Ordinario 25 B

¡EN TODO AMAR Y SERVIR!

Por Javier Castillo, sj

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Reflexiones sobre el Evangelio de Marcos 9, 30-37 (25º Domingo del Tiempo Ordinario del Ciclo B – 23 de septiembre de 2018)

La ilusión de una persona joven cuando termina su larga preparación universitaria es ingresar, ojalá lo más pronto posible, en eso que ahora se denomina el “mercado laboral”. Si a la prontitud se le agrega el deseo de trabajar en algo relacionado con su formación y que las condiciones del trabajo sean más o menos aceptables, la tarea no es nada fácil. La primera tarea que ha de hacer el joven profesional es estudiar las ofertas de trabajo que hay en su entorno: perfil profesional requerido, condiciones del puesto de trabajo, experiencia previa, etc. Hecho este análisis, debe elaborar una compleja hoja de vida en la que aparezcan sus títulos legítimamente conseguidos, la experiencia laboral y las habilidades que, a juicio del empleador, pudieran calificarlo como la persona más apta para el trabajo.

El Señor Jesús, permitidme la analogía, nos ofrece los requisitos para ser miembro de su equipo de trabajo, de su equipo de compañeros y compañeras de misión. La buena formación académica, la adecuada gestión de las relaciones humanas, el dominio de varias lenguas y el manejo de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación entre otras cosas son, obviamente, útiles. Sin embargo, para ser del equipo de Jesús, no es suficiente. Hace falta algo más, que se ubica en el orden de los valores evangélicos, que podemos detallar en los tres siguientes requisitos:

Adhesión irrestricta al proyecto de Jesús. El nuevo orden social, político, económico, cultural y religioso que surge del Evangelio no siempre es bien recibido por los actores estratégicos del mundo. La sospecha de quienes ponen su confianza en la economía de mercado o en las estratagemas de la geopolítica están en el orden del día. La sospecha de quienes pretenden establecer una ética en la que la persona humana no está en el centro, como lo exige la ética cristiana, son frecuentes y con acusaciones duras para los discípulos de Jesús. La sospecha de quienes quieren hacer un mundo sin referencia a la trascendencia como horizonte de sentido no son pocas llegando a descalificar las prácticas religiosas por oscurantistas o, en algunos casos, afirmando que ésta es una necesidad del hombre primitivo que ha sido superada por la razón humana.

Seguir en al tajo como compañero de Jesús implica asumir una importante cuota de cruz que hoy, más allá de los casos de martirio y persecución, se traduce en señalamientos, críticas agresivas y mordaces, descalificaciones, incomprensiones y la calificación de persona irrelevante para la construcción social. Pero, ¿quién dijo que seguir a Jesús y su proyecto iba a ser un camino fácil? Cuando se apuesta radicalmente por el Evangelio se asume el riesgo de dar la vida… “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán”.

Vivir para servir. El segundo requisito para ser del equipo de Jesús es el servicio. La postura existencial del cristiano es la del servicio. La comunidad de Jesús no está en medio del mundo para ser servida o para dominar sino para servir con generosidad a todas las personas que necesitan de una mano y un corazón amigo para darle pleno sentido a su existencia y para avizorar un nuevo amanecer en donde la vida digna no sea un slogan político sino una realidad que ilumina los senderos de lo humano.

El afán de poder y de reconocimiento; la fama y el prestigio y convertir la misión en una “carrera” profesional son actitudes que, con la ayuda de Dios y de la comunidad, debemos tratar de erradicar de la comunidad de amigos del Señor. Nuestra señal de identidad ha de ser la de servidores sin fronteras que no tememos ocupar el último lugar.

Amor preferencial a los últimos. El tercer requisito es una explicitación del segundo. El servicio, como actitud existencial, tiene en las personas más débiles y vulnerables sus destinatarios de honor. Esta preferencia, que no quiere decir exclusividad, hunde sus raíces en la opción de Jesús. Él se puso de lado de quienes eran los excluidos de su tiempo: los huérfanos, los enfermos y las viudas. Los que no contaban para los intereses de las sociedades de su tiempo… los que no cuentan para la nuestra… son quienes ocupan los desvelos y la creatividad del Maestro Jesús. Su mirada está llena de rostros de personas que sufren y que gracias a su compasión y su misericordia han vuelto a volar con alas de libertad y dignidad. Su corazón tiene inscritos cientos de nombres e historias rehechas por la solidaridad que se agacha para servir. Sus manos están encallecidas y sudorosas porque no han escatimado ningún esfuerzo para trabajar, hombro con hombro, con los pobres para erradicar la pobreza. Sus pies polvorientos nos hablan de un peregrino que no se queda tranquilo en su lugar de confort sino que sale a los caminos para buscar y acoger al necesitado, al que no tiene, no sabe, no puede o no cuenta.

Termino con una invitación. Reflexionemos sobre estos tres requisitos que nos propone Jesús en el Evangelio y, con el corazón en la mano, si queremos ser o seguir siendo del equipo de Jesús… hagamos nuestra hoja de vida. Sin duda Él, que es compasivo y conoce nuestra fragilidad, nos hará un campo en su equipo y nos irá dando la gracia necesaria para ser un buen discípulo y compañero de misión.

Javier Castillo Rodríguez, sj

Director del Centro Loyola de Las Palmas

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