• Primera sesión: Ministerio de la Palabra

OBJETIVO: Ubicar a la persona que va a desempeñar el oficio de lector en el papel específico que ha de prestar en la comunidad cristiana con base en el significado de ministerio, palabra y liturgia de la Palabra.

REFLEXIÓN ORIENTADORA

MINISTERIOS

Todos, por nuestro bautismo, estamos llamados a dar testimonio de la Buena Nueva a través de los diferentes medios que nos ofrece la Iglesia: reunir a los hombres y servirles construyendo la paz y la justicia.

Entendemos por asamblea la reunión de cristianos en un lugar determinado, en un tiempo concreto, CONVOCADOS POR LA PALABRA DE DIOS. La asamblea es epifanía de la Iglesia que es cuerpo de Cristo; En ella está presente Cristo (cabeza) por la reunión y proclamación de la Palabra.

La Palabra es realidad única con el sacramento en cuanto que ella hace el rito (forma más evidente de la comunicación histórico-salvífica entre Dios y el hombre) e irrumpe en la vida de quienes lo celebran portando salvación.

En la asamblea litúrgica es donde mejor se expresan todas estas actitudes del cristiano y, para ser más experiencial y visible, tiene necesidad de ministerios y servicios. Entre todas las asambleas litúrgicas, la celebración Eucarística es la más importante y se configura como centro y culmen del ser y quehacer del creyente.

“Ministerio” es una palabra latina que expresa la realidad del servicio; este concepto, que se considera como sinónimo de esclavitud-servidumbre en sentido despectivo, se convierte en el emblema de Cristo, que es el servidor por excelencia del Padre y de los hombres. (Cfr. Hch. 1, 17, 25; 6, 4; 20, 24. Rm. 11,13; 2 Cor. 4,1; 6,3.).

El término se va acuñando por la comunidad cristiana aplicándolo también al apostolado de sus miembros. Los que ejercen un ministerio en el seno de la asamblea están a su servicio y supone un “poder” o una delegación (por ejemplo: capacidad de hablar en público, de proclamar, de organizar). En la asamblea cada uno tiene su propia función: unos ofrecen sus dones, otros leen la escritura… Puede y debe haber un reparto de funciones haciéndose en un clima de acogida y de un compartir fraternal. (Cfr., 1 Cor. 11, 17-34; 13),

PALABRA

Ocupa un lugar eminente en el cristianismo: por ella fueron hechas todas las cosas (Gn.  1); luego de hablar por los profetas Dios nos habló en Jesús, palabra viva, no solo por lo que dijo, sino por su propia vida; por su resurrección, nos da el Espíritu “que nos dirá las cosas que han de venir” (Jn. 16, 13); También nos envía a nosotros: “Id y enseñad a todas las naciones” (Mt, 28, 18-20). Y los que acogen esta palabra se dejan trasformar por este “germen incorruptible” (1 P. 1,23).

Ordinariamente la palabra es la facultad natural de hablar, en forma articulada. Por la palabra el hombre transmite las ideas que se originan en el cerebro.

La Palabra de Dios se articula en el hombre para reflexionarla, expresarla, verla, y oírla. La palabra de Dios es fijada por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo por tanto es una comunicación de Dios, revelación, promesa, profecía y sabiduría divinas. La Palabra se ha hecho libro dispuesto para ser abierto y leído en medio de la asamblea (Cfr. Ez. 3, 1-11 y Ap. 5). En el libro, bien sea la Biblia completa o el leccionario se contiene todo cuanto Dios ha tenido a bien manifestar al hombre en orden a la Salvación.

Dentro de nuestra celebración litúrgica la palabra posee varias funciones:

  • De contacto: Un saludo: “‘El Señor esté con vosotros”
  • De información: anunciar, decir algo a alguien (aquí entra la función “Al servicio de la Palabra”)
  • De expresión: Se expresan sentimientos de gozo, de dolor, de admiración
  • De estética: Jugar con nuestro lenguaje. Elaborarlo, poetizarlo.
  • De impresión: Se invita, se convence, se exhorta, se amenaza, se anima.
  • Per-formativa: Formula directamente la acción que significa, es una palabra-acto (un juramento, el intercambio de consentimientos en una boda)

La palabra debe ser “servida” adecuadamente para que Cristo llegue a la celebración. La unidad del mensaje anunciado a los destinatarios debe cuidar el lenguaje, adaptación, creatividad, conocer las leyes de la comunicación y conocer la asamblea.

