daño, personas de mala fama por su estilo de vida, personas consideradas como traidoras… Se oye: “Estos no tienen solución ni perdón de Dios… ¿Por qué pierdes el tiempo con ellos?… Me mantengo en la escucha con los Doce… También les cuesta entender lo de Jesús… Y a mí con ellos… Me tomo mi tiempo…

Al poco tiempo Jesús toma la palabra y empieza a contar, como acostumbra, parábolas que podemos vivir mientras las describe… Le escucho: “Al hijo menor, un pieza, no se le ocurre más que pedir la herencia… El padre no tenía obligación de dársela… Era una manera de romper totalmente con él”… Me quedo apesadumbrado: ¿Cómo puede hacer eso un hijo con un padre?… No pierdo detalle de la escena aunque me horroriza… Me tomo mi tiempo…

Jesús sigue contando: “Pasa el tiempo… Después de gastar toda la herencia en juergas, placeres…, hundido en la miseria… toma tiempo para repensar su vida… Se dice: “Qué desastre”… Y en medio de esos pensamientos se acuerda de la experiencia de su padre, alguien bueno y misericordiosamente justo”… Estoy con ese hijo aunque me echa para atrás todo lo que ha hecho… ¿Cómo me siento?… Aprendo a aceptar a los que toman conciencia del mal que han causado…

4. JESÚS Y YO. 

Le escucho los deseos de ir donde su padre… “Aunque he sido un canalla, un mal hijo… Pero tendré para comer y aquí me muero de hambre”… Escucho sus razonamientos… Aunque no veo que se haya puesto en el sitio del padre, es decir, no le preocupa “lo que habrá sufrido padre, el daño que he hecho en la reputación de la familia, el vivir con la impresión de haber perdido a un hijo”… Me tomo mi tiempo… Todavía no ha salido de sí… Pero, darse cuenta, es un primer paso…

Me pongo con él en camino… Le noto avergonzado… Muerto de hambre, sucio, culpabilizado… Pero es la manera que descubre ahora para salvarse de morir de hambre… Divisa a lo lejos la casa de su padre… De repente vemos que un hombre mayor viene corriendo… Descubrimos que es su padre… Jadeante… Le falta tiempo para abrazar al hijo mugriento lleno de suciedad y maloliente… Noto que el hijo no se lo puede creer… Además le pone el anillo por el que le reconoce hijo… Noto la alegría del hijo, imposible de describir, por el modo como se siente recibido… Llora de alegría y de vergüenza por su comportamiento… Disfruto de ese recibimiento…

Le cuento a Abbá la de veces que he dicho que iba a ordenarme para hacer oración, que iba a comenzar de nuevo a tratar de otro modo a mis padres o a mis hijos, mi deseo de cambiar alguna actitud… O cuándo me iba a sentir a la altura de los demás, no por encima o con más derechos; pero no termino de dejar de percibirme mejor que muchos… Me sitúo así delante del Padre, que me dice: “Pasa a mi mesa y comamos juntos y celebremos tus mejores deseos de ser persona”… Me tomo mi tiempo para sentirme querido como soy…

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

Conversión

14 marzo, 2022

Online

Lc 13, 1-9

Imagen de Netavisen_sameksistens_dk (Pixabay)

0. TEXTO (leer la parábola entera)

Por aquel mismo tiempo fueron algunas gentes a ver a Jesús, y le contaron lo que Pilato había hecho: Sus soldados mataron a unos galileos cuando estaban ofreciendo sacrificios y la sangre de esos galileos se mezcló con la sangre de los animales que sacrificaban.

 Jesús les dijo: 

– “¿Pensáis que aquellos galileos murieron así por ser más pecadores que los demás galileos? Os digo que no y que si vosotros no os volvéis a Dios, también moriréis.” (…) 

 Jesús les contó esta parábola: 

– “Un hombre había plantado una higuera en su viña, pero cuando fue a ver si tenía higos no encontró ninguno. Así que dijo al hombre que cuidaba la viña: ‘Mira, hace tres años que vengo a esta higuera en busca de fruto, pero nunca lo encuentro. Córtala. ¿Para qué ha de ocupar terreno inútilmente?’ Pero el que cuidaba la viña le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año. Cavaré la tierra a su alrededor y le echaré abono. Con eso, tal vez dé fruto; y si no, ya la cortarás.’”

1. SITUACIÓN (explicación breve del texto)

¿De verdad Dios castiga? “Si no os convertís todos pereceréis”. ¿Es una amenaza o es la posibilidad de cambiar de dirección una vida que camina al precipicio? De Dios no tenemos que esperar ningún premio ya que Él permanente se nos está dando del todo. Por tanto, no cabe en él tampoco ningún castigo. Decimos que Dios castiga porque esa es nuestra forma de hablar, porque nosotros lo hacemos así y creemos que Dios es como nosotros.

¿Es el mal consecuencia de un pecado? A modo de ejemplo recordemos la respuesta de Jesús cuando le presentaron un ciego de nacimiento y le preguntaron quién pecó, si él o sus padres, para que naciese así. Y Jesús les contestó que ni él ni sus padres, sino que nació ciego para que se manifestasen en él las obras de Dios. Ese es el sentido de la actividad de Jesús sobre las personas, que queden sanadas.

