¡TÚ ERES PEDRO!

Por Javier Castillo, sj

Versión para imprimir – Ordinario 21 A

Reflexiones sobre el Evangelio de Mateo 16, 13-20 (21er Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A – 27 de Agosto de 2017)

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Ordinario 21 ADentro de dos semanas, el miércoles 6 de septiembre, arribará a Colombia, mi patria, el Papa Francisco. Su visita apostólica, que tiene por lema “Demos el primer paso”, llega en un momento decisivo para este hermoso país que quiere consolidar la paz y avivar los esfuerzos de reconciliación. La gran mayoría de los habitantes de Colombia espera con ilusión al Papa Francisco y, desde ya, se dispone a escuchar sus palabras cargadas de la “alegría de Evangelio” y a grabar en sus corazones su modo de proceder sencillo, cercano y evangélico. Claro está que, desde el respeto a la pluralidad, también se han levantado algunas voces críticas por la inversión que supone la visita o, como en el caso del anciano fundador del canal de televisión Teleamiga, que ha llegado a afirmar que la elección de Francisco como sucesor de Pedro es ilícita por cuanto la renuncia del Papa Benedicto XVI fue el resultado de un complot de cardenales favorables al entonces cardenal jesuita Jorge Mario Bergoglio.

Este escenario resulta muy apropiado para hacer la reflexión sobre el Evangelio de este domingo en el que Mateo nos invita a ser testigos de un maravilloso diálogo entre Jesús y Pedro. Quisiera proponeros una afirmación de fe y dos reflexiones:

Una afirmación de fe: independientemente de quien sea el Papa, los miembros de la Iglesia creemos en la institución del ministerio petrino como una garantía de unidad y un elemento fundamental para confirmar en la fe a la comunidad. La aceptación del servicio del Obispo de Roma fomenta la unidad y es un indicativo claro de catolicidad. Yo creo en este servicio y, no porque sea jesuita como yo, me gusta la forma como lo ejerce Francisco.

La fuente de la autoridad de Pedro: El diálogo del Evangelio inicia con una pregunta que hemos escuchado cientos de veces: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. La respuesta de Pedro es contundente: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. La reacción de Jesús no es menos contundente: “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…”. La autoridad de Pedro, hoy en cabeza del Papa Francisco, no hunde sus raíces en negociaciones políticas o en el frío análisis estratégico de lo que conviene a la Iglesia en la coyuntura actual. Su autoridad proviene de una afirmación de fe, es decir, de un corazón y una mente que es capaz de adherirse irrestrictamente al plan de Dios y al proyecto histórico liberador de Jesús de Nazaret. Pedro es constituido cabeza porque, sin dilación, reconoce en Jesús la fuente, la razón, el principio y el fin de la experiencia de la comunidad eclesial. Precisamente es su fe la que es alabada por Jesús: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo”.

La Iglesia, siguiendo el diálogo entre Jesús y Pedro, no ha de poner sus cimientos en las conveniencias políticas, en el reconocimientos social y mucho menos en los intereses económicos. Los cimientos de la Iglesia están en la adhesión creyente a Jesús y, obviamente, a las implicaciones que surgen de esa fe como pueden ser el trabajo por la justicia, la reconciliación y la inclusión. ¿No creéis que el Papa Francisco, a través de sus grandes documentos y de su enseñanza cotidiana, nos está ayudando a construir una Iglesia como la soñó Jesús?

El poder de atar y desatar: No son pocos los exégetas que interpretan este poder desde categorías morales y, creo, no les falta razón, sin embargo, siguiendo las enseñanzas del actual sucesor de Pedro, quisiera proponeros una interpretación alternativa:

  • Es hora de desatar los nudos de la exclusión y del egoísmo para construir y tender puentes de inclusión y de aceptación del otro como hermano, amigo y compañero.
  • Es hora de desatar y derrumbar el muro de la indiferencia que no nos deja ver las necesidades de los demás y nos deja tranquilos en un mundo ilusorio de confort y bienestar para unos pocos.
  • Es hora de desatar y dejar atrás las viejas prácticas de búsqueda del poder en los miembros de la Iglesia. La “carrera” ha sido reemplazada por la cercanía al pueblo y el “olor a oveja”.
  • Es hora de atar y consolidar la Misericordia como la forma más eximia de hacer presente a Dios en medio de la vida y la historia.
  • Es hora de atar y volver al Evangelio y pensar menos en las reglas y las normas que, aunque sean útiles para regular la convivencia, no son nuestra fuente fundamental.
  • Es hora de atar la alegría del amor como el modo de proceder que nos ha dejado como herencia el Maestro Jesús. El amor habla de Dios.
  • Es hora de atar en el corazón la sencillez de Jesús como nuestra forma de ser y de estar en el mundo y entre los hermanos y las hermanas. Los protocolos y la rigidez de los ritos ceden el paso a la espontaneidad y a la complicidad de la fe.

Dejo a vuestra reflexión, porque seguramente me he quedado corto, enumerar otros elementos que el Papa Francisco está atando o desatando hoy.

Faltan dos semana para que el Papa llegue a Colombia. Yo no le podré ver allá porque ese día estaré en mi patria adoptiva pero, desde mis Islas Canarias, elevaré mi oración por el éxito pastoral de su visita.

Javier Castillo Rodríguez, sj

Director del Centro Loyola de Las Palmas