Ordinario 16 B

SINFONÍA PASTORAL: MISIONEROS GENEROSOS Y DISPONIBLES

Por Javier Castillo, sj

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Reflexiones sobre el Evangelio de Marcos 6, 30-34 (16º Domingo del Tiempo Ordinario del Ciclo B – 22 de Julio de 2018)

Desde el Concilio Vaticano II y, de manera especial, con la promulgación de la Exhortación Apostólica “El Anuncio del Evangelio” de quien dentro de tres meses será San Pablo VI, la misión fundamental de la Iglesia es el anuncio a todas las personas y en todos los tiempos, contextos y culturas de la buena noticia del Reino de la misericordia, la ternura, la liberación y la compasión de Dios. Francisco, por su parte, siguiendo la estela de sus predecesores, ha entregado a la Iglesia en la Evangelii Gaudium, un hondo discurso programático centrado también en el anuncio y la vuelta a la Alegría del Evangelio.

Esta misión fundamental no se puede hacer de cualquier manera, existen unas actitudes básicas que todo misionero debe o debería tener. Siguiendo el Evangelio de hoy os propongo una “sinfonía pastoral” compuesta a partir de algunas de las actitudes de Jesús y sus discípulos para que nosotros, en el lugar donde estemos, vivamos con ilusión y compromiso.

Obertura. La misión de evangelizar no es tarea exclusiva de los obispos, los sacerdotes o los religiosos -aunque en éstos haga parte fundamental de su ser y quehacer en razón de su consagración-, es un encargo dado por el Señor a todos los fieles cristianos por su consagración bautismal. A todas y todos nos compete anunciar, con la palabra y la vida, la buena noticia de Jesús.

Primer movimiento: La alegría de estar en comunión con el Maestro. La eficacia de la misión está en la íntima unión del discípulo con el Maestro. El mensajero, como la Iglesia, no tiene luz propia y no se predica a sí mismo, su misión es anunciar el proyecto que Dios tiene para la humanidad y ayudar a disponer los corazones de todos para que dejen espacio al acontecer de Jesús en sus vidas. Los discípulos, que se saben enviados, dan cuenta a Jesús de todo lo realizado en sus viajes apostólicos como expresión de la comunión total con Él, con su mensaje y con su modo de proceder. ¡Qué bueno es cuando quien anuncia el Evangelio, lejos de buscar el reconocimiento para él, pone todos los medios para que sea la fuerza y la sabiduría de Dios la que brille e ilumine los caminos!

La comunión con el Maestro se ha de ampliar a la comunión entre todas y todos los que formamos la comunidad eclesial. Sin detrimento del respeto y la valoración de la diversidad, siento que el testimonio de unidad de todos entorno al proyecto de Jesús, es una clave y un indicador de credibilidad de nuestra misión. En este sentido, creo que no es de buen recibo cierto tipo de oposición al ministerio del Papa (sea a través de la crítica expresa o del silencio de su enseñanza) pues, como lo dice la Escritura, él está puesto al frente para confirmarnos en la fe y para poner piso firme a la Iglesia.

Segundo movimiento: El descanso. La tarea que tenemos entre manos en las actuales circunstancias de la humanidad requiere que demos lo mejor de nosotros mismos: hay mucho por hacer para construir un mundo nuevo a la manera de Jesús. No obstante, los misioneros pueden y deben descansar para garantizar que puedan dar lo mejor de ellos. Algún formador de la Compañía de Jesús en Madrid decía que “el que no descansa, cansa”, y creo que no le faltaba razón pues hay que reponer las fuerzas físicas y psíquicas para estar en la mejor disposición para el encuentro con los destinatarios de la misión. Cuando no descansamos corremos el riesgo de que se nos dañe el carácter y seamos evangelizadores con “cara de vinagre”. Jesús, que reconoce el esfuerzo de los discípulos, les insta a irse a un lugar alejado para descansar y, seguramente, en medio del descanso compartir, evaluar y con nuevos bríos emprender nuevos caminos.

Tercer movimiento: la generosidad sin límite. El descanso de los discípulos era merecido, sin embargo, ante la necesidad del pueblo, Jesús no duda en postergarlo e incluso cancelarlo. Hay en esta escena dos gestos del Señor que quisiera destacar: 1) Dice Marcos que Jesús, al verlos, sintió compasión porque estaban como ovejas sin pastor. La compasión, tal como aparece en el texto original, es el dolor que siente Jesús en sus entrañas ante el dolor de su pueblo. La reacción de Jesús, porque le duele el dolor, es de una generosidad sin límite. Se entrega totalmente y se niega a sí mismo haciendo de la lógica del despojo la característica que defina a los hombres y las mujeres que apuestan por el Reino. 2) La entrega generosa no sabe de horarios y protocolos. Jesús no actúa y no quiere que actuemos como algunos “funcionarios” que cierran la ventanilla cuando acaba su turno sin importar la necesidad de las personas. A pesar del cansancio, Jesús no les enseña cualquier cosa para salir del paso sino que, como lo indica Marcos, les enseña de todo, con calma, con amor y con dedicación. Su tiempo es para la gente.

Epílogo. Pidamos a Jesús que nos ayude a ser evangelizadores generosos que antepongamos el bien de la comunidad a nuestro propio bien.

Javier Castillo Rodríguez, sj

Director del Centro Loyola de Las Palmas

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