LITURGIA DE LA PALABRA

En lo que puede llamarse “culto sinagogal” del judaísmo posterior al exilio tuvo una importancia creciente la lectura de los libros de la Sagrada Escritura y su correspondiente comentario. En el Nuevo Testamento hay numerosas referencias a libros del A. T., cuyos textos eran conocidos de memoria o también por las lecturas. (2Tim. 4, 13).

Detrás del empleo, tanto judío como cristiano, de los libros de la Escritura se percibe la convicción de que esas palabras tienen una importancia muy especial como expresión de los designios salvadores de Dios; “Toda Escritura inspirada por Dios es útil para enseñar, para argumentar, para corregir, y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfeccionado y preparado para toda obra buena” (2 Tm, 3, 16s).

Una denominación corriente en los escritos espirituales cristianos a partir del siglo XV es el hablar de las “dos mesas” en que Dios alimenta a su pueblo: la “mesa de la Escritura” con que se nutre la fe y la “mesa de la Eucaristía” en que nos da el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este tópico ha sido asumido en la constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II # 21 y 25.

El pasaje de EMAÚS muestra de una manera clara la forma que tienen hoy nuestras celebraciones: hay primero una palabra anunciada y recibida; luego una palabra celebrada y finalmente una palabra vivida.

Palabra anunciada y recibida: Los discípulos cuentan lo sucedido aunque no ven su sentido. Jesús les explica la escritura. Los discípulos no comprenden todavía. Hay una brecha: Quédate con nosotros Señor (palabra recibida), su fe camina.

Palabra celebrada: Se da la fracción: la palabra se hace acción, abre sus ojos. Jesús desaparece; se hace presente en la celebración.

Palabra vivida: Volver a Jerusalén; es la fe vivida en la Iglesia, compartida y verificada.

EL MINISTERIO DE LA PALABRA

San Justino en el siglo II, es el primer escritor católico que habla del oficio del lector en las reuniones litúrgicas y se refiere a él como un cargo distinto al de presidir la celebración y distinto también al del oficio del diácono. San Hipólito romano, en el siglo III enumera el oficio entre los ministerios eclesiásticos. También encontramos testimonios acerca de los lectores en cartas de San Cornelio y San Cipriano.

Así se abrió el camino al reconocimiento del oficio del lector como una de las “Órdenes menores” que se confirieron durante largos siglos, aunque ya desde fines de la Edad Media solo tuvieron una existencia simbólica y como prerrequisito para las Órdenes mayores, a pesar del deseo del Concilio de Trento de volver a darle vigencia práctica. En todo caso, estas “Órdenes” formaban parte del clero: quien era lector en virtud de la ordenación correspondiente, era un clérigo, y nadie podría recibir la ordenación de lector sin haber sido previamente adscrito al clero mediante la ceremonia de tonsura clerical.

En el año 1972, el Papa Pablo VI en virtud del Motu Propio “Ministeria Quaedam”, suprimió las Órdenes menores en la Iglesia latina y estableció los “ministerios” estables de lector y acólito, los cuales son laicales, o sea, no adscriben a sus titulares al clero, aunque sí deben ser recibidos previamente y ejercitados por quienes son candidatos a las Sagradas Órdenes. Pero es posible que un laico reciba uno de estos ministerios o ambos, sin que tenga intención de acceder posteriormente a las Órdenes.

Estos servicios son reconocidos por la Iglesia local mediante un acto litúrgico o simplemente por un nombramiento, un servicio que supone cierta duración. El código de derecho canónico establece que “por encargo temporal, los laicos pueden desempeñar la función de lector en las funciones litúrgicas…”. El “Bendicional Romano”, ha introducido especiales bendiciones para los fieles que van a desempeñar ciertos ministerios en la Iglesia, como son los de catequista, lector o acólito que cumplen la función de proclamar habitualmente las lecturas bíblicas en la Eucaristía y en las demás celebraciones litúrgicas.

Los lectores desempeñan de ordinario las siguientes funciones: Proclamar las lecturas de la Sagrada Escritura exceptuada la del Evangelio; recitar el salmo interleccional a falta del salmista; proponer las intenciones de la oración, y dirigir el canto y la participación de los fieles en caso de la ausencia del diácono o del cantor.

“Si tu voz no suena,

no resonará la Palabra de Cristo;

Si no das bien el sentido,

el Pueblo no podrá comprender la Palabra;

Si no das la debida expresión,

la Palabra perderá su fuerza”.

