• Eucaristía vocacional – 3 de julio de 2017

Retiro Tafira oct (3)

David Melián Castellano junto a Javier Castillo, sj

Dios ha querido bendecir a la Compañía de Jesús con dos vocaciones canarias: Francisco Javier Pérez de Obanos y David Melián Castellano. Estos dos jóvenes, llenos de vida y de ilusión, se han dejado seducir por el Maestro Jesús de Nazaret y, si Dios quiere, en breve entrarán al noviciado de la Provincia de España de la Compañía de Jesús en Donostia/San Sebastián.

Antes de marchar a Loyola, casa natal de San Ignacio, a realizar su última etapa de discernimiento, la familia ignaciana se reunió en torno al altar de la Iglesia de San Francisco de Borja, en Las Palmas de Gran Canaria, para orar por ellos y manifestarles su cariño y amistad. David, en la momento de la homilía, nos compartió su testimonio vocacional:

“Cuando Javier me pidió que diera un breve testimonio de mi proceso vocacional, muchos sentimientos, recuerdos y emociones se agolparon en mi mente. Desde luego, este no podía ser un testimonio cualquiera, pues tampoco lo es el auditorio ni el templo por lo mucho que significan para mí. Por eso, les pido disculpas de antemano si me emociono o si salto de un acontecimiento a otro sin mucha coherencia.

Como decía, éste tiene pretensión de ser un relato breve, así que más que en los hechos y fechas concretas, me gustaría centrarme en la parte vivencial de esta experiencia, que es la que realmente importa.

La historia de mi vocación está marcada por la resistencia aunque, afortunadamente, tenemos un Dios infinitamente paciente que no se cansa de esperar. Si bien la idea o el sentimiento de llamada a la vida religiosa llevaba tiempo presente en mi vida, insistía en resistirme y siempre encontraba una buena excusa para posponerla: ya me lo plantearé cuando termine lo que estoy haciendo; cuando termine la carrera quizás; ya total…después del máster o cuando finalice mi primer contrato…y así seguía posponiendo el planteamiento indefinidamente.

Sin embargo, llegó un momento en que los acontecimientos se impusieron y la fuerza de los hechos (la enfermedad de una persona cercana) me hizo plantearme algunas cuestiones importantes como el sentido de lo que por aquel entonces estaba haciendo o el para qué o para quién estaba viviendo.

Fue en unos Ejercicios en Casa Manresa, en Tenerife, donde finalmente se me acabó la fuerza de resistencia y me rendí para dejar que fuera Dios –y no yo- quien llevara las riendas. Había sido un fin de semana frío y tormentoso desde el viernes pero en una breve tregua (apenas 15 minutos) que la naturaleza nos brindó, con el Teide como telón de fondo, mi acompañante me dirigió unas palabras que nunca olvidaré: ¿ves el Teide? si quieres llegar a la cima, tienes que empezar a caminar. Puede ser que encuentres baches y tengas que sortearlos; en algunos tramos el camino puede ser arduo y angosto; incluso puede ser que pierdas las fuerzas al llegar a la Orotava y tengas que dar la vuelta, pero lo único seguro es que sin ponerte a caminar, nunca podrás alcanzar la cima.

Y así me puse en camino, igual que María en el evangelio de Lucas (1, 39-40), que al narrarnos la visita a su prima dice: “se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel”. En eso consiste el prenoviciado, en un camino. Un camino que no siempre es fácil, que tiene sus momentos arduos y de soledad, miedos o inseguridades, pero, sin duda, un camino que ha sido precioso recorrer.

En este tiempo no solo he tenido oportunidad de conocer mejor la Compañía y colaborar con algunas de sus obras sino también de coincidir con personas maravillosas y de compartir vida y experiencias con muchas de ellas. Este periodo de discernimiento es, básicamente, un encuentro personal con Jesús: poner todas las cartas sobre la mesa, todo lo que somos, y con humildad y sinceridad tratar de ver qué quiere Dios para nosotros.

En el Evangelio de hoy se nos invita a creer sin ver, a no tener miedo. En mi caso, el encuentro con el otro me ha ayudado mucho a creer sin ver. El testimonio de tantas vidas entregadas, desgastadas por los demás, como la de Geña y su labor en Villa Teresita, la de Javier en el Servicio Jesuita a Refugiados y ahora al frente del Centro Loyola, la de Lucas en Radio ECCA, la de Javi Montes en la frontera de Nador y tantos otros que con su ejemplo se convierten en sacramento vivo y me han alentado en los momentos más complicados.

