Ordinario 29 A

CRISTIANOS Y OPINIÓN PÚBLICA 

Por Javier Castillo, sj

Versión para imprimir – Ordinario 29 A

Reflexiones sobre el Evangelio de Mateo 22, 15-21 (29º Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A – 22 de octubre de 2017)

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¿Cuál ha de ser la posición de los discípulos de Jesús, sean laicos o consagrados, frente a los problemas acuciantes de las sociedades contemporáneas? ¿Debemos mantenernos al margen y dejar que los actores políticos gestionen la situación? ¿Debemos tomar partido? ¿Debemos mantenernos en la sacristía o salir a la calle y tomar la pancarta de las grandes reivindicaciones sociales?

Los cristianos, seamos laicos o consagrados, no vivimos en un mundo ilusorio o fantástico, ¡no podemos vivir en un mundo irreal! La propuesta de Jesús, por el contrario, es profundamente real, encarnada, histórica y dotada de un rico humanismo que, si lo ponemos en práctica, es una fuente inagotable de dignidad, justicia, reconciliación, libertad, respeto, etc. La convicción de ser portadores de una valiosa propuesta de humanización es la que nos impulsa a expresar nuestra opinión ante los sucesos que preocupan a las personas y comunidades con las que compartimos este trozo de historia. Lo hacemos desde la libertad y desde el respeto, pero, sobre todo, con la intención de aportar una mirada alternativa y constructiva desde los valores del Evangelio. No podemos callar ni dejar silenciar nuestra voz. Queremos y debemos hablar desde la sabiduría de aquél que se hizo todo para todos.

La contemplación del Evangelio de este domingo nos sugiere tres recomendaciones o criterios interesantes que podemos tener en cuenta a la hora de expresar nuestra opinión sobre los acontecimientos sociales:

Mirada profunda. Vivimos en una sociedad sobre informada. Los hechos se transmiten en directo y, casi de manera inmediata, se hacen grandes debates para opinar sobre el devenir de los sucesos sin que haya un tiempo prudencial para decantar los sentimientos y aclarar las ideas. Las redes sociales, para muchos, son la principal fuente de información y de generación de opinión. Reconozco el valor de estos maravillosos medios de comunicación en el primer momento de acercamiento a la realidad, sin embargo, por responsabilidad ética, creo que conviene generar un segundo momento más reflexivo y analítico para evitar la ligereza o los tópicos que tanto daño pueden hacer.

El Maestro Jesús no juzga por apariencias, va a lo profundo del ser humano y de la realidad. En medio de la levedad y de la superficialidad, los cristianos, siguiendo la enseñanza de Jesús, estamos invitados a tener y ofrecer una mirada profunda sobre la historia y los sucesos. No nos sumemos al coro de los que condenan o absuelven sin escuchar a las partes implicadas. No nos sumemos al coro de quienes quizá, llevados por la emoción y el fragor del momento, no se dan un tiempo para auscultar las razones y los sentimientos profundos.

Astucia humilde. Los fariseos y los herodianos querían tender una trampa a Jesús. Si decía que había que pagar impuesto al César sería visto como un traidor a la causa de un pueblo oprimido y explotado. Si, por el contrario, decía que no se debían pagar las tasas, las autoridades del régimen tendrían motivos suficientes para acusarlo de sedición.

El Evangelio está por encima de los partidos y de las ideologías. Es un don de Dios para toda la humanidad y todos los tiempos, para todas las personas que quieren hacer de la propuesta de Jesús un camino de realización y la verdad que dota de sentido su existencia. El Evangelio, por tanto, no puede convertirse en un arma arrojadiza para atacar a los contrarios ni en un argumentario para favorecer o justificar nuestros propios intereses. El Evangelio, por su vocación de universalidad, no se debe manipular y mucho menos declarar como propiedad de ninguna ideología o partido político. Cuando ofrezcamos nuestras alternativas evangélicas hemos de estar atentos para evitar que nuestras opiniones sean manipuladas o usadas en favor de intereses particulares o partidistas.

Respeto a la autonomía de las realidades humanas. “Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Los cristianos, cuando aportamos la propuesta del Evangelio, la proponemos, pero no la imponemos. Sabemos que para nosotros es la mejor propuesta, pero entendemos y valoramos la pluralidad y los diversos caminos que recorren las personas y comunidades a la hora de soñar su destino. Jesús declara con la expresión citada arriba el respeto a la justa autonomía de las realidades temporales, a las realidades humanas. Lejos del intervencionismo de ayer, cuando desde los púlpitos se definían candidatos y presidentes, hoy la Iglesia y los cristianos respetamos las leyes consensuadas por las sociedades modernas y democráticas y, en ese escenario de respeto, proponemos nuestra alternativa humanizadora y liberadora. Si al respeto por la autonomía de los procesos sociales le sumamos la libertad interior y la mirada profunda del Evangelio surge una ecuación maravillosa para que los discípulos de Jesús seamos, en verdad, sal y luz, fermento y semilla para la construcción de un mundo nuevo, un mundo más humano como lo soñó el hijo del carpintero: Jesús de Nazaret.

Javier Castillo Rodríguez, sj

Director del Centro Loyola de Las Palmas

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