San Agustín

TAREA – MISION Y COMPROMISO

El lector posee una función propia: leer la Palabra de Dios en las asambleas litúrgicas. Para realizar mejor y más perfectamente estas funciones, debe meditar con asiduidad la Sagrada Escritura. Dice Paulo VI: “El lector, consciente de la responsabilidad adquirida, procure con todo empeño y ponga los medios aptos para conseguir cada día un mejor conocimiento y un suave y vivo amor de la Sagrada Escritura para llegar a ser más perfecto discípulo del Señor”.

Ser mensajero de la Palabra de Dios, es recibir un ministerio especial para con el pueblo de Dios y para el servicio de la fe que tiene raíz y fundamento en la Biblia. En esta forma y por la colaboración del lector, todos podrán llegar al conocimiento de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo enviado por éI, y así alcanzar la salvación.

Es necesario ser dóciles a la Palabra de Dios que se proclama; recibirla, meditarla con diligencia, para que progresivamente se adquiera conocimiento y afecto por la misma. El ministro de la Palabra no solo tiene la función de proclamar, sino de ser penetrado y transformado plenamente por ella, para así, anunciarla con fidelidad a sus hermanos.

Estar “Al Servicio de la Palabra” es procurar que el mensaje de Dios se haga más vivo y eficaz en el corazón de los hombres. Son muchas las tareas a las que nos enfrentamos como servidores, pero la Iglesia confía en nosotros y hemos de prepararnos y evaluar nuestras tareas.

Versión para imprimir – Ficha 1 – Ministros de la Palabra

  • Segunda Sesión: Géneros literarios

  1. ¿Qué es un “género literario”?

Es el estilo global de un texto, la forma que tiene en función de su finalidad. Se define como “Un procedimiento de expresión propio de los hombres de una determinada época y un determinado país o entorno cultural para manifestar sus pensamientos y sentimientos”.

  1. ¿Qué elementos tiene un género literario? Un género literario tiene los siguientes elementos:

 Tres elementos internos: Tema, estructura y procedimientos estilísticos o formas de expresión propios.

 Un elemento externo: el ambiente en el que ha surgido à”Contexto vital”.

  1. ¿Es lo mismo “género literario” que “forma literaria”?

Género literario es un término más extenso y se puede aplicar al carácter literario de todo un libro o un conjunto de libros; así, se podría hablar de “género profético”, “género sapiencial”, etc.

Forma literaria quedaría para el carácter literario de una unidad literaria menor, como podría ser un “himno”, o una “parábola”.

  1. Clasificación de los géneros y formas literarias

GÉNEROS LITERARIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO (Grandes géneros a partir de la triple división de la biblia hebrea)

a) Ley (Torá)

Narrativa histórica.

Códigos legislativos (prosa legal)

  • Decálogo ético (Ex. 20)
  • Código de la Alianza (Ex. 20-24)
  • Decálogo cultual (Ex. 34)
  • Código deuteronómico (Dt. 12-25)
  • Código de santidad (Lv. 17-26)

b) Profetas

Historiografía bíblica antigua o “Profetas anteriores” (libros: Josué, Jueces, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes)

Género profético.

c) Escritos

Género sapiencial (Proverbios, Qohelet, Job, Sirácida, Sabiduría)

Libro de los Salmos.

Cánticos para el culto

  • Historiografia cronista (Esdras, Nehemías, 1-2 Crónicas)
  • Historiografía patética helenista (2 Macabeos)
  • Historiografía edificante (1 Macabeos)
  • Novela ejemplar histórica (Rut, Tobías, Judit, Esther)

Apocalíptica (Daniel)

FORMAS LITERARIAS MÁS SIMPLES DEL ANTIGUO TESTAMENTO

a) Narrativa:

  • Narraciones míticas: tomadas generalmente de culturas circundantes. Ejemplo: algunos relatos de la creación; Job 38, 10-11.
  • Sagas: son relatos populares para explicar el nombre u origen de un lugar, de una tribu, de una familia, etc. Ejemplo: Gn. 19; Gn. 11, 1-19.
  • Leyendas: parecidas a la saga pero su tema es religioso. Ejemplo: Gn. 22; Jos. 5, 2-9.
  • Epopeyas: es una historia contada de forma grandiosa, idealizada, para elogio de los protagonistas, como son las narraciones de Josué y Jueces.
  • Fábulas: Jue. 9, 8-15; 2 Re. 14,9.
  • Relatos de sueños y visiones: Jue. 7, 13-14; 1 Re. 3, 4-15.
  • Historiografía bíblica (prosa oficial):
    • Anales: escritos oficiales en los que se recogen los hechos más importantes de cada reinado. Ejemplo: 1 Re. 16, 8-22.
    • Crónicas: se recoge detalladamente algún acontecimiento del reino. Ej. 2 S. 9-20.
    • Memorias: se rinde cuentas a Dios o al soberano de la actividad encomendada. Ejemplo: Ne 1, 1-7
    • Lista de ciudades, objetos de culto, de personas, genealogías…
  • Cartas: abundantes en Esd. y 1 Mac.
  • Instrucción sacerdotal al pueblo: Lv. 7, 22-27.
  • Contratos: Gn. 21, 22-32; 1 Mac. 8, 22-32.
  • Discursos:
    • Discursos políticos: Jue. 9, 7-20.
    • Arengas militares: 2 Cro. 20,20; 1 Mac. 3, 18-22.
    • Sermones u homilías: Jr. 7,1ss.
    • Discursos de despedida: Jos. 24, 2-15; 1 Re. 2, 1-9.

b) Literatura profética:

  • Oráculo de amenaza: Is. 7, 18-25.
  • Oráculo de salvación: Jr. 31, 1-22.
  • Relato vocacional: Is. 6, 1-13.
  • Acción simbólica: Is. 8; Jr. 13.
  • Ayes o predicciones de desgracias: Is. 5, 18-24.
  • Visiones extáticas: Am. 7, 1-9.
  • Discursos forenses o pleitos de Dios contra su pueblo: Jr. 2; Os. 4.
  • Escatologías: se presenta con imágenes el juicio final en el que Dios hará justicia a Israel. Ejemplo: Ez. 38-39; Zac. 14.

c) Cánticos

Cánticos populares:

  • Cánticos de trabajo: Nm. 21, 17-18; Is. 16, 9-10.
  • Cantos de burla: Nm. 21, 27-30.
  • Sátira: Is. 23, 15-16.
  • Cantos de banquetes: Is. 5, 11-13; Am. 6, 4-6.
  • Elegía: 2 Sam. 1, 19-27.
  • Cantos de victoria: Ex. 15, 1-18.21.
  • Cantos de amor: Ejemplos del Cantar de los Cantares
  • Cánticos cultuales (Fundamentalmente los salmos)

Súplicas: Sal. 6; 13; 109.

Himnos: que son cantos de alabanza. Ejemplos: Sal. 8; 104; 117.

Acciones de gracias: Sal. 18; 103.

Salmos reales para la entronización del rey. Ejemplos: Sal. 2; 45.

Salmos graduales y cantos de peregrinación: Sal. 15; 91; 120-134.

d) Literatura sapiencial

  • Mashal: es una sentencia, una máxima o un dicho breve que encierra doctrina y moralidad. Algunos ejemplos en Pro. 1-9.
  • Refrán: 1 Sam. 24, 14; Qo. 9, 4.
  • Proverbio: Ejemplos en Pro. 10-22.
  • Enigma o adivinanza: Jue. 14, 13-18.
  • Sentencia numérica: Sir. 25, 1-9.
  • Poema didáctico sapiencial: Pro. 8-9; Qo. 3, 1-9; Sal 1.

 GÉNEROS LITERARIOS DEL NUEVO TESTAMENTO

EVANGELIOS SINÓPTICOS

a) Tradición de la palabra

  • Dichos proféticos: Lc. 12, 32.
  • Dichos sapienciales: Mc. 6, 4; Lc. 6, 45.
  • Dichos jurídicos: Mt. 7, 5; Mc. 10, 10-12.
  • Comparaciones: Mc. 10, 25.
  • Parábolas: Mt. 13; Lc. 15.
  • Dichos de seguimiento: Mt. 8, 19-21.
  • Composición de dichos: Lc. 6, 12-49.

b) Tradición de la historia

  • Paradigmas: Mc. 2, 1-12.
  • Narraciones históricas: Mc. 6, 17-29; He. 13, 20-23.
  • Controversias: Mc. 11, 27-33; 12, 13-17.
  • Historias de milagros: Mc. 1, 29-34.40-45.
  • Historia de la pasión.

