Santísima Trinidad B

CREO AUNQUE NO ENTIENDO

Por Javier Castillo, sj

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Reflexiones sobre el Evangelio de Mateo 28, 16-20 (Fiesta de la Santísima Trinidad del Ciclo B – 27 de mayo de 2018)

El lunes pasado, en nuestra habitual reunión de comunidad, un compañero inició su intervención compartiéndonos su particular forma de recitar la parte del credo que afirma: “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible…” a la que el agrega: “creador de lo que entiendo y no entiendo”. Su reflexión giraba en torno a esas experiencias que tenemos en la vida que, a pesar de que nos esforcemos por entender sus causas y su lógica, al final debemos bajar la cabeza con humildad y sumergirnos en la admiración, la apertura a la sorpresa  y la alabanza silenciosa.

Acojo la frase de mi compañero al iniciar esta reflexión porque, al igual que él, creo en el Dios que crea lo que entiendo y lo que no entiendo y, precisamente, entre las muchas cosas que creo pero mi razón no alcanza a entender está el misterio de la Trinidad que celebramos hoy. Es más, creo que el día que pretenda entenderlo con mi razón es que he perdido la fe y me he adueñado ilegítimamente del misterio. Permitidme, por tanto, compartir solamente un sencillo acercamiento desde la pequeñez de mi razón y la admiración creyente de mi corazón.

Con la mirada de Jesús. ¿Qué nos dice Jesús del Padre? ¿Qué nos revela Jesús del Espíritu Santo? ¿Qué nos dice Jesús de sí mismo? No hay camino más cierto para acercarse el Misterio de Dios que el de contemplar y pasar por el corazón las palabras del Hijo que es quien nos revela los misterios insondables del Padre y del Espíritu.

Jesús nos revela a través de cientos de palabras que el Padre Dios, aquél que en el primer testamento era absolutamente invisible, inefable e inasible, se nos revela ahora como el Padre de la ternura, de la compasión y de la misericordia. Un Dios que se hace tan cercano que podemos llamarlo con aquél balbuceo infantil Abbá, es decir, papá. Nos revela a un Dios discreto que respeta la libertad de sus hijos y se alegra porque éstos ya no tienen que llenar su estómago con la comida de los cerdos. Un Dios que, ante la llegada de sus hijos arrepentidos por los errores cometidos, pierde los papeles y, rompiendo el protocolo, se lanza a abrazar a su hijo con una acogida sin límite.

Jesús nos revela, sobre todo en los discursos de despedida antes de la ascensión, quién es el Espíritu. Será “otro” defensor que nos enseñará toda la verdad y nos dará la fuerza y el entusiasmo para anunciar en todos los lugares y en todos los tiempos la buena noticia de la salvación y la liberación, la buena noticia del sí de Dios por la humanidad. El Espíritu, es el espíritu del resucitado, es la nueva presencia del abrazo del Padre y del Hijo que sigue llenando de amor y de vida el acontecer de la humanidad y de los hijos de la comunidad de los creyentes.

Jesús nos habla de sí mismo. La concreción de la apuesta de Dios por la humanidad, del sí radical de Dios por recrear el mundo y hacerlo más parecido al que soñaron en el día de la creación la tenemos en el Hijo hecho carne, hecho historia y camino solidario con su pueblo. El Dios absolutamente trascendente se hace palabra legible y cercana para la humanidad. Tan cercana que puso su morada en el corazón de los hombres y las mujeres de todos los tiempos. Jesús nos revela las entrañas de Dios, nos revela el amor.

  • Su proyecto humanizador se hace desde la vivencia radical del amor que se expresa en la fraternidad, la solidaridad y la acogida convivial de todas y todos.
  • Su proyecto humanizador pasa por la asunción de los valores que hacen de las personas hombres y mujeres para los demás y con los demás; hombres y mujeres con talante de constructores del Reino de la vida con dignidad, la justicia, la paz y la verdad.
  • Su proyecto humanizador requiere de la fidelidad a los valores del Reino y a la Voluntad del Padre aunque esta obediencia implique la entrega de lo más preciado que tenemos: la vida.

Quisiera terminar esta reflexión con una sencilla oración mirando a la Trinidad:

Padre bueno…

Ayúdanos, al mirarte, a recuperar el valor de la misericordia, la ternura y la compasión.

Ayúdanos, al mirarte, a recuperar en nuestras familias la acogida sincera y el respeto a la libertad de todos los que nos rodean.

Jesús Maestro…

Enséñanos a ser los hombres y las mujeres de la cercanía y el camino compartido.

Enséñanos a comunicar como tú, con la vida, la buena noticia del Dios de la Vida y del amor.

Espíritu Santo…

Danos fuerza para ser testigos, para no callar la noticia de la libertad y la justicia aunque los vientos sean adversos.

Danos la hondura y la humildad para acoger la verdad aunque no la entendamos.

Padre, Hijo y Espíritu, ayúdanos a ser uno en la diversidad como vosotros sois uno en la pluralidad.

Javier Castillo Rodríguez, sj

Director del Centro Loyola de Las Palmas

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