Pero es importante colaborar con Dios y para eso nos cuenta una parábola, la higuera plantada en la viña que es el pueblo de Israel. En ella menciona el número tres, que es el símbolo de plenitud. Es como si nos dijera: “Os he dado todo el tiempo… y todavía un año más. Pero dad fruto por favor. Haced posible la fraternidad humana y en este momento de guerra, solidarizaros con las víctimas, desead un alto el fuego, facilitad corredores humanitarios y denunciad a quien asesina”.

2. HACEMOS SILENCIO (Ahora comenzamos propiamente la oración)

Podéis tener a mano los pasos del cómo hacer silencio copiados en una hojita juntamente con el texto del evangelio a contemplar hoy. (Si necesitas los pasos para hacer silencio detallados entra en: oración contemplativa).

3. ME HAGO PRESENTE (revivo la escena): VER, OIR, GUSTAR…

NOTA: Que los puntos suspensivos… sean el lugar donde pararse y contemplar (gustar y sentir).

Notamos a Jesús sorprendido por algunas personas que le vienen a contar un situación vivida… Los doce le acompañan… Yo me sumo al grupo y escucho, respiro profundamente… Me sitúo como si presente me hallara… Acompaño… Vienen buscando una explicación a esa situación o motivos de esperanza ante un acontecimiento muy doloroso… Me tomo mi tiempo.

Los apóstoles me cuentan: “El pueblo de Israel está bajo control romano y en connivencia con las autoridades del tiempo… Hay en la población odio hacia los invasores”… Es entonces cuando llegan a contarle a Jesús otro asesinato y una profanación… Les escucho: “Cuando preparaban los sacrificios para sus dioses los romanos mandaron matar algunos judíos y mezclaron su sangre con la de los animales”… Pido a Dios no dejarme llevar por la crueldad humana… ¿Cómo me siento?…

Noto que Jesús toma aire… Casi se le saltan las lágrimas… Suspira. ”¿Cómo se puede profanar la vida de una persona asesinándola y mezclando su sangre, su vida, con la sangre de los animales?”… Los apóstoles continúan: “¿Es qué somos para ellos animales llevados al sacrificio?… En nuestro pueblo no se ofrecen sacrificios humanos… El ángel de Dios no permitió a nuestro padre Abraham extender el cuchillo para sacrificar a su hijo… sin embargo ¿Estos? Son unos asesinos”… Jesús escucha… ¿Qué me hace sentir?

4. JESÚS Y YO. 

Escucho a los apóstoles: “¿Qué han hecho, que pecado han cometido esos galileos para que Dios les castigue así?… Entonces Jesús, visiblemente emocionado, toma la palabra: “¿Pensáis que aquellos galileos murieron así por ser más pecadores que los demás galileos? Os digo que no, y que si vosotros no os volvéis a Dios, también moriréis”… Continua: “Hacer frente a esta situación lleva a un cambio de vida. Si no vivís conectados a Dios, si no dejáis que el amor y el Espíritu de Dios empape vuestras vidas, pereceréis vosotros también. Os podrá la rabia y el odio, no el amor”… Escucho…

Sigo atendiendo a Jesús: “Este pueblo es como una higuera plantada en la viña del Pueblo del Señor… Lleva tres años sin dar fruto”… Se dirige a mí y me dice: “Mira la necesidad de solidaridad que se avecina”… Voy mirando si mis preocupaciones principales tiene que ver con dar vida… Con estar cerca de los que no pueden llegar a fin de mes porque no tienen papeles, ni pueden alquilar una casa por el color de su piel, o de los dejados de lado en mi trabajo o en mi ambiente… Me tomo mi tiempo para interiorizar…

Le pregunto a Jesús: “¿Por qué permite Dios que pasen estas cosas? ¿Qué hace para que desaparezca la maldad de los corazones?”… Jesús pacientemente me dice: “Dios sí hace algo, te ha hecho a ti… Tú, si vas unido a nuestro Abbá de toda confianza, serás sus manos, sus ojos y su corazón… Serás  su creatividad en este mundo a veces cruel que te ha tocado vivir”… Saboreo este momento para que no se me olvide…

Jesús me sigue diciendo: “Dios te da otra oportunidad, además de todas las que te ha dado: Cava, penetra hasta dentro a la profundidad de tu vida, no vivas surfeando con tu móvil todo el día, párate, toma tu tiempo… Mira hacia dónde vas, qué estás haciendo con tu vida… Ancla tu vida al evangelio. Pregúntate siempre antes de hacer: ¿Esto es lo que quiere Dios de mí?… Ejercítate, abre la biblia por una página cualquiera, lee el texto que te ha salido y escucha si tiene algo para ti”.

5. COLOQUIO.

Lo hago recogiendo lo vivido en la oración… Le cuento lo que más me ha llegado… Lo que parecía que iba para mí… Aquello con lo que más me he identificado… Un texto, una palabra, una imagen… Y le pido algo… O le doy gracias…

Y así termino, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.