CARTAS

a) Material litúrgico

  • Himnos: Flp. 2, 6-11; Col. 1, 15-20.
  • Confesiones de fe: 1 Cor. 15, 3-5; 1 Pe. 1, 18-21.
  • Textos litúrgicos, sobre todo eucarísticos: 1 Cor. 11, 24-25.

b) Patrimonio parenético de la tradición

  • Catálogo de vicios y virtudes: Rm. 1, 29-31; Ga. 5, 19-21.
  • Catálogo de deberes: Ef. 5, 22-6,9; 1 Tim. 2, 8-15; 1 Tim. 3, 1-13.

c) Fórmulas

Serían unidades mínimas como las homologías, que son fórmulas aclamatorias de la fe del creyente (1 Cor. 8, 6); las fórmulas de fe (Rm. 10, 9), y las doxologías (2 Cor. 1, 3), que son breves alabanzas a Dios.

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Material narrativo: narraciones de milagros, narraciones de viajes, narraciones de misiones, descripciones de episodios.

Material verbal: discursos, sermones, oraciones, cartas.

APOCALIPSIS DE JUAN

Visiones simbólico-alegóricas

EVANGELIOS DE LA INFANCIA

Genealogías, esquema de anunciación, midrash

Versión para imprimir – Ficha 2 – Los géneros literarios de la Biblia

Presentación de la estructura de la Biblia – LA BIBLIA

  • Tercera sesión:  Leccionario, libro-signo de la presencia de Dios

OBJETIVO: Hacer conscientes a los servidores de la Palabra de lo que son y significan los libros litúrgicos, en especial los leccionarios para cada una de las celebraciones de la vida cristiana.

CONTENIDO

El LIBRO LITÚRGICO lo entendemos como el que sirve para una celebración litúrgica. El libro es un elemento de Ia celebración y por tanto merece un trato digno como todo el conjunto de la celebración.

El libro por excelencia de la celebración cristiana es la BIBLIA, pero hay además otros libros que nos ayudan a un mejor desarrollo de las celebraciones respondiendo a las necesidades y situaciones de las comunidades; es el resultado de un largo proceso y madurez de la Iglesia.

Los libros contienen los ritos y los textos escritos para las celebraciones, son un vehículo de la tradición, en cuanto expresan la fe de la Iglesia. Estos se van acuñando y ocupan un lugar importante en la vida litúrgica de las comunidades.

Entre los libros litúrgicos elaborados encontramos:

  • MISAL ROMANO
  • LITURGIA DE LAS HORAS
  • EL PONTIFICAL
  • RITUAL DE CADA UNO DE LOS SACRAMENTOS
  • BENDICIONAL
  • LIBRO DEL SALMISTA
  • LECCIONARIOS: libros-signo de la presencia de la palabra de Dios en la liturgia. Son una selección y ordenación de los pasajes bíblicos de cara a la celebración.

LECCIONARIO

Es el libro que presenta una selección y ordenación de pasajes bíblicos. Todo el Nuevo Testamento y gran parte del Antiguo se encuentran dispuestos para nutrir la fe de las comunidades.  En el conjunto de leccionarios que están en vigor encontramos: Leccionario de las misas, de los diferentes rituales de sacramentos y del oficio divino.

Dice el Concilio Vaticano II: “A fin de que la mesa de la Palabra de Dios se prepare con más abundancia para los fieles, ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia de modo que en un período determinado de años, se lean al pueblo las partes más significativas de las Sagradas Escrituras”, (Constitución sobre la Liturgia, 51).

En el libro, bien sea la Biblia completa o el leccionario, se contiene todo cuanto Dios ha tenido a bien manifestar al hombre en orden a la salvación.

El respeto y el amor que la Iglesia siente por las Sagradas Escrituras se compara con la veneración hacia el misterio eucarístico y, se ha manifestado, en los gestos que acompañan la liturgia de la Palabra y de modo particular al Evangelio.  Recordemos algunos de esos gestos de reverencia por la palabra: el leccionario es llevado en procesión entre cirios, es incensado y besado por el Diácono o el Presbítero, es depositado sobre el altar y saludado con aclamaciones y cantos. Para él se han reservado las mejores ediciones.

El leccionario es el resultado de una labor de selección y sistematización de los textos bíblicos. Existen desde el momento en que la Iglesia se dispone a celebrar a su Señor, no mediante ideas abstractas, sino en los acontecimientos históricos de su vida en los que llevó a cabo la Salvación.