Pero también el encuentro personal con ese otro que sufre en sus propias carnes las injusticias: presos a los que la sociedad margina y no es capaz de brindar una segunda oportunidad; personas en exclusión social que luchan cada día por salir adelante; niños que, a pesar de tener historias personales muy duras, son capaces de regalarte una sonrisa cada tarde. Precisamente ellos, los favoritos, me han permitido tocar las heridas de Cristo y meter la mano en su costado.

Para mí, consagrar la vida es atreverse a soñar un mundo distinto, y entregarla. Pero a veces, como Tomás, yo también dudo y me dejo llevar más por la cabeza que por el corazón. Por eso le pido al Señor que me dé fuerzas para ofrecer un sí sin reservas, un sí como el de María, que respondió a su llamada con una entrega total, donándose a sí misma.

Estos próximos días, los cuatro prenovicios, Javier, Pablo, José María y yo, nos reuniremos en Loyola. Allí nos jugamos mucho. Nos pondremos delante del Señor para intentar confirmar su voluntad para nuestras vidas. Por eso les pido que, sin en algún momento se acuerdan, recen por nosotros.

Y termino con una cita de Isaías que creo resume tanto mi propio proceso vocacional como el de mis otros tres compañeros: ‘Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Y respondí: Aquí me tienes, mándame a mí’”

  • Celebración del Perdón en el Año Jubilar de la Misericordia

El 4 de marzo, en la Iglesia de San Francisco de Borja, tuvimos la “celebración del perdón” en el marco de la iniciativa del Papa Francisco “24 horas para el Señor”. Os compartimos, si puede ayudar, las pautas que seguimos en la celebración.

INTRODUCCIÓN

Año de la MisericordiaLa Cuaresma de este Año Jubilar, nos invita el Papa Francisco, sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre! Con las palabras del profeta Miqueas también nosotros podemos repetir: Tú, oh Señor, eres un Dios que cancelas la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrojarás en el fondo del mar todos nuestros pecados (cfr 7,18-19).

En esta celebración, con la que nos sumamos a la iniciativa “24 horas para el Señor”, vamos a reconocer nuestra realidad de pecadores y, mirando el amor del crucificado, pedirle la gracia de la conversión. Solo Él nos puede dar el auténtico perdón. Solo Él puede crear en nosotros un corazón nuevo para celebrar la Pascua en espíritu y verdad.

CANTO:  Misericordiosos como el Padre

Bienvenidos a esta celebración. El Padre Dios nos acoge ahora. A decir verdad, Él ya nos estaba esperando antes de que nosotros decidiésemos venir. El perdón que nos otorgará en la celebración ya lo tenía decidido en su corazón. Oremos en silencio. Él siempre escucha.

Señor, que eres justo y clemente con quienes te invocan.

Tú conoces nuestros pecados y nuestras injusticias;

Tú sabes también la disposición que tenemos para cambiar,

pues conoces nuestros buenos deseos.

Escucha nuestra oración y danos la gracia de volver a Ti,

por medio de una conversión y reconciliación sinceras.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo,

en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos.

PRESENTACIÓN DEL SÍMBOLO

Ponemos en el centro de nuestra celebración la imagen de “Jesús crucificado”. Es para que la miremos intensamente. Una mirada, ante todo, arrepentida, una mirada agradecida, una mirada de fe.

CANTO: La misericordia del Señor…

LECTURA DEL EVANGELIO DE JUAN 3,13-17

Nadie ha subido al cielo si no es el que bajó del cielo: este Hombre. Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado este Hombre, para que quien crea en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.

ORACIÓN PARA PREPARAR LA CELEBRACIÓN DEL PERDÓN

Queremos ahora revisar nuestra vida, renovar nuestra justicia y pedir perdón, celebrando así la misericordia de Dios.

Siempre, al rezar el “YO CONFIESO” pedimos perdón diciendo: “PORQUE HE PECADO MUCHO DE PENSAMIENTO, PALABRA, OBRA Y OMISIÓN”, pero quizá rara vez nos detenemos un poco a pensar en lo que estamos diciendo.

 He pecado mucho de pensamiento

Pensamiento

  • Nuestra mente siempre está trabajando, pero depende de nosotros si tenemos pensamientos creativos u ociosos…
  • ¿Cuántas veces pensamos una cosa, pero decimos o hacemos otra…?
  • ¿Cuántas veces, con el pensamiento, ofendemos a Dios y al prójimo, aunque externamente no aparentemos nada…?
  • ¿Cuántas veces juzgamos mal al prójimo pobre, indigente, inmigrante, excluido?
  • ¿Cuántas veces perdemos el tiempo por estar pensando en tantas cosas que no nos llevan a nada bueno, sino que, por el contrario, nos incitan al mal…?

Por eso, pensemos en silencio para sentir verdadero arrepentimiento y poder decir con todo el corazón:

PERDÓNAME, DIOS BUENO Y MISERICORDIOSO.

He pecado mucho de palabra

Palabra

  • Pensemos en las malas palabras, dichas, sobre todo, con coraje y odio, con el fin de insultar o herir a los demás…
  • Pensemos en las críticas, las murmuraciones y el juicio destructivo que hacemos de nuestro prójimo…
  • Pensemos en las veces que nos rebelamos contra Dios y hablamos mal de Él, o incluso llegamos a blasfemar…
  • Pensemos en tantas conversaciones inútiles…
  • Pensemos en las mentiras y en las excusas que inventamos…

En fin, pensemos en silencio en todo lo que pecamos a través de nuestras palabras, para sentir verdadero arrepentimiento y decir con todo el corazón:

PERDÓNAME, DIOS BUENO Y MISERICORDIOSO.

CANTO: Hoy vuelvo de lejos

He pecado mucho de obra

Obra

Todas nuestras obras que van en contra del amor a Dios, y del amor y la justicia al prójimo, son los pecados que tenemos que reconocer, para arrepentirnos.

  • Las envidias y los egoísmos…
  • El rencor y la venganza…
  • El no cumplir con nuestras obligaciones como esposos, padres, hijos o hermanos…
  • Las infidelidades a los compromisos propios del estado de vida…
  • El no querer trabajar o estudiar o hacerlo a medias…
  • El no cumplir con nuestras obligaciones como ciudadanos, no ejerciendo nuestros derechos ni buscando verdaderamente el bien común…
  • El no cumplir nuestras obligaciones como cristianos y cristianas…
  • En fin, todas nuestras obras contra la justicia, contra la caridad, contra el proyecto del Dios de la Vida.
  • Tantas y tantas cosas que hacemos y ofenden a Dios y a nuestros hermanos…

Por eso, entremos en nuestra conciencia, revisemos nuestras actitudes y nuestros hechos, para arrepentirnos y decir con todo el corazón:

PERDÓNAME, DIOS BUENO Y MISERICORDIOSO

He pecado mucho de omisión

“Yo no mato, ni robo, ni le hago mal a nadie…” solemos decir. Pero debemos también preguntarnos: “Y el bien que pude haber hecho… ¿por qué no lo hice?”

Omisión

  • Esa palabra de aliento que no dije…
  • Ese consejo que no di por vergüenza o por miedo…
  • Esa vez que me callé y no defendí a alguien ante una situación de injusticia…
  • Esas veces que no quise comprender a los demás, ni escucharlos, ni ayudarlos…
  • Esas buenas obras que dejé de hacer por comodidad…
  • Ese buen ejemplo que no di…
  • Todas esas veces que “pude” pero “no quise” …

Pensemos, pues, muy en serio, en todo el bien que hemos dejado de hacer, pues ese es el grave pecado de OMISIÓN…  Sintamos un verdadero arrepentimiento y digamos con todo nuestro corazón:

PERDÓNAME, DIOS BUENO Y MISERICORDIOSO

INVITACIÓN A LA CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DEL PERDÓN

ACCIÓN DE GRACIAS

El sacramento de la reconciliación nos ofrece la vida de Cristo. Nos hemos acercado y hemos mirado a Cristo benigno y humilde, que entregó la vida para el perdón de los pecados. Con gozo le damos gracias por su perdón y misericordia.

CANTO:  El Alfarero

Versión para imprimir – Celebración Penitencial 2016

Cantos – Cantos celebración del Perdón 2016

 

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