Cristo es el centro de toda la Escritura, El le da sentido y unidad tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento. De ahí la necesidad de proclamar en forma gradual y en orden, todos los hechos y palabras del Evangelio en el transcurso de un año (Cfr. Constitución sobre la Liturgia, 102) y de reorganizar las lecturas restantes de la Sagrada Escritura en torno a lo realizado por Cristo.

Por lo anterior, el leccionario, más que la biblia completa, es el modo normal, habitual y propio que tiene la Iglesia para leer las escrituras como la palabra viva de Dios.

LOS VOLÚMENES

I (A)                 Domingos y fiestas del Señor año A

I (B)                 Domingos y fiestas del Señor año B

I (C)                 Domingos y fiestas del Señor año C

II                      Ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Tiempo pascual

III (par)            Ferias del Tiempo Ordinario de los años pares

III (impar)        Ferias del Tiempo Ordinario de los años impares

IV                    Propio de los santos y Misas comunes

V                     Misas rituales y Misas de difuntos

VI                    Misas por diversas necesidades y Misas votivas

VII                   Misas con niños

En los domingos y fiestas se proclaman los textos más importantes a fin de que se cumpla lo pedido en el Vaticano II, de que, en un determinado espacio de tiempo, tres años, se lean a los fieles las partes más relevantes de la Sagrada Escritura. El resto de la Escritura que no se lee los domingos y fiestas está asignado a las ferias.  La serie dominical comprende tres años (A. B. C) independientemente del ferial que se desarrolla en dos años en el tiempo ordinario y uno en los tiempos de Adviento, Cuaresma y Pascua.

Veamos algunos leccionarios más detenidamente:

Leccionario Dominical y Festivo: Se caracteriza por dos cosas:

  • Las misas de domingo tienen tres lecturas que son obligatorias en principio. La primera del Antiguo Testamento, excepto en Pascua que se toma de los Hechos; la segunda de alguna carta de San Pablo, de las cartas católicas o del Apocalipsis, y la tercera del EVANGELIO. De ordinario la primera hace relación al Evangelio y la segunda suele contener una invitación para traducir la enseñanza del Evangelio a la vida cristiana. El Salmo es una respuesta – acogida a la Palabra proclamada, es una oración que debería ser cantada
  • Ciclo de Tres años: A. B. C: se estructura teniendo en cuenta los Evangelios Sinópticos que se leen de forma semi continua durante el tiempo ordinario y algunas solemnidades. Cada año se lee un Sinóptico (A: Mateo; B: Marcos y C: Lucas), reservando a Juan para parte de la Cuaresma y la Pascua en los tres años y para completar Marcos en el ciclo B.

Leccionario Ferial

Cada misa en día de labor tiene dos lecturas tomadas la primera del Antiguo o Nuevo Testamento (en el tiempo Pascual de los Hechos) y la segunda de los Evangelios.

En Adviento, Cuaresma y Pascua las lecturas son siempre las mismas para todos los años habiendo sido elegido de acuerdo con las características propias de cada uno de estos tiempos.

En el tiempo ordinario, en las ferias de las (34) treinta y cuatro semanas, las lecturas evangélicas se distribuyen en un solo ciclo que se repite cada año. En cambio, la primera lectura, se reparte en dos ciclos que se leen en años alternos: Ciclo I en años impares y el Ciclo II en años pares.

LUGAR DE LA PALABRA

Bien vale la pena ocuparnos del lugar propio de la proclamación, del cual se nos dice: “Un ambón estable y no un simple pupitre móvil”. Es el lugar de la proclamación de las lecturas, que debe ocupar el lector cuando ejerce su ministerio. No es el lugar del comentador o del director de canto.

Se indica un lugar fijo para el ambón porque se busca simbolizar el espacio: “Un lugar para cada acción”. Lo mismo que no se coloca el altar a un lado después de la misa, también el lugar de las lecturas ha de seguir estando allí como signo y testimonio de la Palabra proclamada y que ha de proclamarse otras veces.

Versión para imprimir – Ficha 3 – El leccionario

  • Cuarta sesión: Técnicas para una mejor proclamación

OBJETIVOS:

Leer correcta y adecuadamente ante la asamblea.

Conocer lo que es la voz y sus elementos y saber utilizar bien el micrófono.

CONTENIDO

La voz es el conjunto de sonidos que salen de la boca de los seres humanos; es el sonido que el aire expedido por los pulmones produce en la laringe.

Algunos elementos de la voz a tener en cuenta:

  • Vocalización: Consiste en pronunciar clara y distintamente las vocales dentro de las palabras y las sílabas.
  • Articulación: Consiste en pronunciar clara y distintamente las consonantes dentro de las sílabas y unir las sílabas en una palabra.
  • Tono: Es el elemento sonoro no verbal. Se le debe prestar atención pues se corren muchos riesgos, por ejemplo, la mala captación del mensaje, interrumpir la atención, la traición de nuestras propias palabras, etc. La impostación es un aspecto para destacar, pues, la voz no debe fingirse.
  • Perceptibilidad: Es el hecho de ser comprendida la lectura por los oyentes; para esto es necesario: ritmo medio, pronunciación conveniente, potencia de acuerdo con el número de personas, etc.
  • Velocidad: Muchas veces por querer leer el mensaje rápido no se logra el objetivo. Siempre el objetivo del mensaje es que llegue y penetre; por lo tanto, se necesita una velocidad o ritmo medio.
  • Pausas: Dentro del control de la voz, sirven para puntuar pensamientos, para cambios de tono o de ritmo y se usan para mantener la atención. Pueden ser:
    • Sicológicas: Momentos de reflexión.
    • Afectivas: Cuando se trata de suscitar la atención del oyente.
    • Lógicas: Lo exige el contexto.
    • Cuando se agota la respiración

LECTURA ORAL    

Es la que se hace ante una o varias personas. Cada lectura es diferente: Un cuento, una frase célebre, un comentario, una proclamación de la Palabra, etc. Por tanto, se leen de manera diferente.     

Tres claves para adquirir la confianza en sí mismo cuando se va a leer:

 QUÉ VOY A LEER,

CÓMO LO VOY A LEER

A QUIÉNES LO VOY A LEER.

TENER EN CUENTA

  1. Leer al menos una vez el texto para evitar las trampas fonéticas.
  2. Comprender el sentido del texto y conocer el contexto de la celebración.
  3. Captar la estructura del texto, sus articulaciones, sus puntos culminantes y su intención.
  4. Tomar una posición estable en el sitio previsto.
  5. Indicar el título y dejar un momento de silencio.
  6. Saber que siempre se tiende a correr demasiado. Meterse en la piel de los oyentes que descubren el texto.
  7. Saber hacer silencios. ¡Un silencio largo para el lector es corto para el oyente!
  8. Evitar el tono teatral.
  9. Pronunciar todas las letras.
  10. Al final de cada lectura no marcharse corriendo como el que ha acabado un trabajo penoso.

RECOMENDACIONES PARA LA LECTURA EN PÚBLICO

  1. Antes de aprender a leer, es indispensable aprender a respirar.
  2. Hable naturalmente; acepte su voz tal como es. Uno no puede convertirse en bajo si es tenor, la voz suena afectada y es difícil descansar.
  3. No se incline para leer, la voz sonará tensa.
  4. Pronuncie bien, mejor que de costumbre. Ensaye antes para que sus palabras salgan claras y completas.
  5. Equilibre su voz al leer; unas veces eleve el tono; otras, bájelo; siempre de acuerdo con las palabras y las frases que lee. Si se emite un mismo tono, el mensaje será monótono y aburrido.
  6. Tenga muy en cuenta los signos de puntuación.

CONSEJOS PARA EL USO DEL MICRÓFONO

  1. El micrófono es el oído del oyente; el oyente entonces estará tan cerca como el micrófono mismo, pero éste es más sensible que el oído.
  2. Sea natural. “Olvídese del micrófono”. Piérdale el miedo. No hay razón para que le asuste.
  3. Hablar ante el micrófono es hablar ante una, varias o miles de personas. Entonces lea de tal manera que no necesiten más explicaciones.
  4. No sople ni golpeé el micrófono para probarlo porque le hace daño. Si quiere probarlo utilice alguna palabra.
  5. Manipúlelo lo menos posible. Procure tomarlo únicamente con tres dedos.
  6. La voz siempre debe estar dirigida hacia el micrófono, pero no directamente a él. Forme un ángulo ligeramente superior a los 45 grados y así evitará empujar directamente el aire en el micrófono haciendo ruidos extraños.
  7. Si el micrófono está en un sitio fijo, permanezca usted también en el mismo sitio cuando lea ante él. Ni se acerque ni se aleje.

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